LA AMENAZA LECTORA: 50 Sombras de Grey

LA AMENAZA LECTORA:

50 Sombras de Grey

    Dicen que la Rowling tendrá que apretarse los machos si no quiere ser desbancada por la exitosa autora de 50 Sombras de Grey, la también británica E.L. James. Pero  J.K. Rowling puede retirarse en este instante y no dejar de ser una de las mujeres más ricas del planeta, y por descontado, quizá la escritora que ha ganado más dinero en la historia de la literatura.

    No pretendemos poner en duda los méritos de la creadora de Harry Potter. Algunos dirán lo contrario, pero Rowling ha sido capaz de despertar a la lectura a muchos niños, curiosamente a partir de volúmenes gordísimos. Pero hoy no abundaremos hoy en los méritos y deméritos de Harry, que son muchos y controvertidos.

    50 Sombras de Grey se califica de “fenómeno” editorial.  Diremos sin empacho que el “fenómeno” son los números, la “pasta” contante y sonante que está generando esta trilogía.

    Se la califica también de literatura erótica para mujeres, y se ha hablado así mismo de que las mujeres de más de 35 años se han vuelto locas con su lectura, se la ha definido torpemente incluso como “porno para mamás”. Además, ya circulan vídeos no oficiales de la película que aún no se ha rodado, donde se hacen cábalas sobre quiénes serán los protagonistas.  Pero estoy más de acuerdo con eso de “porno que da risa”

    He leído la primera entrega. Me ha movido la curiosidad. Quería descubrir los cacareados méritos de esta novela. No seguiré con las dos partes subsiguientes. Tampoco me he vuelto loca.

    ¿Qué tiene entonces Grey que tanto nos gusta a las mujeres de más de 35 años? ¿Qué oscuridades íntimas y prohibidas saca a la luz, en la penumbra de nuestros cuartos?

    Hablando en términos generales, los libros que se convierten en best-sellers no suelen ser exponentes literarios de nada. Esta es la amenaza de nuestros tiempos, esta es la AMENAZA LECTORA.

    Desconfiaremos del éxito, miraremos con prudencia lo que se convierta en un fenómeno de masas. Así haremos también con la programación televisiva que arrase entre las masas, o con la música que nos atruene día a día en las emisoras de radio.
    No se necesita una lectura modulada, reflexiva e inteligente para entender y avanzar por las líneas de la novela de E. L. James. No importa el background literario y/o cultural que posea el lector. Desconfiemos también de su facilidad y de su transparencia. Cuidado, entonces con las veloces lecturas.
    La literatura de éxito no deberá incluir procedimientos retóricos clásicos: prohibidos los flash-back, los flash-forward, el monólogo interior profundo, vetadas las alternancias de voces, los recuerdos, las metáforas, símiles, ritmos y cadencias poéticos, y mucho cuidado con la riqueza léxica.
    Las referencias culturales deberán ser llanas y al alcance de todos. Así, las músicas que pretenden animar la lectura son nada menos que el Canon de Pachelbel o las Bachianas brasileiras de Villalobos, por ejemplo. Las lecturas de la protagonista son novelas protagonizadas por mujeres, como no podía ser de otra manera. El referente más nombrado es la Tess de Thomas Hardy.

    En el aniversario de Bram Stoker y su Drácula, en la conversión plástica de Francis Ford Coppola, o de cualquier otro cineasta que en el mundo ha sido, no puedo dejar de referirme al mito masculino del hombre fascinante y destructor, que en bandeja de plata ofrece a una virgen inocente pero sofisticada, una relación de perdición.

   El deseo y su hermano el pecado planean sobre la propuesta de Drácula. También levitan de algún modo sobre el contrato que ofrece Christian Grey a la joven Anastasia Steele. Te amaré siempre, te cuidaré, tendrás todo el placer a tu alcance, pero el precio es alto.

   La categoría del personaje de Drácula es otra: un mito literario, complicado, cruzando océanos de tiempo, redimido por el amor, pero sobre todo por la muerte, trastocando el orden cósmico desde el dolor, el terror gótico.

    Después del espanto estético que me produjo la lectura de las primeras páginas de 50 Sombras de Grey, continué intrigada sobre si verdaderamente el objetivo de la narración y el desarrollo de la trama iba a ser la REDENCIÓN. No me equivoqué.

    Con toda su inocencia e inexperiencia, la señorita Steele debuta en el sexo con muchísimo éxito. Pero se enamora de su “raptor” de Seattle. Grey tenía que ser por fuerza perfecto: rico, culto, guapo, posesivo y celoso, incluso por momentos paternal.

    Con poca fortuna se sugieren elementos freudianos: la ausencia en ella de la figura paterna, una madre amorosa pero con un marido detrás de otro, la figura del padre en el padre adoptivo, un hombre  sin carácter; en él, la orfandad, la relación con una mujer adulta en la que él era entonces el siervo, que le hizo conocer las reglas del juego y ahora solo quiere ser el amo; la familia adoptiva perfecta, la complacencia en el dolor del amante, etc. Digo desafortunada, porque no hay profundidad en lo que se narra, porque solo se trata de pasar suavemente por tópicos manidos.

    La carga erótica de 50 Sombras de Grey es evidente, pero bastante zafia. Frases cortas y rápidas narran los encuentros sexuales con una demasiado ostensible voz femenina. Ésta se recrea cansinamente en vestuarios, decorados, gomas del pelo, peinados o camisas masculinas de lino. Se exhibe una óptica juvenil demasiado directa, de modo que Grey como personaje llega a desvanecerse. Las pinceladas para los personajes son tan suaves y tan simples que carecen de cuerpo literario. Exclamaciones infantiles y ordinarias que quieren reproducir el fragor del combate amoroso. Comparaciones absolutamente estúpidas entre el escultural Grey y sus atributos masculinos y estatuas de atletas griegos.

    La idea es una: Anastasia se enamora de Grey, da el do de pecho en el sexo, y quiere salvarlo. El amor inmortal ofrecido en un contrato mercantil.

    Pero esta joven veinteañera, de educación anglosajona, liberal pero no, desea un noviazgo al uso, como todas las demás, un marido y quizás hijos, sentirse querida y deseada, protegida y cuidada.

    Ahí reside entonces el único mérito de 50 Sombras de Grey: destapar los deseos sexuales y sociales de las mujeres, evidenciar la insistencia de las féminas por cambiar a los hombres, por hacerles meter el pie en la cueva, por soñar con hacer el nido, por jugar a lo prohibido y ser el centro del dormitorio, soñando con el hombre perfecto.

    Se repite una vez más el tópico de la princesa con el canalla, el hombre perfecto con un trastorno que hay que curar. Pero, señorita Steele, no debería olvidarse de que la piel no miente. La controversia puede servirse así: dónde estarían los límites del deseo, del sexo. Verdaderamente hasta donde los amantes quieran, siempre más allá del sexo “vainilla”, según Ms. James.

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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4 respuestas a LA AMENAZA LECTORA: 50 Sombras de Grey

  1. Pingback: Latino » Blog Archive » LA AMENAZA LECTORA: 50 Sombras de Grey

  2. plared dijo:

    La novela es una porquería, pero tu comentario si me ha gustado.

  3. manolo dijo:

    Novela recomendad para un tipo determinado de mujeres:

  4. Pingback: ¡ÁTAME! | Grand Tour

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