ENCONTRÉ A UN VIAJERO DE UNA ANTIGUA TIERRA: Ozymandias (Percy B. Shelley, 1817)

OZYMANDIAS

Ramsés II, Museo Británico (Londres)

    Percy B. Shelley, escribió el soneto OZYMANDIAS en 1817, emocionado ante la llegada a Inglaterra de la imponente estatua de Ramsés II,  adquirida para el Museo Británico por el aventurero italiano Giovanni Belzoni en 1816.

    No se sabe si el poeta la escribió antes, pues la noticias sobre las excavaciones en Egipto eran siempre excitantes, o después de la llegada, al contemplar al coloso del faraón.

   

    Años más tarde el sabio francés Champollion descifró la piedra Rosetta, que se halla en el Museo Británico, y por fin la Humanidad pudo leer los jeroglíficos egípcios. Los intentos de Napoleón por adquirir el coloso de Ramsés II fueron vanos.

    El templo y el palacio de Ramsés, al que Jean-François Champollion, bautizó como RAMESSEUM fue uno de los proyectos más gigantescos del Antiguo Egipto.

    El saqueo, el robo de las piedras, las inundaciones del Nilo y naturalmente el paso del tiempo destruyeron su estructura.

    Ramsés El Grande fue contemporáneo de Moisés y libró la batalla del Orontas en Siria contra los hititas, cambiando el curso de la historia, frenando su avance y asegurando el florecimiento de un Reino Nuevo.

    Debemos a DIODORO SÍCULO el nombre de OZYMANDIAS, pues trasliteró como pudo el nombre de una parte del trono del faraón: User-maat-re Setep-en-re. Así resultó una palabra falsamente griega.

     El soneto de Shelley sobre Ozymandias evoca con determinación tópicos románticos: la caducidad de las cosas y de la vida, la crudeza de la realidad y la nostalgia del pasado.

OZYMANDIAS

Percy B. Shelley, 1817

I met a traveller from an antique land
Who said:—Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them on the sand,
Half sunk, a shatter’d visage lies, whose frown

And wrinkled lip and sneer of cold command
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamp’d on these lifeless things,
The hand that mock’d them and the heart that fed.

And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye mighty, and despair!”

Nothing beside remains: round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away.

Memorial de Shelley (Oxford-Reino Unido)
 
Me encontré con un viajero de una tierra antigua
Que me dijo: Dos imponentes piernas de piedra sin tronco
Se yerguen en el desierto. No lejos de ellas en la arena,
Medio rostro hundido y destrozado, cuya frente
 
Y sus rugosos labios y el ceño de fría autoridad
Cuentan que el escultor leyó bien aquellas pasiones
Que aún sobreviven, grabadas sin vida sobre estas cosas,
La mano que de ellas se burlaba y que alimentaba su corazón.
 
Y sobre el pedestal rezan estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes:
Admira mis obras, oh poderoso, y pierde toda esperanza”
 
Nada permanece a su lado: alrededor de las ruinas
De este colosal naufragio, infinitas y desnudas,
Las llanas arenas solitarias se extienden lejos.

(Traducción, Maite Jiménez)

    Las RUINAS  fueron un elemento omnipresente en la poesía y en la pintura románticas de Alemania y de Inglaterra.

    La naturaleza y el tiempo destruyen la VANIDAD del hombre. Así, el coloso apostrofa al poderoso advirtiéndole de que la vida es un camino hacia el olvido.

Turner, Ruinas de Roma (National Gallery, Londres)

    El carácter fúnebre de la exaltación de las ruínas habla de la no permanencia de las cosas. Ozymandias es la metáfora del orgullo vencido: una VANITAS, un MEMENTO MORI, un TEMPUS FUGIT IRREPARABILE,  todos aquellos tópicos clásicos reinventados en época romántica.

    La visión de Shelley está inmersa en el espíritu del GRAND TOUR. Pero en esta ocasión no disfrutaremos de las frutas, del clima, de los aromas y de los colores de los destinos sureños de los artistas del norte, sino que constataremos el valor que ha de concedérsele a la fugacidad del tiempo y al olvido, que coloca a todo y a todos en su justo lugar, la realidad.

 

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Me gusta viajar. Adoro la música.
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