LA NAVIDAD DE SAN BRANDÁN

Kalymnos (Grecia) Pescadores de esponjas (ca. 1950).

Después de algunas aventuras en la odisea que llamaron la Navigatio Sancti Brendani abbatis, el intrépido monje irlandés san Brandán y sus compañeros llegaron a una isla maravillosa.

Este es el relato:

CAPÍTULO 12

Beda, Vita Sancti Cuthberti. The British Library Add MS 39943, fol. 2b

Entonces el santo padre y los suyos se vieron arrastrados de aquí para allá por las aguas del océano durante tres meses. No veían nada más que el cielo y el mar. Comían solo cada dos o tres días.

Un día, apareció cerca de ellos una isla. Se acercaron a su costa, pero el viento los arrastró a un lado. Así, navegaron dando vueltas a la isla durante cuarenta días, sin encontrar un puerto. Los monjes que iban en el barco empezaron a pedirle llorando al Señor que los ayudase, porque estaban exhaustos y empezaban a flaquearles las fuerzas.

Histoire d’Outremer, The British Library Yates Thompson MS 12, fol. 58v (s. XIII)

Después de pasar tres días en ayuno y oración, apareció ante ellos un puerto estrecho, en el que solo cabía un barco, y también aparecieron dos fuentes, una de agua turbia y la otra de agua clara. Los hermanos se apresuraron a coger agua en vasijas.

Un hombre de Dios, al verlos, les dijo:

―Hijos míos, no vayáis a hacer una cosa prohibida sin el permiso de los ancianos que viven en esta isla. El agua que queréis beber furtivamente ellos os la darán de buena gana.

Fuente de los cuatro ríos del Paraíso. Walters Art Museum, Baltimore W.171.19V (ca. 1400).

Entonces, desembarcaron y, cuando estaban decidiendo a dónde dirigirse, apareció un anciano muy serio que tenía el cabello del color de la nieve y el rostro resplandeciente; se postró tres veces en la tierra y a continuación besó al hombre de Dios.

San Brandán y sus compañeros lo levantaron del suelo. Después de besarse, el anciano cogió de la mano al santo padre y caminó con él la distancia de casi un estadio hasta un monasterio.

Consagración del altar mayor de la abadía de Cluny por el papa Urbano II el 25 de octubre de 1095. Miscellanea secundum usum ordinis Cluniacensis. BNF, Lat. 17716, fol. 91

San Brandán se detuvo con sus hermanos ante la puerta del monasterio y le dijo al anciano:

― ¿De quién es este monasterio?¿Quién está al mando? ¿De dónde son los que viven en él?

El santo padre le hizo varias preguntas al anciano, pero no obtuvo ninguna respuesta de él, que tan solo le indicaba suavemente con la mano que guardase silencio. Se dio cuenta de inmediato de la norma de aquel lugar y advirtió a sus hermanos diciéndoles:

―Absteneos de hablar para no contaminar a estos hermanos con nuestra charla.

Después de esta prohibición, les salieron al encuentro once hermanos que llevaban relicarios, cruces e himnos, y recitaban este capítulo:

Salid, santos de Dios, de vuestras moradas e id al encuentro de la verdad. Santificad este lugar, bendecid al pueblo y dignaos a custodiarnos a nosotros, vuestros siervos, en paz.

Roman de la Rose (The British Library. Royal 19 B XIII f. 4, s. XIV)

Una vez recitado el versículo, el abad del monasterio besó a san Brandán y a sus compañeros uno a uno; de igual manera también los monjes besaron a la comunidad del hombre santo.

Después de intercambiarse el beso de la paz, los guiaron al monasterio en oración, como es costumbre en las tierras de Occidente.

A continuación, el abad del monasterio y los monjes les lavaron los pies a sus huéspedes y cantaron la antífona «Un nuevo mandamiento os doy». Cuando terminaron, los condujo en absoluto silencio al refectorio.

Libro de Horas. The Morgan Library MS H.5 fol. 120r. ca. 1500.

Tocaron la campanilla, se lavaron las manos y el abad ordenó a todos sentarse. Al segundo toque de la campanilla, uno de los hermanos del monasterio se levantó y sirvió en la mesa unos panes maravillosamente blancos y unas raíces de increíble sabor. Los monjes se sentaron intercalados con los huéspedes. Se sirvió un pan entero para cada dos hermanos. Con otro toque de campanilla, el mismo monje que servía la mesa repartió la bebida a los hermanos.

