CAMBIOS (Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012)

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Para un árbol, cambiar de sitio es la muerte; para un hombre, cambiar de sitio es la vida.

    Por recomendación de un exquisito lector, me he decidido a “probar” al reciente Nobel de Literatura.

    Cuando Mo Yan ganó el galardón, comentamos divertidos los estrambóticos títulos de sus novelas, aquellos que parecían distanciarnos todavía más de Oriente: Sorgo Rojo, Grandes pechos amplias caderas, El rábano transparenteLas baladas del ajo.

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    También recordamos aquella película que adaptaba Sorgo Rojo, protagonizada por la bella Gong Li. El narrador recuerda el estreno en China:

Gong Li con una vieja chaqueta rústica, un moño de los que llevaban las campesinas y sin maquillar; parecía una sencilla muchachita de aldea. La gente del pueblo creía que todas las actrices eran como diosas venidas del cielo; pero al ver a Gong Li se llevaron un buen chasco. En aquella época nadie podía imaginar que poco más de diez años después, Gong Li se habría convertido en una estrella mundialmente conocida, de actitud y movimientos distinguidos y refinados, de mirada seductora y expresión atractiva.

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Pero poco más sabíamos.

    Es misión osada opinar sobre toda narrativa de un escritor desde una novelita de 120 páginas, aunque es buen comienzo para conocerle a él y a una gran literatura, para muchos de nosotros como occidentales, misteriosa, con claves distantes y códigos muy ocultos. La misma traducción debe de ser una tarea ardua, porque si siempre es traidora, desde una lengua oriental, imagino que muchísimo más.

   CAMBIOS, es una semi autobiografía, o una semi novela autobiográfica, o quizás ambas cosas. En cualquier caso, mi sustantivo para ella es “sketch”. Suaves trazos esbozan la vida del protagonista de este librito, un muchacho llamado Mo Xie, quizás un trasunto de Mo Yan. Si se explora su biografía, se encuentran correlatos directos entre ambos muchachos.

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No crea el lector que soy pesado y verboso, es que se agolpan en mi cabeza multitud de recuerdos variopintos; no es que yo quiera contarlos, es que salen por su cuenta.

  Como todos los recuerdos, éstos de Mo Xie también son vagos para los sufrimientos y dulces para los momentos divertidos, traidores en suma.

En cambio ahora lo que describo son básicamente recuerdos; si en ellos hay alguna inexactitud histórica es porque se trata de cosas acontecidas hace muchos años y me falla la memoria.

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    CAMBIOS no es un libro político, a pesar de ser un libro encargado por una editorial india e incluido en una panorámica titulada ¿Qué es el comunismo?. Está lejos de una reflexión política, aunque no de un cuadro pintoresco y a la vez muy real de la sociedad china del último cuarto del siglo XX.

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    Con una mirada normalizada y resignada, el joven Mo Xie arranca sus recuerdos de la escuela, donde se encontraban las personas que iban a escribir los capítulos de su vida. Y este es el propósito, constatar el cambio, los cambios en la visión de un joven escolar rural y un hombre que ha conseguido consolidar su pasión escritora. Con sencillas afirmaciones, el cambio de China se puede intuir:

Entre la época en que, en China, todo el mundo se interesaba por los asuntos privados de los demás, y la actualidad, en que la privacidad es un bien protegido, hay un abismo.

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  En la escuela del pueblo, llena de rituales comunistas, de férrea autoridad y caprichos políticos, destacan dos personajes que fueron eje de la vida de Mo y también dos vidas sobre las que se puede leer entre líneas. En Cambios, Mo Yan no explicita gran cosa, sino que apunta pinceladas, vagas, tenues, como los propios recuerdos.

     Tuve la sensación de que He Zhiwu irradiaba haces de luz dorada; no sé qué pensarían los demás, pero en ese momento, a mis ojos, He Zhiwu se había convertido en un héroe.

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    Este muchachito descarado y “heróico” a los ojos de la clase de los hijos de los campesinos se había escapado de la escuela haciéndose un ovillo y rodando sobre su cuerpo. La autoridad de los maestros era para él un problema, pero sus condiscípulos lo encontraban similar a un pirata:

Avanzaba a grandes zancadas, sin vacilación alguna. Unos trocitos de papel salieron volando de sus manos y danzaron en el aire hasta caer al suelo. No sé qué sentirían los demás en ese momento, pero a mí el corazón me palpitaba de exaltación. ¡Había roto el libro de texto! ¡Había roto el cuaderno de ejercicios! Había roto por completo con la escuela; la había dejado atrás y había pisoteado al profesor. Era como un pájaro dejando la jaula. Era libre.

    Este muchacho díscolo y a la postre sin formación se convertirá en un hombre riquísimo. Su trayectoria de engaños y comercios sospechosos quizá quiera exponer cómo se puede ser muy rico en un pais comunista.

Maltratarse a uno mismo para castigar a otro es propio de canallas e indigno de héroes. Pero los que son capaces de llevarlo a cabo no son canallas corrientes. Los grandes canallas tienen algo de héroes y los grandes héroes tienen algo de canallas. ¿Qué era He Zhiwu, un gran canalla o un gran héroe?

