BESOS EN CUARENTENA

BESOS EN CUARENTENA

René Magritte, Los amantes (1928)

Soul meets soul on lover´lips

(Percy B. Shelley, Prometheus Unbound, Act IV)

En tiempos de pandemia, confinamiento y cuarentena, los amantes habrán de mantener su deseo a raya, si no quieren salir en los periódicos por incumplir las normas.

El diario The Telegraph define así el comportamiento del responsable del equipo del Imperial College London, el epidemiólogo Neil Ferguson: 

“una imperdonable mezcla de ὕβρις e HIPOCRESÍA”

Creía ser inmune y permitió que su amante cruzara Londres al menos en dos ocasiones para estar juntos.

Pedro Almodóvar, Los abrazos rotos (2009)

La FILEMANÍA es el deseo de besar y es totalmente cierto que este acto humano hace que segreguemos un cóctel prodigioso de hormonas de la felicidad: oxitocina, endorfinas, testosterona, serotonina, histamina…, que nos produce la

SENSACIÓN DE FLOTAR

Paul Newman y Joanne Woodward en Samantha

JUAN SEGUNDO

Beso 2

Igual que la aledaña vid se aprieta al olmo con lascivia

y las retorcidas hiedras ciñen con sus inmensos

brazos la espigada encina,

¡ay, Neera, si tú pudieras  

serpentear por mi cuello con el lazo de tus brazos!

¡Ay, Neera, si yo pudiera

enlazar tu blanco cuello en un eterno abrazo,

unido a ti en un beso sin fin!

Entonces, ni las cuitas de Ceres, ni las de Baco amigo,

ni las del encantador Sueño

podrían arrancarme, vida mía, de la púrpura de tu boca.

Pero, como amantes que agonizan en los besos

que se cruzan, una sola barca nos llevaría a los dos

a la pálida morada de Ditis.

Luego, por campos perfumados y primavera eterna,

seríamos guiados a los lugares

donde siempre las heroínas, entregadas a sus antiguos amores,

en medio de los héroes ilustres,

dirigen las danzas o entonan por turnos felices

sus canciones en un valle de mirtos.

Allí, con las violetas, las rosas y los narcisos de rubios cabellos

se divierte el bosque de laurel

en las trémulas umbrías, y con crepitante susurro

los tibios Céfiros silban eternamente

suaves, y la tierra que no ha sido herida por el arado

abre sus pechos fecundos.

Toda la turba de bienaventurados se levantaría ante nosotros,

y en sitiales de hierba nos colocarían

entre los Meónidas en un lugar preferente.

Y ninguna de las amantes de Júpiter, despojada

de su lugar de honor, se indignaría por cedérnoslo,

y tampoco la tindárida Helena, por él engendrada.

Beso 14

¿Por qué me ofreces tus labios de fuego?

No, no quiero besarte, dura Neera,

más dura que el duro mármol.

¿Tanto estimo esos mansos

besos tuyos, ¡oh, orgullosa!,

que rígido una y otra vez con mi miembro erecto

atravieso tu túnica y la mía,

y enloquecido por un deseo insatisfecho,

me consumo yo, pobre de mí, con mi sexo ardiendo?

¿A dónde huyes? Quédate, y no me niegues

tus ojos ni tus labios de fuego.

Ahora sí, ahora quiero besarte, dulce Neera,

más dulce que el dulce meollo de un ganso.

Rodolfo Valentino en El hijo del Caid (1926)

Beso 16

Tú, más tierna que el níveo astro de Latona,

y más hermosa que la áurea estrella de Venus,

dame cien besos,

dame tantos besos como le dio

Lesbia a su ardoroso poeta, y tantos como ella recibió.

Tantas tiernas Venus, tantos Cupidos

andan vagando por tus labios

y por tus rosadas mejillas,

como vidas y muertes llevas en tus ojos,

como esperanzas, como miedos,

como gozos mezclados con cuitas sin fin

y suspiros de amantes.

Dame tantos dardos como en mi pecho

clavó la funesta mano del dios alado,

y tantos como reservó

en su aljaba de oro.

Añade también caricias, y palabras dichas en alto,

y murmullos entre suaves susurros crepitantes,

no sin tu grata risa,

no sin tus gratos mordiscos:    

como las palomitas de Caonia, que alternan

los arrullos de sus picos con trémulos aleteos,

cuando el duro invierno se retira

con los primeros vientos Favonios.

Reclinada con desmayo en mi mejilla,

gira a un lado y a otro tus ojos de agua

y pídeme que te sostenga, sin aliento,

entre mis brazos.

Yo te estrecharé con el lazo de mis brazos,

te apretaré fría contra mi cálido pecho

y te devolveré la vida

con el aliento de un largo beso,

hasta que en esos besos de rocío

también a mí me falte el aire,

y te pida desfallecido

“¡Cógeme en tus brazos!”.

Me estrecharás con el lazo de tus brazos, mi amor,

y aliviarás mi frío con la caricia de tu tibio pecho,

y me insuflarás vida

con el rocío de un largo beso.  

Así, luz de mi vida, gocemos juntos

el tiempo de la edad florida: mira, ya la achacosa

vejez viene arrastrando sus cuitas,

la enfermedad y la muerte.

Epidemia de gripe (1937)

Beso 3

“Dame un beso –dije- mi dulce amor”

Entonces tú libaste mis labios con los tuyos.

Luego, como quien salta aterrorizado por haber pisado una serpiente,

apartas de repente tu boca de mi boca.

Esto no es dar un beso, luz de mi vida, sino dar solo

la triste añoranza de un beso.

Alfred Hitchcock, Encadenados (1946)

Johannes Secundus, Basia

Traducción Maite Jiménez (mayo 2020)

Acerca de Maite Jiménez Pérez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música. SOLVITUR AMBULANDO
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2 respuestas a BESOS EN CUARENTENA

  1. Hola, Maite:
    Te has dejado éste, el Basium VII, que recoge la tradición clásica de Catulo:
    https://paulatinygriego.wordpress.com/2016/09/29/juan-segundo-basium-vii-tradicion-clasica/
    Un besazo.
    Javier

    Me gusta

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