SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

Si no te quisiera más que a mis ojos,
mi queridísimo Calvo, por este regalo
te odiaría con el odio de Vatinio:
pues, ¿qué he hecho o qué he dicho
para que me eches a perder con tan malos poetas? (…)
Catulo, Poema 14

Los clásicos están de rabiosa actualidad, no se puede negar. Los últimos títulos de libros sobre el mundo de los griegos y de los romanos han provocado una fértil controversia.

Este es el vigor del mundo antiguo, al que nos acercamos ortodoxa o heterodoxamente.

Briseida, la de hermosas mejillas, relata el cautiverio de las mujeres troyanas en el campamento de los aqueos en el libro de Pat Barker, El silencio de las mujeres (Siruela).

Sus palabras nos hacen recordar que todavía hoy hay demasiadas mujeres víctimas de esa masculinidad mal entendida, atávica y cruel. Son cifras inasumibles. La troyana habla con lenguaje cercano, profiere tacos modernos y siente exactamente lo mismo que cualquier mujer de hoy. Pero sigue siendo Briseida, la creación de Homero, la esclava de Aquiles, el detonante de su cólera.

Briseida besada por Agamenón

Cólera es la primera palabra de la literatura universal, la primera palabra del primer verso de la Ilíada:

μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος

οὐλομένην (…)

“Canta, oh, diosa, la funesta cólera de Aquiles Pelida…”

La funesta (οὐλομένην) cólera (μῆνιν) es la esencia del héroe. Su πάθος es su sufrimiento, su peripecia, la muerte, la locura, pero también la gloria.

Expresar la violencia de las pasiones es la arquitectura de la poesía épica, donde el impacto con el público se producía a través de las palabras, no a través de la escritura.

A esto la retórica antigua lo llamó ψυχαγωγία, psicagogia, “mover el alma”.

Robert McCabe, Templo de Poseidón en Sounion (1955)

El lector moderno se reconoce en los héroes homéricos: la cólera de Aquiles, su piedad hacia Príamo, el miedo a la muerte, su amistad con la mitad de su alma -Patroclo-, la fraternidad con sus compañeros de armas, con sus paisanos, la ambición, la conquista de la gloria, el amor, todas las emociones, en suma. Así lo cuenta Giulio Guidorizzi en I colori dell´anima: I Greci e le passioni.

Esta esencia épica es el manantial de Homero, fuente inagotable de versiones, refundiciones, traducciones, comentarios, recreaciones y divulgaciones.

Ante este material infinito debemos actuar, leer y opinar con acierto y seriedad, porque no todas las divulgaciones que se hacen del Mundo Clásico tienen el mismo valor: relatos preciosos como los de Roberto Calasso, reflexiones inteligentes como las de Nuccio Ordine, o ensayos bien escritos y accesibles como el de Irene Vallejo no tienen el mismo precio que actuaciones extemporáneas y traidoras de divulgadores osados que banalizan lo que es importante y trascendente. No damos nombres.

El Mundo Clásico es un monte comunal, plantado, criado y explotado por los parroquianos para su uso y disfrute.

Pero el monte hay que cuidarlo, limpiarlo, quererlo y no inundarlo con especies foráneas que ahogan las autóctonas.

Aldea abandonada de Paradiña (Monterrei-Ourens) Foto Maite Jiménez 10-X-2020

Homero y los grandes escritores antiguos fueron copiados en códices, cuya desigual fortuna ha marcado el devenir del pensamiento y de la cultura.

Bellos libros de la Antigüedad fueron borrados para reescribir en ellos obras que tenían más demanda, todo en aras de la utilidad o de la modernidad.

Así, en los monasterios europeos tuvo lugar la gran paradoja: la conservación de las preciosas obras antiguas y también su destrucción. Lo cuentan Reynolds y Wilson en su libro Copistas y filólogos, texto capital para comprender y estudiar la suerte de los libros antiguos, lectura obligada de cualquier filólogo que se precie.

