ARIADNA y MINOTAURO: Los Reyes (Julio Cortázar 1949)

LOS REYES

Minotauro (Picasso, Suite Vollard)

Esta es la cuarta aproximación del maestro argentino al mundo clásico. Hemos leído ya:

LAS MÉNADES

EL ÍDOLO DE LAS CÍCLADAS

CIRCE

    Pero LOS REYES, POEMA DRAMÁTICO o DRAMA MÍTICO, inclasificable quizás, en cinco actos o escenas está tan pleno de lirismo, que resulta absolutamente imposible escribir sobre él sin repetir las palabras que contiene.

    Recorramos entonces las palabras de CORTÁZAR en los labios de los personajes: MINOS, MINOTAURO, ARIANA, TESEO y un personaje final, el CITARISTA.

     El mito clásico de TESEO y el MINOTAURO con ARIADNA enamorada y PASIFAE extraviada, zoofílica, maldita y lujuriosa, se reinventa de la mano de Cortázar.

Pasifae (Henri Matisse)

     Dédalo el ingeniero, el artista, el arquitecto había construído el LABERINTO, el templo del monstruo, pero al mismo tiempo una suerte de AXIS MUNDI. Las ofrendas al Minotauro vienen de Atenas, vuelven las naves vacías de las doncellas y los jóvenes devorados por la insaciable bestia.

     Los frescos cretenses nos hablan de su particular tauromaquia, de los juegos y acrobacias de los jóvenes con los toros, de los sacrificios, del símbolo de la civilización que pobló el Egeo con sus avances, su exquisitez, su pacifismo y con la doble hacha que se llevaron a Micenas. Es el principio del fin: aquel cataclismo que hundió en el volcán la cultura de Minos en el 1628 a.C en Thera 

     Los crueles rituales en torno al toro se conservan todavía hoy día en algunas islas griegas, por ejemplo en Lesbos, donde un toro elegido es sacrificado mediante un golpe certero. El deseo de la divinidad es satisfecho. El toro es símbolo de poder, de vida, de potencia sexual.

    El honor de matar al toro recayó sobre el héroe Teseo, quien se liberó a sí mismo y también a su pueblo de la tiranía de Minos, que exigía ese tributo mortal a sus súbditos atenienses.

    Ariadna se enamoró del príncipe ateniense, pero éste no dudó en abandonarla en Naxos, donde fue rescatada por Dionisos y metamorfoseada en la CORONA BOREAL, según nos cuenta Ovidio.

Ariadna abandonada (John Willian Waterhouse)

 “La nave llegará cuando las sombras, calcinadas de mediodía, finjan el caracol que se repliega para considerar, húmedo y secreto, las imágenes de su ámbito en reposo. ¡Oh caracol innominablel resonante desolación de mármol, que fosco silencio discurrirán tus entrañas sin salida”.

     Minotauro en silencio acecha. Ariana, paloma de oro, hermana amante de la bestia. Él pertenece solo al laberinto. Algo lo mutó en la más pura ferocidad. Los jóvenes surcarán los mares de su virilidad para enfrentarlo, las vírgenes llorarán la desdicha de todos, la sal sin futuro. El caracol, el tributo cíclico, el eterno retorno, Eros y Thanatos.

    Teseo deseó a Ariana con un amor de oídas: “la deseé como al viento  de popa y el perfil familiar de las islas”.

    Teseo está seguro de su triunfo. Pero, ¿cómo salir del laberinto? Le aconsejaron caminar ciego, porque el instinto reina en el mundo de las sombras y el miedo. El instinto, la sangre, la muerte, la excitación le sacarán de allí.

    Teseo debe matar a la bestia por la misma razón que Minos hubo de encerrarla.

   El caracol, el laberinto, el dédalo, la sierpe de mármol encierran un enigma. Minos es el verdadero prisionero del Minotauro. No sabe si en realidad el monstruo devora a vírgenes y muchachos cuando penetran en sus sombras. Quizás hayan alumbrado una nueva estirpe. Minotauro es el sostén del poder de Minos.

    Minos ofrece a su hija a Teseo: “Volverás con Ariana y con el corazón en paz”. Y Teseo responde: “Libres de monstruos las islas; porque éste es el último”. Nos hallamos ante un cambio, ante una nueva etapa para las islas. Quizá con la partida de Teseo, el cataclismo que sacudió el Egeo desde Thera dé origen a una nueva era.

    Ariana habla de su hermano el Minotauro, se duele de sus dolorosos monólogos donde están el mar, los astros, los nombres de las hierbas, “envuelto en una existencia ajena a la del hombre”. Teseo le habló del triunfo, de la nave que los llevará lejos, del tálamo nupcial, del ovillo. Pero Ariana repite: “Ven, hermano, ven, amante al fin”. Un secreto amor, un espanto.

    En el encuentro con la bestia Teseo es el juez implacable, y Minotauro solo el reo: “No te mato a ti sino a tus actos, al eco de tus actos, su resonar lejano en las costas griegas”.

    En su parlamento Minotauro se muestra humano, siente nostalgia del agua que ya no ve, el agua que se llevaba sus sueños con una mano tibia. Si vive, no podrá vivir fuera del laberinto, porque éste es su armonía. Creemos que no quiere combatir, se entrega al héroe, ofrece su cuello, porque sabe que muerto será más vivo. El toro, ése que presidía el taller de Sir Arthur Evans cuando fascinado por Knossos escribía febrilmente su bitácora con lo que cada día iba desenterrando, guiado por aquellas piedras de leche de las que le hablaron en Atenas.

    Minotauro dice: “Solo hay un medio para matar los monstruos; aceptarlos”. Él se convertirá en martir, en testigo, porque así, muriendo vivirá eternamente. Y además, nunca dejará de vivir entre el deseo de Teseo y Ariana. El laberinto se instalará en Atenas. Nacerá de nuevo.

“Ariana, en tu profundidad inviolada iré surgiendo como un delfín azulísimo. Como la ráfaga libre que soñabas vanamente. ¡Yo soy tu esperanza! ¡Tú volverás a mí porque estaré instaurado, incitante y urgido, en tu desconcertada doncellez del sueño!”

Ya no mía, ya viento y abeja o el potro del alba-Granada, ríos, azulado tomillo, Ariana….Y un tiempo de agua libre, un tiempo donde nadie-…….”

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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5 respuestas a ARIADNA y MINOTAURO: Los Reyes (Julio Cortázar 1949)

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