MARY SHELLEY Y LAS RUINAS DE ROMA

MARY SHELLEY Y LAS RUINAS DE ROMA

Gioacchino Altobelli ca. 1868

CARTA XIX: Ruinas de Roma.

20 de abril  de 1842 

Querida Claire:

Me preguntas cuáles son los placeres de los que disfruto en Roma. Pues bien: son tantos, que mi mente se ve desbordada por una especie de resplandeciente satisfacción, aún así teñida de asociaciones tristes. Aparte de que Roma por sí misma se presenta deliciosa a los ojos y a la imaginación, yo la revisito como meta de una peregrinación sagrada: los tesoros de mi juventud están enterrados aquí.

Tumba de Percy B. Shelley. Cimitero Acattolico (Roma)

El cielo está claro y los suaves aromas de la primavera impregnan el aire.

J.M.W.Turner, Roma desde el Aventino

Cogemos nuestros libros y la mañana se nos va entre las ruinas de las Termas de Caracalla o en el Coliseo.

Desde los muros destrozados de las primeras, la vista de la ciudad y de la Campagna es muy bonita.

E. Lear , La Campagna romana

El Palatino está muy cerca, y sus majestuosas ruinas guían la mirada hasta donde despliega su vasta extensión la Domus Aurea.

J,M.W.Turner, Domus Aurea

Esas ruinas, que son más que nada un montón de ladrillos, restos de imponentes muros o altas arcadas, puede que no sean bonitas en sí, pero así infestadas de parásitos y rebosantes de arbustos en flor, se agrupan de un modo tan pintoresco, que toda la escena es agradable tanto para el sentimiento como para la vista: el pavimento roto, los gigantescos árboles oscuros con las numerosas torres de la ciudad reunidas en la cercanía y las distantes colinas en el horizonte claro. Tan solo unas cuantas nubes descansan arracimadas en las cumbres, y sobre ellas el cielo intensamente azul.

Louis-François Cassas

Hay una vista desde el Coliseo que nunca me canso de contemplar. Al subir al segundo orden de arcadas y mirar desde al borde hacia la Pirámide de Cestio, en primer término se observan el Templo de Venus, el Monte Palatino y las ruinas del Foro. Más allá se extiende el campo en el que se alternan bosques, colinas y ruinas.

E. Lear, Templo de Venus y Roma

La Pirámide de Cestio, que brilla a lo lejos, es un remanso de paz para la vista. Árboles de diverso tipo parecen estar puestos adrede para darle a la escena el aire de un paisaje colocado para un cuadro. Todo es encanto, sonrisas y resplandor.

Foto Robert Turnbull Macpherson

El Foro era en tiempos lejanos, mucho antes de que yo lo viese, un sitio con el empedrado roto, con una avenida que a través del Campo Vaccino llevaba al Coliseo, arcos de triunfo y altas columnas medio enterradas en el suelo.

J.M.W. Turner, Vista de Roma desde el Campo Vaccino(1839)

Ahora las excavaciones son numerosas. He oído a pintores lamentarse de que la pintoresca belleza se ha echado a perder, pero ya que su aspecto, tal y como el tiempo y el abandono lo han dejado, ha cambiado, es mejor completar los trabajos de excavación. Se ha hecho mucho desde la última vez que estuve aquí, y se están contratando obreros constantemente. Me gustaría que pudieras ver a su capataz con ellos: imagina una fila india de cincuenta ancianos en el último estadio de decrepitud, con los cabellos grises, encorvados, piernas enclenques, empujando una pequeña carretilla y arrastrándose muy despacio. A pesar de esta extraordinaria lentitud resulta un trabajo ímprobo.

Foto

Desde el Foro ascendimos por la colina del Capitolio y con algunas dificultades conseguimos un guía y subimos a la torre del Campidoglio.

E. Lear, El Capitolio desde el Foro

Miramos alrededor e imaginamos cómo desde esta altura, los patricios y los cónsules de la Antigua Roma vigilaban el avance de las bandas de saqueadores que serpenteaban desde los desfiladeros de las colinas; o de aquellos cuyas espadas y cascos brillaban en las cumbres de la colina del Gianicolo; y el grito de las Sabinas, o el de los galos, más feroz y terrible, que hizo que el pueblo se reuniese abajo en el Foro y diese los nombres de los que se enrolaban como soldados para la lucha inminente.

J.B.C.Corot, El Arco de Constantino y el Foro

El Tíber brilla en la distancia, y el Soracte surge de la llanura:

“Se levanta como una inmensa ola a punto de reventar, que después de formar su cresta se ha quedado en suspenso”

Nunca llegué a ver la cima de Sant´Oreste, como ahora se lo llama, pero a mi cabeza vienen estos versos, que tan admirablemente lo pintan.