Manuscrito Townley de Homero (ca. 1059) exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Algunos autores resultaron los grandes perdedores en esta expurgación de las bibliotecas: faltaba espacio, había escasez de pergaminos, se había perdido el interés por muchos de ellos.

Quienes tomaron la decisión de esconderlos, consideraron que era un sacrificio necesario. Hablamos de la emocionante historia de los palimpsestos.

La cultura clásica es precísamente esto: un PALIMPSESTO.

La infinidad de palabras que se han dicho y escrito después de Homero han borrado el texto y han reescrito encima. A veces, solo a veces.

Blanqueando las paredes antes de Semana Santa (Grecia 1961)

Los clásicos siempre han estado presentes en la escuela, con mayor o menor puridad y con desigual fortuna.

En nuestros días asistimos a la paradoja de que una flamante Premio Nobel o una maravillosa Premio Princesa de Asturias de las Letras son coetáneas de un gobierno que se empeña en ser esclavo de los gurus de la pedagogía, de los lobbies de la economía y de la tecnología acéfala.

#escuelaconclásicos

En la educación hubo textos escolares latinos y griegos de uso cotidiano en estos últimos dos mil años. Cuando el número de litterati (personas cultivadas) creció en la plena Edad Media, la demanda de los clásicos fue cada vez mayor.

Pero muchísimas veces la lectura de los autores antiguos pasó por versiones, moralizaciones, alegorizaciones, comentarios, glosas, epítomes…, mezclando lo pagano con lo cristiano en la dieta de las lecturas personales y escolares.

J.H.W. Tischbein, Las cabezas de los siete principales héroes de la Ilíada, ca. 1796 (De izquierda a derecha: Menelao, Paris, Diomedes, Odiseo, Néstor, Aquiles, Agamenón), dibujo exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Las andanzas de los intrépidos humanistas italianos revierten la situación. Personajes como Petrarca o Poggio Bracciolini se sumergieron en las bibliotecas de los monasterios medievales y se trajeron a Italia códices antiguos -a veces robados sin pudor-, algunos de los cuales fueron trascendentales para la ciencia, como cuenta Stephen Greenblatt en su best-seller El giro, sobre el códice de De rerum natura de Lucrecio, perdido y recuperado en una verdadera búsqueda del tesoro.

En la Edad Moderna, hubo muchos intentos -algunos fallidos y desastrosos- de resucitar los textos escondidos en los palimpsestos. En el siglo XIX, los avances científicos permitieron descubrimientos asombrosos. Los reactivos utilizados con éxito sacaron a la luz textos de los que se sabía su existencia, pero que nunca se habían leído.
El más famoso lector de palimpsestos fue el cardenal Angelo Mai, bibliotecario de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y de la Biblioteca Vaticana. A él se debe el descubrimiento de uno de los textos más buscados de la literatura antigua: De Republica de Cicerón, escondido tras un comentario de San Agustín sobre los Salmos.

También existen palimpsestos en las obras de arte. Abundan ejemplos de transformaciones de antiguos edificios romanos en iglesias cristianas, que después pasan a palacios renacentistas y se convierten en nuestros días en auditorios, por ofrecer un caso extremo.

El viajero que visita Roma deberá internarse en edificios-catacumbas para descubrir huellas antiguas que han sido tapadas por estructuras más de moda, más útiles, más modernas. Ahí está San Clemente in Laterano, Santa Maria Sopra Minerva, San Pedro del Vaticano, las Termas de Diocleciano, etc.

Italo Calvino rastrea con ojos contemporáneos lo que hay en nosotros de los clásicos y lo que hay de nosotros en ellos. En su libro Por qué leer a los clásicos afirma:

“Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.”
“Por eso nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones.”

“Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.”
“…para que no se crea que los clásicos se han de leer porque “sirven” para algo. La única razón que se puede aducir es que leer a los clásicos es mejor que no leer a los clásicos.”

Alfred Eisenstaedt

Desde el Renacimiento no se han dejado de editar, publicar y traducir textos clásicos. Cada vez hay versiones más accesibles y más auténticas, como dicen Mary Beard y John Henderson en su Introducción a los clásicos. Editores, traductores, comentaristas han acercado al lector a las grandes creaciones de la literatura antigua.

