VARIACIONES GOULD: El malogrado (Thomas Bernhard)

VARIACIONES GOULD

El malogrado

Thomas Bernhard, 1983

“NO ENTIENDO UNA VIDA SI NO ESTÁ RODEADA DE MÚSICA”

    Quizá la madre de Glenn Gould, profesora de piano y primípara añosa (tuvo a Glenn a los 41), que cantaba himnos en su iglesia presbiteriana, infundió en el genio nonato la linfa de la música.

    Nació un 25 de septiembre. Este año habría cumplido 80 años. Ese día nació un ser absolutamente sublimado, platónico, de sexualidad ignota, zurdo, con síndrome de Asperger e insomne mientras dirige una orquesta imaginaria de paseo nocturno con su perro.

    Quizá se convirtió en Glenn Gould después de ser Glen Gold. Su padre peletero, probablemente judío emigrado a Canadá, habría cambiado el apellido.

    Sentado en el regazo de su madre cuando solo era un bebé, olisqueó siempre el teclado.

    A esa altura se quedó siempre. Por eso, cortaba con frenesí las patas de su sillita para que su nariz quedara a la altura justa. Acudía a los ensayos envuelto en bufandas y con mitones en sus dedos. Cuando tocaba, dirigía también la orquesta con su mano izquierda y canturreaba.

    Víctima de ciclos depresivos, de astenia, de neurastenia, hipocondría, fobias y manías, su corazón era el alma del contrapunto.

    Glenn solo dio conciertos hasta los 32 años. Se conoce que aquello de enfrentarse a un público, al que por otra parte nunca consideró, podía semejarse a un ritual dionisíaco, caníbal, propio de ménades.

    Se recluyó en una mansión donde hizo instalar un equipo de grabación de última generación, para que solo el silencio encapsulara su música.

    Odiaba al público, pero amaba a las personas. Creyó en la tecnología igual que creyó en Bach.

“Glenn Gould se construyó su jaula de aislamiento, como llamaba a su estudio, en Norteamérica, en las proximidades de Nueva York. Si él llamó a Wertheimer el Malogrado, yo quiero calificarlo a él, Glenn, de Inaceptante”

    En los antípodas de Gould están todos los demás, entre los más sublimes, el clavecinista más grande de todos los tiempos, Gustav Leonhardt, o el pianista sobrio y mesurado Alfred Brendel, ambos intérpretes renombrados de J.S. Bach.

    Los oídos ortodoxos no soportan las Variaciones Goldberg de Glenn Gould: sus rubatos, los staccatos contundentes y sus alteraciones del tempo exasperan a los puristas.

    Debe de ser algo espantoso conocer a un genio. Eso debió de pasarles a Wertheimer y al Bernhardt cuando asistieron al final de la clase que el maestro Vladimir Horowitz daba a Glenn Gould en el Mozarteum de Salzburgo.

    Al escuchar el Aria de las Variaciones Goldberg interpretadas por Glenn, sus vidas cambiaron para siempre.

    Esta es la trama de El malogrado,una pequeña novela en forma de asfixiante monólogo del gran escritor austríaco Thomas Bernhard, quien al año siguiente de la muerte de Gould narró la relación entre el genio, el estudiante de piano Wertheimer y él mismo.

    Por supuesto que la novela es “semi” en todo, “semi-real” y “semi-autobiográfica”, ya que Glenn Gould nunca estudió en el Mozarteum ni nunca estudió con Horowitz. Bernard fue un melómano confeso, pero no parece que haya intimado con Gould, aunque sí que estudió en el Mozarteum para músico y actor. Wertheimer puede ser incluso un trasunto del propio novelista. Glenn es un personaje absolutamente fabulado.

    En esta narración retrospectiva de periodos largos y abrumadores, con una puntuación aberrante y un estilo incómodo al lector, Bernhard habla de Glenn y de Wertheimer y algo de él mismo.

“Glenn, durante toda su vida, quiso ser el Steinway mismo, odiaba la idea de estar entre Bach y Steinway sólo como mediador musical”

    El malogrado es el epíteto con el que había definido el joven Gould a su amigo Wertheimer, quien, al constatar la existencia de un genio de la música, decidió retirarse y cultivar las “ciencias del espíritu”, lo mismo que el narrador, quien nos habla desde su retiro madrileño, adonde habría emigrado, ahogado por la vida austríaca, decadente, oscura, semejante a un sucio mesón donde solo se comen salchichas cocidas.

“La naturaleza de Wertheimer era totalmente opuesta a la naturaleza de Glenn, pensé, él tenía lo que se llama una comprensión artística”

    Glenn murió de una apoplejía sobre Bach y su piano: 

Glenn había tenido la suerte, dijo, de derrumbarse sobre su Steinway, en plenas Variaciones Goldberg”

   Wertheimer no pudo soportar la existencia del genio ni su muerte y se ahorcó. Ahogó a su hermana con una relación infecciosa, llena de chantajes emocionales y de freudianismos. Al fin, ella se liberó y contrajo matrimonio con un suizo. Allí fue Wertheimer, el malogrado, a quitarse la vida. Allí acude el narrador, a un entierro austero y liberador.

“La inseguridad del ser humano es su naturaleza, su desesperación, dijo Wertheimer muy a menudo y con mucha razón, pero nunca consiguió atenerse a sus propias máximas”

    Wertheimer es el artista fracasado, el satélite deslumbrado por la luz del astro, el virtuoso, pero no el genio. Su descomposición mental duró 28 años, desde que se encontraron los tres en la Escuela del Mozarteum hasta la muerte de Gould.

    Se avergonzó de la muerte del genio y acabó con su vida a pocos metros de quienes lo habían abandonado, su hermana y su esposo, en Suiza.

    La primera grabación de las Goldberg la realizó Glenn Gould en 1955, con tan sólo 23 años y la segunda, en 1981, cuando ya contaba con casi 50 años de edad, un año antes de su fallecimiento.

    No es necesario explicar la música. Las diferencias interpretativas son obvias.

   

    Para nuestro disfrute está el fabuloso documental titulado EL ALQUIMISTA, donde vemos a Glenn en toda su genialidad.

   Sony le ha dedicado un video por su cumpleaños.

    La sonda espacial Pioneer 10, lanzada al espacio en 1972 lleva, entre otras muestras de la civilización humana, su Preludio y Fuga número 1 del libro II de El clave bien temperado de J.S. Bach , que todavía están viajando hoy hacia las estrellas.

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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3 respuestas a VARIACIONES GOULD: El malogrado (Thomas Bernhard)

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  2. Manuel dijo:

    ¿Tú quién crees que olisqueaba más, el seter irlandés con ojos de medio miedo o el sonriente y jovencísimo Gould?
    Tengo una grabación suya de las variaciones en las que parece que canturrea sutilmente. También hace eso el actual y gran pianista Keith Jarret.
    Maite, gracias por esta linfa cibernética y musical.

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