Salterio. s. XIII. Brugge, Openbare Bibliotheek, Ms. 008, f. 4v.

El abad animó a los monjes con estas palabras:

―De aquella fuente de la que hoy queríais beber furtivamente, hacedlo ahora como un acto de hospitalidad, con alegría y temor de Dios. En la otra fuente que visteis, que tenía el agua turbia, es donde se lavan todos los días los pies los hermanos, porque siempre está caliente. Los panes que veis, no sabemos dónde se hacen o quién los trae a nuestra despensa. Lo que sí sabemos es que Dios, en su inmensa caridad, nos los proporciona mediante alguna de sus criaturas. Aquí somos veinticuatro hermanos; todos los días tenemos doce panes en la comida, uno para cada dos. En las fiestas y en los domingos Dios nos da un pan entero a cada uno, para que podamos cenar con las sobras; solo porque habéis venido tenemos ración doble. Así nos alimenta Cristo desde los tiempos de san Patricio y san Albeo, nuestro padre, hace ya ochenta años. Con todo, la vejez y la debilidad han afectado poquísimo a nuestros miembros; en esta isla no necesitamos nada para comer que se prepare al fuego; no nos castigan nunca ni el frío ni el calor. Pero cuando llega el momento de las misas y de las vigilias, en la iglesia prendemos unas lámparas que trajimos de nuestra tierra por designio divino, que han estado encendidas hasta la fecha y ninguna ha menguado en su luz.

Libro de Horas. The Morgan Library MS M.1004 fol. 170r. ca. 1420.

Después de que bebieron, el abad tocó la campanilla tres veces, conforme a la costumbre, y los monjes se levantaron de la mesa al unísono en absoluto silencio y con solemnidad, y se encaminaron a la iglesia delante de los santos padres: san Brandán y el abad del monasterio. Entraron en la iglesia, y he aquí que doce monjes les salieron al encuentro y se arrodillaron rápidamente ante ellos. Cuando san Brandán los vio, dijo:

―Abad, ¿por qué estos monjes no han comido al mismo tiempo que nosotros?

El abad contestó:

Por vosotros, porque no cabíamos todos en la mesa. Comerán ahora y no les faltará de nada. Nosotros, entremos en la iglesia y cantemos las vísperas, para que nuestros hermanos, que van a comer ahora, puedan cantar a tiempo las vísperas después de nosotros.

Cuando remataron el oficio de vísperas, san Brandán empezó a fijarse en cómo estaba construida la iglesia. Era cuadrada, tan larga como ancha, y tenía siete lámparas, tres delante del altar, que estaba en el centro, y dos delante de los otros dos altares. Los altares eran de cristal cortado a escuadra, los vasos también eran de cristal, lo mismo que las patenas, los cálices, las vinajeras y el resto de recipientes para el culto divino; también había veinticuatro asientos en círculo; el abad se sentaba entre los dos coros. Un grupo empezaba en él y también terminaba en él; lo mismo ocurría con el otro grupo. Ninguna de las dos partes se atrevía a entonar un versículo antes que el abad, y en el monasterio no se oía ninguna voz ni ningún ruido. Si algún monje necesitaba algo, iba donde el abad, se arrodillaba ante él y le pedía dentro de su corazón lo que necesitaba. Al momento, el santo padre cogía una tablilla y un punzón, escribía lo que Dios le revelaba y se la entregaba al hermano que le pedía consejo.

Santa Eduvigis supervisa la construcción de un convento (The J. Paul Getty Museum, Los Angeles, Ms. Ludwig XI 7, fol. 56, 83.MN.126.56).

Mientras san Brandán meditaba sobre todo esto, el abad le dijo:

―Padre, es hora de regresar al refectorio para hacer las cosas con luz.

Procedieron de la misma manera que en la comida. Una vez que terminaron todo según el orden del día, todos se dirigieron a toda velocidad a completas.

Entonces, cuando el abad pronunció el versículo: «Dios, ven en mi ayuda» y todos honraron a la Trinidad, empezaron a cantar este versículo:

― Injustamente hemos obrado, iniquidad hemos cometido. Tú, que eres un padre piadoso, perdónanos, Señor. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me harás estar confiado.