    Lu Wenli, la muchacha hija del chófer del fabuloso camión soviético Gas 51, asombro de todos los chicos, brilló siendo una niña: jugaba con destreza al ping-pong, cautivó a todos con un lanzamiento de la pelota que acabó en la boca gigante del maestro Liu “el Sapo”. Ambos, Mo y He Zhiwu, amaron a Lu.

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    El destino fue cruel con ella: dos matrimonios que siguieron a los desaires respectivos que dio a los dos muchachos. Dos existencias difíciles y tristes las de ella con sus maridos. Su físico degradado y abatido por la lucha contrasta con el ideal que fue:

—Wenli —le dije sin rodeos—, me gustas desde hace más de diez años. Cuando salí rodando de la escuela, decidí en secreto que, si me iban bien las cosas, volvería a buscarte para casarme contigo.

…si un hombre no puede casarse con la mujer a la que ama, tiene que buscarse una que le aporte el mayor número de ventajas posible.

Así era He Zhiwu, todo pragmatismo.

   El padre de Lu Wenli aparece también como un héroe a los ojos de los escolares, porque pilota a la velocidad de un meteorito aquel Gas 51 soviético con sus guantes blancos:

¿Por qué el padre de Lu Wenli se había convertido en nuestro ideal? Por la velocidad. Los chicos rinden culto a la velocidad.

    Es3 mismo Gas 51, como le recuerda He Zhiwu a Mo Xie, intervino en Sorgo Rojo. Se trata de un verdadero personaje, como esos que aparecen en las películas infantiles, que tienen alma, y parecen humanos. Así, el Gas 51 del padre de Lu Wenli, podría haber tenido incluso un “amor” en otro camión de la misma marca. Ese era el sueño de Mo.

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    En todas las novelas en las que hay cambios, debería haber un viaje. Ese es el que emprende Mo a Pekín con el camión:

¡Pekín, cielos, estábamos en Pekín! ¿Quién me iba a decir que un pobre chaval de campo como yo, de Dongbeixiang, distrito de Gaomi, llegaría a Pekín un dieciocho de enero de 1978, que vería tantos coches blancos, negros, y tantos jeeps verdes, que vería tantos edificios altos y monumentales, que vería a tantos extranjeros de nariz alta y ojos azules? La extensión del Pekín de aquel entonces no era ni una décima parte de la del Pekín actual, pero para mí era impresionantemente grande.

Ante el mausoleo de Mao, reflexiona de un modo simple pero contundente:

Lo primero que hicimos fue ir a la plaza Tian’anmen, donde hicimos cola para fotografiarnos, luego otra cola para visitar el mausoleo del presidente Mao y rendir homenaje a sus restos mortales. Mientras contemplaba al presidente tendido en el sarcófago de cristal, recordé la sensación de cataclismo que había tenido dos años antes al oír la noticia de su fallecimiento; el desengaño al descubrir que en el mundo no había dioses. Ni en sueños habríamos creído que el presidente Mao moriría un día, pero murió. Creíamos que si moría el presidente Mao, sería el fin de China. Pero llevaba dos años muerto, y el país no sólo no había llegado a su fin, sino que iba mejorando paulatinamente

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   Cambios expone con normalidad la estructura social china del comunismo, el poderoso determinismo de la mayor parte de la población, ligado al origen, las condiciones de penuria en las que viven los campesinos, las diferencias con el mundo urbano, la deficiente formación y las pocas posibilidades de superación, tópicos que asociamos con el comunismo oriental, pero que son expuestos con absoluta naturalidad, sin resquemor, con resignación:

El tren iba abarrotado, y en el vagón el ambiente estaba saturado de olor a orina. Dos hombres se peleaban por el lavabo; a uno le sangraba la nariz y al otro la oreja. A mí entonces eso no me parecía tercermundista.

    Por su origen, por su puesto en el ejército, al joven Mo Xie, le está vetada la entrada a la universidad:

Al romperse en pedazos mi sueño universitario, el sueño de convertirme en escritor fue intensificándose.

    Porque forma parte de las cosas inconcebibles, lo que demuestra que los asuntos de este mundo sufren infinitos cambios y evoluciones

Entonces, según Mo Yan:  No hay nada imposible

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    Mo Yan es pseudónimo de Guan Moye y significa “NO HABLES”. Quizá en Cambios, Mo Yan se ha convertido en un personaje de novela, o puede que Mo Xie, el chico campesino que se ha instalado finalmente en la capital y es por fin escritor, sea el pseudónimo auténtico de Guan Moye.

   Cambios es una novela donde brilla la sencillez, tanto en el lenguaje, con sus periodos breves y aparentemente insustanciales, como en el recorrido de la historia. Es un buen comienzo para adentrarse en la narrativa del flamante Nobel. Se ha dicho lo contrario, que su estilo espeso oculta una gran sencillez. Quizá sea al revés: que su gran simplicidad oculte un profundo pensar y que cautive al lector como un espejismo.

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Acerca de maiteximenez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Me gusta viajar. Adoro la música.
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