THAIS, el triunfo de la vida y del amor

THAIS

(Jules Massenet)

“Nada es tan verdadero como la vida y el amor de los hombres”

      La ópera de Massenet, Thais está basada en la novela homónima de Anatole France.

    El tema había sido tratado el siglo x por la monja Hroswita, abadesa de Gandersheim, en su drama en latín Pafnutius, a partir de fuentes sirias, griegas y latinas, y la leyenda se mantuvo a lo largo de la Edad Media.

    Prostituta de excepcional belleza había sido la perdición de los hombres, que habían dilapidado sus fortunas por sus caprichos. Jacopo della VORAGINE en la Legenda Aurea relata la vida y la conversión de Thais, que será para la iglesia Santa Thais.

    El monje Panufcio fue a verla con intención de redimirla haciéndose pasar por un cliente. Comprueba con estupor las fuertes creencias religiosas de Thais y su arrepentimiento sincero. Ella se echa a sus pies llorando. Quema sus pertenencias y el monje la conduce por el desierto a un monasterio de monjas. Allí es encerrada en una celda incomunicada con pan y agua como únicos alimentos y en compañía de sus propios excrementos. A los tres años el monje se compadece de ella y consulta al abad Antonio sobre si ella estaría ya perdonada. Un monje del convento tiene una visión en su oración: tres doncellas que representan tres alegorías: el temor a las penas futuras, el arrepentimiento y el amor a la justicia.  Panufcio habla a Thais diciéndole que no ha sido perdonada por su larga y dura penitencia sino por haber mantenido todo el tiempo el temor de Dios.

    En la ópera de Massenet, Nicias es el amante de Thais que cuenta a Athanaël cuánto dinero ha perdido en los caprichos de la cortesana. Thais empieza a ver los estragos del tiempo en su cuerpo y pide a la diosa Venus que la conserve joven.

  El monje acude a casa de Thais disfrazado. Luego se muestra ante ella. Igual que en la Leyenda Áurea, viajan al desierto al cenobio donde quedará recluída Thais, que ya se muestra arrepentida.

    En el desierto surge un idilio entre Athanäel y Thais, un amor que roza el platonismo. Este sentimiento se tornará más tarde en pasión física. En una visión se le revela que Thais se muere. Acude a verla y manifiesta que , “nada es tan verdadero como la vida y el amor de los hombres”. Se abre el cielo y Thais es acogida por los ángeles.

    Thais representa el debate entre lo terrenal y lo celestial, entre el amor humano y el divino, entre el disfrute de los placeres mundanos y la renuncia a los pecados con la meditación y la ascesis. Verdaderamente, aunque Thais es acogida en el cielo por su arrepentimiento, el texto de la Meditación defiende claramente el poder del amor humano como verdad incontestable.

    La MEDITACIÓN final de Thais recoge el leit motiv que ya se ha iniciado con la meditación para violín del acto II.

 Este es el duetto entre Athanaël y Thais y el final de la ópera.

THAIS
(C’est toi, mon père!)
Te souvient-il du lumineux voyage lorsque tu m’as conduite ici?
ATHANAEL
J’ai le seul souvenir de ta beauté mortelle!
THAIS
Te souvient-il de ces heures de calme
dans la fraîcheur de l’oasis!
ATHANAEL
Ah! Je me souviens seulement de cette soif
inapaisée dont tu seras l’apaisement…
THAIS
Surtout te souvient-il de tes saintes paroles
en ce jour où par toi j’ai connu le seul amour!
ATHANAEL
Quand j’ai parlé je t’ai menti!
THAIS
Et la voilà l’aurore!
ATHANAEL
Je t’ai menti!
THAIS
Et les voilà les roses de l’éternel matin!
ATHANAEL
Non! Le ciel… Rien n’existe…
Rien n’est vrai que la vie et que l’amour des être…
Je t’aime!
THAIS
Le ciel s’ouvre! Voici les anges et les prophètes…
et les saints! Ils viennent avec un sourire,
les mains toutes pleines de fleurs!
ATHANAEL
Entends-moi donc… Ma toute aimée!
THAIS
Deux séraphins aux blanches ailes planent dans l’azur,
et comme tu l’as dit, le doux consolateur posant
sur mes yeux ses doigts de lumière!
Ah! en essuie à jamais les pleurs!
ATHANAEL
Viens! tu m’appartiens! O ma Thaïs! Je t’aime… Je t’aime! Thaïs!
Ah! Viens! Dis-moi: je vivrai! Je vivrai!
THAIS
Le son des harpes d’or m’enchante!
De suaves parfums me pénètrent!
Je sens une exquise béatitude,
Ah! Ah! Une béatitude endormir tous mes maux!
ATHANAEL
O Thaïs! Ma Thaïs! O ma Thaïs, tu m’appartiens! Thaïs!
Thaïs! Je t’aime!
Viens! Thaïs! Ah! Viens! Viens!
THAIS
Ah! le ciel! Je voix… Dieu!
ATHANAËL
Morte!
pitié !

Oigamos también la versión del joven Gautier CAPUÇON con su dulcísimo cello:

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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