Después, cantaron el oficio que correspondía a esa hora. Cuando completaron el orden de los salmos, todos los hermanos salieron cada uno  para su celda, llevándose a los huéspedes consigo.

Monjes cantando. Salterio y Libro de Horas de Saint Omer (The British Library BL Yt 43, fol. 100)

El abad se quedó con san Brandán en la iglesia, esperando a que se hiciera de día. Cuando san Brandán le preguntó al santo padre por el silencio de los monjes, por cómo se comunicaban y cómo podían soportarlo, el abad respondió con inmensa reverencia y humildad:

― Padre, ante mi Cristo lo declaro: hace ochenta años llegamos a esta isla. No oímos ninguna voz humana, excepto cuando cantamos alabanzas a Dios. Entre nosotros no usamos la voz, sino únicamente señales de los dedos o de los ojos, y solo los más ancianos. Desde que llegamos a este lugar, ninguno de nosotros ha sufrido enfermedades del cuerpo o del espíritu, las que afligen al común de los mortales.

San Brandán dijo:

―¿Podemos quedarnos aquí o no es posible?

El abad dijo:

No podéis, porque esa no es la voluntad de Dios. ¿Por qué me preguntas a mí, padre? ¿No te reveló Dios lo que tenías que hacer antes de que vinieses aquí, con nosotros? Tienes que regresar a tu tierra con catorce de tus hermanos. Allí ha preparado Dios vuestra sepultura. Pero de los dos que quedan, uno peregrinará a la que llaman «Isla de los anacoretas», mientras que el otro será condenado a una muerte vil en los infiernos.

Vida de los Padres del desierto (Manuscrito Kaffa, nº 85 de la Biblioteca del Patriarcado armenio en Jerusalén)

Mientras hablaban entre ellos de estas cuestiones, he aquí que, a la vista de todos, una flecha de fuego entró por la ventana y encendió todas las lámparas que estaban delante de los altares. A continuación, la flecha dio la vuelta y salió para afuera. Sin embargo, una luz brillantísima se quedó en las lámparas. 

Entonces, san Brandán preguntó quién apagaba las lámparas por la mañana. El santo padre le dijo:

Ven y contempla el misterio. Aquí estás viendo velas encendidas en unos recipientes; sin embargo, ninguna de ellas se consume ni mengua de tamaño, y por la mañana no quedan pavesas, porque es luz espiritual.

San Brandán dijo:

¿Como puede una luz espiritual arder físicamente en una criatura física?

El anciano respondió:

¿No has leído lo de la zarza ardiente en el monte Sinaí? La zarza fue inmune al fuego.

Moisés y la zarza ardiente. Manuscrito Haggadá de Sarajevo (ca. 1350)

Velaron toda la noche hasta por la mañana. Entonces, san Brandán pidió permiso para continuar su viaje. El anciano le dijo:

No, padre. Tú debes celebrar con nosotros la Navidad del Señor hasta ocho días después de la Epifanía.

Así que, el santo padre y sus compañeros se quedaron ese tiempo con los veinticuatro padres en la isla de la comunidad de san Albeo.

TRADUCCIÓN DEL LATÍN: Maite Jiménez (diciembre 2025)

Texto: Dickinson College Commentaries

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MENOPÁUSICAS

Edward Steichen, Merle Oberon (1935)

I Am Half-Sick of Shadows, Said the Lady of Shalott

(Tennyson

La Dama de Shalott vive en una torre, en una isla del río, cerca de Camelot. Su mente flota en las sombras. No puede ver el mundo, solo las imágenes reflejadas en su espejo mágico.

Teje sin descanso.

ESPERA…

Un día, la dama ve al caballero Lancelot que cabalga hacia el reino de Arturo. Se enamora del gallardo joven. Escapa de su prisión y se dirige en una barca hacia Camelot. Antes de llegar, muere.

La Dama de Shalott AMÓ DE LEJOS.

Para hablar de las personas como un psicólogo profesional, no hay nada mejor que jugar a los

ARQUETIPOS

Desde la mirada masculina

TRES ERAN TRES LAS HIJAS DE ELENA,

TRES ERAN TRES Y NINGUNA ERA BUENA:

VIRGEN

Para la MUJER-VIRGEN, nuestra diosa será ÁRTEMIS-DIANA, joven montaraz y cazadora, libre, activa y dinámica. Sus amantes salieron muy malparados.