Algunos lectores famosos se sintieron excluidos porque no pudieron acceder a las versiones originales, como le sucedió a Shakespeare, que comentó aquello de “It´s all Greek to me”  (Julio César); o Keats, que no sabía nada de griego; o el mismísimo Dante, que no pudo leer a Homero, porque Homero en su lengua original aún no “existía” para él.

Dimitris Harissiadis, Mikonos 1955

Un ejemplo precioso de acercamiento al mundo antiguo es el fantástico texto de Sir James Frazer, La rama dorada.

La rama mágica que la Sibila entrega a Eneas para que descienda a los Infiernos es una alegoría de la relación entre nosotros y los clásicos.

Tomando como punto de partida el mundo antiguo, el hombre moderno encuentra una puerta abierta al conocimiento universal, adquisición que lo hace más poderoso.

Es cierto ese sintagma con el que Tucídides definía su propia historia:

κτῆμα ἐς ἀεί

“Un logro para la eternidad”

Muchos intelectuales han despreciado a Harry Potter. Indican que un niño debería sumergirse en las lecturas de los clásicos originales desde que rompe a leer. En cambio, otros somos de la opinión de que J. K. Rowling -graduada en Clásicas por Exeter- ha hecho mucho bien a la lectura infantil.

Muchos niños han pasado de un texto sólido y ameno, adaptado a sus capacidades, a lecturas más sesudas y más “originales”. Solo tuvieron que esperar a la madurez intelectual y estética, y a crecer.

Esperemos, pues, a que, seducidos por los divulgadores, por los articulistas, por los opinadores o por los comentaristas, y antes que por todos ellos por los TRADUCTORES, los jóvenes decidan un día acudir al manantial original.

“Todo es bueno para el convento”, dicen.

Καθαρά Δευτέρα. Colina de Filopapo, Atenas 1955

Los de Blackie Books invitan a una lectura compartida de su controvertida Odisea para formar un club de lectores que trascienda las fronteras espacio-temporales. Opino lo mismo: la voz de Homero no es solo la de sus hexámetros, sino todas las resonancias que ha producido a lo largo de más de dos mil años.

La clave está en la distinción del producto, en su altura intelectual y estética, en la honestidad con la que ha sido creado. Samuel Butler, el traductor de Homero, es traducido en este libro por otro traductor, y ha levantado ardorosas críticas.

Sing, O goddess, the anger [mênis] of Achilles son of Peleus (…)

No creo que el texto griego “original” (que no lo es), o la mejor traducción de todos los tiempos (cada uno tiene la suya), o la IMITATIO de Virgilio y su correspondiente EMULATIO practicadas en la extraordinaria Eneida, o todos los Odiseos que en el mundo han sido sean excluyentes. Todos son contingentes, todos son necesarios.

Los clásicos tienen una función dinámica, son un manantial inagotable: del río mayor nacen afluentes, y todos riegan, todos fertilizan.

Museo Británico

Kafka encadena a Odiseo al mástil de la nave y le tapa los oídos en el cuento El silencio de las sirenas. Ya no hay pan de cera para los compañeros, ni cuerdas para él, las sirenas callan y contemplan el brillo de los ojos de Odiseo, que pierde su madera de héroe y se convierte en un hombre más humano, más común.

Esta es la grandeza de los clásicos: la posibilidad de que sean recreados, pervertidos y reinterpretados.

Acerca de Maite Jiménez Pérez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música. SOLVITUR AMBULANDO
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Una respuesta a SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

  1. cccouto dijo:

    Debería leerlo la ministra pero ¿valdría de algo? ¿Qué lee ella (y los suyos), o mejor, qué no leen y debieran haber leído, para poder entender las razones y emociones de este post?
    Ya me escandalicé hace un par de años cuando se supo que planeaban eliminar los centros de Educación Especial (tengo 2 sobrinos discapacitados), y ahora esto de desmantelar los estudios clásicos de la enseñanza media… Un desastre y una pena. Y un absurdo
    bs

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