LA CONDESA MARIZA

GRÄFIN MARIZA

      La opereta Gräfin Mariza se ambienta en las propiedades de la dama en la frontera húngara en 1920. Es una composición de Emmerich Kálmán (Imre Kálmán en húngaro), un compositor nacido en el imperio Austro-Húngaro.

    Fue discípulo de Kódaly y de Bela Bartók. Rivalizó en Viena con Franz Léhar en la producción del género de la opereta. Con los nazis emigró a los Estados Unidos, regresando ya al acabar la guerra en 1945 e instalándose hasta su muerte en París.

Estatua de Kálmán en Pest

    El argumento de La Condesa Mariza es un puro enredo. La dama encarna el estereotipo de mujer bella, rica y caprichosa, que al fin, como todos los mortales, será víctima del amor.

   Manja, una muchacha gitana, intenta sin éxito ganar el amor de Béla Törek, el administrador de las propiedades de la Condesa. Törek es en realidad el Conde Tassilo, quien, apurado por las deudas paternas, trabaja de incógnito en la hacienda de Mariza para proporcionarle una dote digna a su hermana Lisa.
     Mariza, otra “viuda alegre” como la de Léhar, está ya harta de la persecución de la legión de “cazafortunas” que llaman a su puerta.  Para librarse de ellos se inventa un compromiso con un hombre inexistente. Pero ella no sabe que el nombre que se ha inventado coincide con el de un hombre real, el Barón Koloman Zsupán, un rico agricultor de Varasdin. Él también la pretende, pero Mariza no tiene interés alguno en él, poque se ha encaprichado de su guapísimo administrador.

    Törek se sorprende al saber que su hermana Lisa forma parte de la corte de la Condesa y la convence de que guarde en secreto su identidad.
     La Condesa da una fiesta y ofrece vino a su nuevo administrador. Törek lamenta su suerte en una canción. Cuando ella le pide que la repita delante de sus invitados, se niega y por ello lo despide de malos modos. De inmediato lamenta el hecho y le pide que se quede. El primer acto finaliza cuando ambos sienten la llamada del amor.
     El acto segundo comienza. El Barón Zsupán le cuenta a Lisa que si no fuera por Mariza él pasaría sus días con ella. Los sentimientos entre Mariza y Törek se intensifican. Pero todo se echa a perder cuando la Condesa es convencida por el celoso Príncipe Populescu de que Törek no es quien dice ser, que ha estado coqueteando con Lisa, y que solo persigue su fortuna. Nadie se ha dado cuenta aún del parentesco. Mariza empieza a tratar a Törek horriblemente y de nuevo lo despide de su puesto. Cuando él abandona la finca, se despide de Lisa como su hermana. Mariza sufre un shock, pero está encantada de comprobar que el corazón de Törek le pertenece de verdad.

   En el acto tercero , Tassilo se planta cara a cara ante la condesa y le pide referencias para un trabajo. Ambos son demasiado cabezotas y orgullosos para admitir sus sentimientos. La rica tía de Tassilo se presenta y anuncia que ella ha recuperado todas las propiedades embargadas
    Cuando Lisa se marcha con su hermano, Zsupán la intercepta, le confiesa su amor y pide su mano.  Aparece en escena Mariza y por fin se convence de que Tassilo no va detrás de su dinero. Los dos pueden hacer planes para una vida juntos.
 

En el acto primero se incluye esta bella pieza: LA CANCIÓN DE TASSILO, donde el protagonista habla de su amada Viena, a la que añora en su retiro húngaro.

La escucharemos en la interpretación del tenor Nikolai Schukoff. Hay otros números destacados de esta representación de Gräfin Mariza en el Seefestspiele Morbisch 2004.  Aquí pueden verse.

LA CANCIÓN DE TASSILO

Wenn es Abend wird, wenn die Sonne sinkt,
wenn der Geige Lied von der Puszta klingt,
sitz ich oft allein hier bei dem Glaserl Wein,
denk, wie schön wär’s, bei euch jetzt zu sein.
Wenn der alte Mond dort am Himmel thront,
mild herunter scheint, sag’ ich, ‘Prost mein Freund’,
lieber Mond, unterbrich deinen Lauf,
hör’ mir zu, denn ich trag’ dir was auf:

Grüss mir die süssen, die reizenden Frauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Augen, die lachenden blauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Donau und grüss mir den Walzer
im schönen Wien.
Grüss mir die heimlichen Gässchen, wo Pärchen
des Abends heimwärts zieh’n.
Grüss mir mein singendes, klingendes Märchen,
mein Wien, mein Wien, mein Wien.

Wenn der Abendwind in den Bäumen singt
von der schönen Zeit der Vergangenheit,
wenn im Geist vor mir ich die Heimat seh’,
wird ums Herz mir so wohl und so weh.
Wenn du wiederkehrst, wenn du heimwärts fährst
in das liebe Land dort am Donaustrand,
wo ein Kranz grüner Berge dir winkt,
wo die lieblichsten Lieder man singt:

Grüss mir die Augen, die lachenden blauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Donau und grüss mir den Walzer
im schönen Wien.
Grüss mir die heimlichen Gässchen, wo Pärchen
des Abends heimwärts zieh’n.
Grüss mir mein singendes, klingendes Märchen,
mein Wien, mein Wien, mein Wien.

Cuando cae la tarde, cuando el sol se hunde
Cuando suena en el violín la canción de Puszta,
Me siento a menudo solo aquí con un vaso de vino,
Pienso qué hermoso sería estar ahora contigo.
Cuando la vieja luna se sienta alli en el cielo en su trono,
Y dulce brilla, yo digo “¡Salud, amigo mío!”
Amada luna, interrumpe tu curso,
Escúchame, que tengo algo para ti:
Salúdame a las dulces y seductoras mujeres
En la hermosa Viena.
Salúdame a los ojos, los que sonríen azules
En la hermosa Viena.
Salúdame al Danubio, y al Vals
En la hermosa Viena.
Salúdame a las callecitas escondidas, a donde de vuelta a casa
Por la noche las parejas se retiran.
Salúdame a la magia que canta y resuena,
Mi Viena, mi Viena, mi Viena.
Cuando el viento de la tarde canta en los árboles
Del bello tiempo pasado,
Cuando veo como un fantasma delante de mi a mi tierra,
En mi corazón siento el placer y el dolor.
Si vas allí, si viajas a mi tierra
A mi amado hogar en la ribera del Danubio,
Donde una guirnalda de verdes montañas te saluda con sus manos,
Donde se cantan las más bellas canciones:
Salúdame a los ojos, los que sonríen azules
En la hermosa Viena.
Salúdame al Danubio, y al Vals
En la hermosa Viena.
Salúdame a las callecitas escondidas, a donde de vuelta a casa
Por la noche las parejas se encaminan.
Salúdame a la magia que canta y resuena,
Mi Viena, mi Viena, mi Viena.

(Traducción, Maite Jiménez)

Viena, Graben, 1920
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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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