Gaston Casimir Saint-Pierre

ESPOSA

Para la MUJER-ESPOSA, ninguna mejor que HERA-JUNO, esposa del padre de los dioses: fuerte y decidida, pero sufridora de las repetidas infidelidades de su marido.

AMANTE

Bella, cautivadora, sexy, irresistible, la MUJER-AMANTE es en la mente de los hombres la diosa AFRODITA-VENUS. Ellos sueñan con aquello de

I´m your Venus

I’m your fire

At your desire

La MENOPAUSIA es una clasificación de las mujeres basada exclusivamente en la REPRODUCCIÓN: en esta etapa de la vida femenina, ya no somos «productivas». Así lo dice la etimología:

μήν, μηνός, «mes»

παῦσις , εως, «cese»

Norman Parkinson, Ina Balke wearing Nina Ricci, 1961

Mientras, en el mundo de los hombres, su clasificación es bien distinta, dicen los psicólogos de la internet:

David Gandy

A ellos los clasifican por sus APTITUDES:

REY

GUERRERO

AMANTE

MAGO

Casi todas las cosas empezaron con la

GUERRA DE TROYA

Y todas las historias con sustancia y espesor surgen a partir de los

νόστοι

Los regresos de los griegos vencedores a sus patrias. Seguro que en aquellos largos diez años de guerra, todos sufrieron la ENFERMEDAD DEL PAÍS:

NOSTALGIA

Robert Doinsneau, 1947

De Troya a casa:

Néstor a Pilos

Idomeneo a Creta

Teucro a Salamina

Diomedes a Argos

…o Teucro a Pontevedra, Diomedes a Tui

y Ulises a Lisboa 

Vaso Mykonos

Son REGRESOS FELICES.

Pero los que regresaron lo hicieron DIEZ AÑOS MÁS VIEJOS.

Templo de Afaya en Egina (reconstrucción

En sus hogares, sus esposas y sus familias aguardaban la llegada de los héroes. Sin embargo…

Tu nostalgia ha creado

un país inexistente, con leyes

ajenas a la tierra y a los hombres.

(Yorgos Seferis, Regreso del exiliado)

Diomedes (Gliptoteca de Múnich)

Nuestros NOSTOI de hoy son REGRESOS de héroes griegos a sus hogares.

Todos ellos vivieron aventuras maravillosas, donde demostraron valentía y coraje.

Todos debieron regresar.

Y a su vuelta,

¿QUÉ SE ENCONTRARON?

PENÉLOPE

Reina de Ítaca, esposa fiel, resignada, que ha de cuidar de Telémaco, hijo de Odiseo, hasta que se haga un hombre. Vela por la conservación del hogar. Está siempre triste, pero debe estar a la altura.

Recuerda cuando ella y Odiseo eran jóvenes, antes de que a Paris se le ocurriera armar la de Troya y a Agamenón formar la escuadra para vengar «el rostro que lanzó mil naves».

Paul Newman y Joan Woodward en 1956

Resiste las insistencias de los pretendientes, que no la desean a ella, sino el trono de Ítaca.

Teje sin cesar, confecciona un TEXTUS, una historia, la de Odiseo, su odisea, la que cantará ese poeta ciego que llaman Homero.

Fragmento de la Odisea

Mientras, en el mundo de Odiseo, en su navegación errática por el Mediterráneo, que duró otros diez años, bellas mujeres ocupan su cama:

NAUSÍCAA en la isla de los feacios

Mario Camerini, Ulises (1954)

CIRCE en la isla de Eea

Mario Camerini, Ulises (1954)

CALIPSO en la isla de Ogigia.

La bella diosa le dice:

SI TE QUEDAS CONMIGO, SERÁS INMORTAL

Algunos dicen que Odiseo se lo pensó. Otros dicen que el héroe decidió seguir siendo mortal, porque lo que no tiene límites no se valora ni se aprecia. Así que, volvió con Penélope: veinte años no es nada.

Penélope es :

NOSTALGIA DE LA JUVENTUD

FIDELIDAD

COMPROMISO

OBLIGACIÓN 

Lo que Odiseo no sospechó ni por asomo es que la historia no sucedió como la contaron, sino así:

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

FIN

Augusto Monterroso, La tela de Penélope o quién engaña a quién

MEDEA

Maria Callas en el rodaje de Medea (1969), de P.P. Pasolini.