Massimo d´Azeglio, Vista del Monte Soratte

No sé qué vista de Roma prefiero: esa desde las ruinas de las Termas de Caracalla, la que hay desde el margen del Coliseo, la panorámica desde el Capitolio, o desde el pórtico de Letrán. Desde esta última se domina un paisaje diferente. No ves nada de la ciudad porque la tienes a tu espalda, estás en un alto, la Campagna a tus pies, atravesada por acueductos en ruinas cuya magnificencia y extensión hacen recordar más que ninguna otra cosa el sentido de la grandeza de Roma.

Ippolito Caffi, San Giovanni in Laterano

Desde Letrán bajando al Coliseo hay alrededor de una milla y en su entorno estaba el barrio más espléndido de la ciudad antigua. Ahora está ocupado por Poderi divididos por muros altos, ruinas por doquier, muros derrumbados o arcos en pedazos.

J.M.W. Turner, Coliseo

Cuando el Papa Gregorio VII mandó llamar a Robert Guiscard para traer a Enrique III desde la capital de su reino, los sarracenos de Sicilia bajo el mando de los normandos, saquearon Roma. Esta parte de la ciudad fue incendiada y quedó a ras de suelo. La devastación fue tal, que los supervivientes hallaron más práctico construir a una cierta distancia una nueva ciudad antes que intentar restaurar sus hogares entre las humeantes ruinas oscuras de palacios, templos y termas que quedaron amontonadas hasta que se desmoronaron por completo. Los árboles y las flores brotaron de inmediato y los campesinos se presentaron con sus arados, sembraron sus semillas y cosecharon sus granos.

J.M.W.Turner, Incencio de Roma

Pasamos medio día paseando por el Palatino. El Contadino, nuestro guía, nos contó que en julio y agosto reina la mal´aria y sus mejillas hundidas reflejaban que había sido víctima de ella. Nos preguntó si en Inglaterra teníamos mal´aria.

– Che bel paese!– dijo con un suspiro al oír nuestro no.

J.M.W. Turner,El Foro con un arcoiris (1919)

Como en Venecia, a menudo salíamos de casa sin un plan concreto y vagábamos por la parte abandonada de Roma, la que una vez fue el centro de su esplendor.  Así inspeccionamos la Iglesia de Santa Maria degli Angeli, construida por Miguel Ángel con materiales, columnas y mármoles procedentes de los restos de las Termas de Diocleciano. Es una de las iglesias más impresionantes y majestuosas de Roma.

William Marlow, Termas de Diocleciano

Del mismo modo acabamos a los pies del Capitolio y una inscripción nos llevó a visitar la Cárcel Mamertina, un lugar considerado sagrado desde que San Pedro y otros mártires cristianos fueron confinados allí. Esta es sin duda la reliquia más antigua de la antigua República y un monumento al cruel y arrogante desdén por la vida y el sufrimiento humanos que impresiona de un modo doloroso. ¡Cuánto de esto ha existido y aún existe en todo el mundo! Yo solía enorgullecerme de la humanidad inglesa, pero la jactancia se tornó en vergüenza a raíz de haber leído el invierno pasado el recuento de crueldades cometidas en la Guerra Afgana. Nos hicieron daño y en consecuencia nos vengamos, algo similar al credo de la vieja Roma.

Cárcel Mamertina

Nos dejamos seducir muchas veces por las galerías del Capitolio. Aquí se hallan algunas de las más exquisitas estatuas del mundo.

La Amazona, que aúna una expresión severa y marcial con la gracia de una mujer: algo femenino dulcifica su semblante a pesar de su dureza.

La Venus Capitolina es la única Reina de la Belleza que sin duda puede competir…

…con la Diosa de la Tribuna de los Uffizi:

Venus de Medici (Tribuna. Musei degli Uffizi, Firenze)

El grupo de Cupido y Psique es menos tierno e inocente que el de Florencia…

Musei degli Uffizi (Firenze)

pero hay un amor apasionado en la caricia que consigue que el mármol parezca temblar de emoción.

Musei Capitolini (Roma)
Shelley, Mary, Rambles in Germany and Italy, in 1840, 1842, and 1843. Vol. PART III 1842. LETTER XIX. Ruins of Rome.—The Holy Week.—Music and Illuminations. Trinita de’ Monti. 

Traducción:  Maite Jiménez (noviembre 2018)

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Acerca de Maite Jiménez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música.
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4 respuestas a MARY SHELLEY Y LAS RUINAS DE ROMA

  1. Isabel Cota dijo:

    What an impressive post!!!!!!!!!

  2. Chelo Puente dijo:

    Qué fascinante paseo me acabo de dar por Roma!

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