CON KAFKA CALLAN LAS SIRENAS

                     EL SILENCIO DE LAS SIRENAS

    Las sirenas encarnaron las armonías terrenales, pero también el engaño y el pecado, porque lo que llega a través de los sentidos conduce a la perdición del alma. Esta es la imagen que tenemos de las sirenas, pero no siempre fue así.

    El origen de la palabra sigue siendo misterioso: algunos creen que la voz púnica SIR, que significa “canto” estaría en el nombre de las sirenas. Otros piensan que el hebreo SEIREN, “hembra que fascina con sus cantos” está en el nombre griego SEIRÉN, que pasó al latín como SIREN en principio, y más tardíamente SIRENA.

    La iconografía clásica representa a las sirenas con busto de mujer y parte inferior de ave, son criaturas voladoras. Desde la Edad Media las sirenas adoptaron preferentemente forma de pez.

 Esta idea de las sirenas como criaturas marinas es la que está en nuestro imaginario colectivo, las sirenas-nereidas, o las sirenas-náyades, habitando el mar y los ríos, realidades eternas y cambiantes, como el agua que las acogió.

    Sirenas, arpías, hidras, esfinges…….monstruos terribles, criaturas biformes, todas con alma de mujer.

    En un relieve del palacio asirio de Korshabad (Museo del Louvre) se encuentra ya una representación de una sirena macho con cola de pez.

     En el stamnos de Vulci del Museo Británico se pintó el origen de la ciudad de Nápoles: la sirena Parténope, criatura alada, desesperada por no haber encontrado a Odiseo, se arrojó al mar en el Golfo de Nápoles. En la cercana ciudad de Sorrento estaría entonces el nombre de las sirenas: syrrentum-surrentum-sorrento.

   En el poema homérico, Odiseo se acerca a las sirenas para constatar la fascinación que ejercen sobre los navegantes. Ha sido ya prevenido por la maga Circe: debe tapar con cera los oídos de sus compañeros y atarse él al mástil del barco.

    Odiseo quiere vivir la experiencia de oír a las sirenas, pero saliendo airoso de la prueba. No circumnavega la isla de las sirenas para oírlas de lejos, sino que se acerca, se expone, como ha hecho siempre. Es el héroe “polytropos”, creador de ardides, temerario a veces, y granuja.

    Una de las grandezas de los mitos clásicos es la posibilidad de que sean pervertidos, nuevamente interpretados, recreados. El pervertidor se aprovecha del conocimiento que tenemos de las historias originales para hacernos un guiño y confundirnos.

    Esto es lo que hizo Kafka en su cuento EL SILENCIO DE LAS SIRENAS, donde presenta la historia de Odiseo y las sirenas con más distancia, con mucha ironía y con una interpretación totalmente controvertida.

    Kafka encadena a Odiseo al mástil de la nave y le tapa los oídos. Ya no son las cuerdas homéricas ni el pan de cera que reparte entre sus compañeros, quedando él libre de la sordera.

    Contento con su plan, navegó en busca de estas criaturas con una alegría inocente. Pero las sirenas callaron, no cantaron, prendadas como estaban del fulgor de los ojos del héroe. Y Odiseo no oyó el silencio, creía que estaban cantando, pues se contoneaban y retorcían entreabriendo sus labios, pero calladas: las seductoras, seducidas.

    Odiseo abandona su curiosidad de héroe, ya no quiere exponerse más, y muestra su desdén hacia las divinidades, la ayuda que pudieran prestarle y un miedo humano. Pero la nueva arma que exhiben las sirenas no es reconocida por él, no se da ni cuenta de que han enmudecido. Nadie puede mirar en el interior de esas criaturas, no sabemos la causa última de su silencio.

    Los ojos de Odiseo producen un efecto hipnótico sobre las sirenas, no pueden apartar su mirada de él, estan absolutamente fascinadas. Estas criaturas pueden incluso llegar a dudar de su propia existencia. Su canto traspasaba todo, ahora no.

    Los ojos del héroe son más bellos que su propio canto, el reflejo de lo imaginado es más atrayente que lo imaginado. La victoria del héroe no se habría producido si lo hubieran atraído hacia ellas. Es un simulacro, una imagen falsa.

    El poder de las sirenas está en su voz poética, son contadoras de historias, ahí reside su magnetismo, no en sus cuerpos horrendos con forma de ave, no como tentación sexual.

    La salvación de Odiseo se produce, no por la inteligencia y sus ardides, sus trucos y engaños, sino por la más absoluta ignorancia. La expresión de su rostro y el brillo de sus ojos las calla: ven soberbia, victoria, han quedado atónitas, y solo procuran el placer de la contemplación del héroe encadenado y ausente. La eficacia de esta treta, no está en el truco en sí, sino en que la amenaza se ha desvanecido. El aniquilador ha sido vencido.

    Los dos Odiseos se salvan con diferentes métodos de evasión. El Odiseo de Kafka quizá ya sabía del silencio de las sirenas, y representó una farsa, que al final se convirtió en burla cruel para ellas y también para los dioses.

    Tras sus experiencias heróicas y divinas hasta ahora, Odiseo ha perdido con este episodio su madera de héroe, y se ha hecho totalmente humano.

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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3 respuestas a CON KAFKA CALLAN LAS SIRENAS

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