Esta prodigiosa mujer también vivió un NOSTOS, un regreso, el de JASÓN y los intrépidos argonautas.

Maria Callas en el papel de Medea, de Luigi Cherubini.

Ella fue maga, virgen, poderosa, aunque también outsider, como todas las hechiceras, sobre todo porque son mujeres.

Por buscar reinos extranjeros, abandoné los míos.

Séneca, Medea, 478

Ayudó a Jasón a uncir los bueyes que exhalaban fuego, a vencer a los guerreros nacidos de dientes de dragón, a robar el VELLOCINO DE ORO.

Pintor de Licurgo, s. IV a.C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Engañó a las hijas de Pelias, que hirvieron a su padre, y llegó a asesinar a su hermano Apsirto.

POR AMOR

Ya en Corinto, reinando con Jasón, Medea se mira en el espejo. Ve los estragos del tiempo. Es inexorable.

Mientras, Jasón luce un físico envidiable: es un madurito cañón.

No se rinde, quiere hacer magia contra el tiempo.

Para mitigar el desastre, recurre al fitness.

Y a la cirugía

La fortuna teme a los valientes, oprime a los cobardes.

Séneca, Medea, 159

Sabe que Jasón va a dejarla por esa princesita joven. Sucederá lo que siempre ha visto en los parques de Corinto: al cincuentón paseando un bebé, un nuevo hijo. Todos dejan a la vieja esposa y caen rendidos ante la treintañera que quiere hacer el nido.

Presa de un furor incontrolable, asesina a sus propios hijos, que también son los de Jasón:

¿Tanto ama a sus hijos?

Está bien, está atrapado, está claro dónde lo heriré.

Séneca, Medea 549-5

Ahora soy Medea. Mi magia ha crecido con mis crímenes.

Séneca, Medea 910

Y para escapar, surcará los cielos en su carro alado:

FEDRA

Melina Mercouri en Fedra, de Jules Dassin (1962)

TESEO, príncipe de Atenas, matador del Minotauro.

Copa Aison (MAN, Madrid)

Gracias a su hermana Ariadna y su treta del hilo él salió del laberinto de Knossos. Pero a su hermana la abandonó en la isla de Naxos. Sus metas eran más altas que casarse con esta muchacha tan sosa.

Ariadna medicea (Uffizi)

Luego vino Hipólita, reina de las amazonas, con la que tuvo a HIPÓLITO.

Salinurfa

HIPÓLITO, hijo de Teseo, guapo a rabiar. Se convirtió en el objeto de sus deseos, de su frustración, de su cautiverio en un matrimonio en el que era invisible. Todos la criticaron. Ella estaba en la menopausia, él era un joven prometedor, el heredero. ¿Y si hubiese sido al revés? ¿Dirán lo mismo?

Anthony Perkins en Atenas durante el rodaje de Fedra (Jules Dassin,1962)

FEDRA lo tiene todo, eso dicen. Pero TESEO también tiene a Pirítoo, su íntimo amigo, su amante. Eso es lo que se comenta.

El ataque de los centauros en las bodas de Pirítoo y Laodamía

FEDRA se mira en el espejo: arrugas, flaccidez, la Esfinge, dueña del tiempo, la devora. Se siente melancólica, inservible, acabada.

Cede a los deseos de su marido, pero ya no le gusta acostarse con él.

Dicen que el amor es más fuerte cuanto más tardío. Ella es lo que siente por Hipólito.

Ese médico vienés la llama HISTÉRICA

Y entonces apareció la bella ARICIA, la prometida conveniente, la que dará hijos a Hipólito, a Atenas. Competir es imposible.

FEDRA acaba con su vida. No puede seguir. Está deprimida.

HIPÓLITO es engullido por una ola gigante de Poseidón.

CLITEMNESTRA

Dama de Tirinto

Todopoderoso AGAMENÓN, rey de Micenas. Para obtener una buena navegación en su empresa troyana sacrificó a la pequeña IFIGENIA.

Sacrificio de Ifigenia (Pompeya, Casa del Poeta Trágico. Museo Archeologico Napoli)

No se puede soportar tanto dolor

Irene Papas en la película de Michael Cacoyannis, Iphigenia (1977)

Después de diez años de guerra en Troya, el rey regresa.

Y trae cautiva a CASANDRA, princesa troyana, la que enreda a los hombres. Es más joven que su esposa, más deseable. Le dará más hijos.

Agamenón descubre que Clitemnestra tiene un amante: EGISTO, que además es de la familia. Es más joven que el rey. ¿Qué tramarán?

Michael Cacoyannis, Electra (1962)

CLITEMNESTRA está llena de deseos de venganza. La ocasión se presenta propicia. Mata a su marido en el baño.

H.G. Clouzot, Las diabólicas (1955) 

YOCASTA

Silvana Mangano en Teorema de P.P. Pasolini (1968)

Todo empezó con el enigma de la Esfinge:

La familia real de Tebas es una familia feliz:

Edipo

Yocasta

Eteocles

Polinices

Antígona

Ismene

Las cosas funcionan porque la reina YOCASTA se ocupa de todo.

Multitasking, lo llaman ahora.

También de su marido, que tiende a la melancolía.

P.P. Pasolini, Edipo re (1967)

Ella no es como otras mujeres, que se ponen lencería sugerente y vuelven locos a los hombres. Es fundamentalmente madre.

Lo único que le importa es que EDIPO sea feliz, que no la deje. No podría vivir sin él. Por eso lo cuida como si fuese un hijo. Quizás lo es…

Su psiquiatra le dice que está esterilizando a su marido, que lo está convirtiendo en un niño eterno, que lo manipula, lo controla, lo ha hecho absolutamente dependiente de ella. Lo que el médico no sabe es que eso la hace feliz.

Porque ella es como WENDY, madre todo el tiempo. No sabría ser otro tipo de mujer. Está envejeciendo muy rápido, los chicos son ya mayores. ¿No es mejor así? Se siente imprescindible.

MENOPÁUSICAS, mujeres mayores, hoy en la mediana edad, invisibles, también para su familia. Su belleza se está marchitando. Aún no son ancianas, pero la Esfinge, devoradora del tiempo, les avisa de que ese tiempo llegará más pronto que tarde.

Esfinge de Naxos (Museo Arqueológico de Delfos)

«Podría partir de Elsa Morante, que dice que nadie piensa que una madre tiene cuerpo de mujer. Para los hijos y las hijas las madres tienen cuerpos informes. También nosotros lo hemos pensado y quizás aún lo pensamos de nuestras madres».

L´amica geniale, Temp. 4 cap. 2 “La dispersione” 

Gracias a mis amigas Begoña, Matu, María, Ana y Geli, con las que compartí estas reflexiones una tarde de agosto.

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EN ROMA CON SHELLEY (y 3)

Percy Bysshe Shelley

Roma, 23 de marzo de 1819

A Thomas Love Peacock

QUERIDO PEACOCK:

(…) Hablo de estas cosas no en el orden en que las visité, sino por la impresión que me causaron, o quizás al azar.

Las ruinas del FORO tienen la suerte de no haber sido engullidas por la ciudad moderna. Se alzan en un espacio abierto y solitario, flanqueado por un lado por la ciudad moderna y por el otro por el MONTE PALATINO, cubierto por un montón de ruinas informes.

Los guías te cuentan todo sobre estas cosas, y temo usar sin querer sus mismas palabras al enumerar lo que es bien conocido.

Del TEMPLO DE LA CONCORDIA, fundado por Camilo quedan ocho columnas de granito de orden jónico con su entablamento. Dado el coste que debieron suponer esas columnas, sospecho que no son los restos de un edificio encargado por ese hombre tan perfecto y virtuoso. Se supone que fue reformado por los emperadores orientales. ¡Ay, qué diferencia!

Cerca se encuentran unas columnas corintias acanaladas que sostenían el extremo de un templo. El arquitrabe y el entablamento están labrados de manera muy delicada. Yendo hacia el sur hay otra columna solitaria y un poco más allá, tres más, que sostienen también los restos de un entablamento.

Bajando desde el Capitolio hacia el Foro está el ARCO DE SEPTIMIO SEVERO, no tan perfecto como el de Constantino, aunque por sus proporciones y dimensiones sigue siendo un monumento impresionante.

Por un decreto del senado, en el arco de Tito los relieves, las esculturas, y hasta las colosales representaciones de los cautivos dacios fueron arrancados para adornar el de Constantino, ese monstruo estúpido y perverso, cuyo mayor mérito fue instaurar una religión que acabó con unas artes que habrían evitado tener que recurrir a un despojo tan indigno.

El ARCO DE CONSTANTINO es el más perfecto, una obra de arte admirable. Está construido con el mármol más exquisito y en muchas partes los contornos de sus relieves se conservan tan bien como si acabaran de ser labrados.

Cuatro columnas corintias acanaladas sostienen a cada lado un entablamento robusto, cuya parte inferior está repleta de relieves de cautivos en todas las poses posibles de humillación y esclavitud.

Los paneles superiores muestran en relieves más marcados la alegría del triunfo: el conquistador aparece en su trono, en su carro, o mirando con desprecio a la multitud aplastada por los cascos de sus caballos. Los paneles inferiores representan la tortura y la humillación de la derrota.

Tiene tres arcos con techos artesonados y los laterales están adornados con relieves similares. Cada clave de estos arcos está flanqueada por dos figuras aladas de la Victoria, cuyos cabellos flotan al viento que levanta su vuelo, con los brazos extendidos portando trofeos, como si ansiasen tocarse. Parecen transportadas desde los confines del imperio por el aliento que exhalan la batalla y la desolación, que ellas tienen la misión de conmemorar. No ha habido nunca monumentos que expresaran tan claramente el propósito para el que fueron concebidos: la representación de esa mezcla de energía y desvarío que llamamos triunfo.

Salgo a caminar bajo la luz púrpura y dorada de las tardes italianas, y regreso a la luz de las estrellas o de la luna por este lugar. Los olmos están empezando a florecer y los cálidos vientos de la primavera traen del campo aromas desconocidos, dulces. Veo a Orión radiante entre las imponentes columnas del TEMPLO DE LA CONCORDIA, y la suave luz que se desvanece desdibuja los edificios modernos del CAPITOLIO, los únicos que enturbian la sublime desolación de este lugar.

En la escalinata del CAPITOLIO se alzan las estatuas colosales de Cástor y Pólux, cada una con su caballo, exquisitamente labradas, aunque no son tan perfectas como las de Monte Cavallo, uno de cuyos moldes, como sabes, vimos juntos en Londres. Este paseo queda cerca de nuestro alojamiento y es mi caminata vespertina.

¿Qué decir de la ciudad moderna? Roma aún es la capital del mundo. Es una ciudad de palacios y de templos, más gloriosos que los de ninguna otra ciudad, cuyas ruinas son todavía más gloriosas.

Vista desde cualquiera de las colinas que la rodean, presenta una sucesión interminable de cúpulas, palacios y columnatas que se pierden en el horizonte, donde se intercalan retazos de desierto e imponentes ruinas rodeadas por su propia desolación, en medio de los templos de religiones vivas y de moradas de hombres vivos, en una soledad sublime.

SAN PEDRO, lo habrás oído, es el edificio más alto de Europa. Por fuera, no se puede comparar con la belleza arquitectónica de San Pablo, aunque no carece de ella. Por dentro, aunque es enorme, da la sensación de que es pequeño y se aparta totalmente del gusto antiguo.

Conoces mi inclinación a admirar las cosas, y traté de convencerme de lo contrario, pero fue en vano: cuanto más contemplo el interior de San Pedro, menos impresión en conjunto me produce. Ni siquiera lo considero alto, aunque su cúpula es considerablemente más alta que cualquier colina en un radio de ochenta kilómetros alrededor de Londres. Pero, cuando uno se para a pensar, es un asombroso monumento a la audacia del hombre.

Su columnata es maravillosa y hay dos fuentes de las que brotan finas columnas de agua hasta una altura increíble, y cuando regresan a los jarrones de pórfido de donde salieron, inundan el aire de una niebla radiante, que al mediodía se colma de innúmeros arcoíris.

En el medio de la plaza hay un obelisco.

Frente a él está la fachada de San Pedro, semejante a un palacio, verdaderamente magnífica. El conjunto resulta una combinación arquitectónica sin igual en el mundo. Pero la cúpula de la basílica no se ve, salvo a mucha distancia de la fachada, porque está tapada por ella, el interior del edificio y esa invención infernal que llaman ático.    

El efecto del PANTEÓN es totalmente opuesto al de San Pedro. Aunque su tamaño no es ni la cuarta parte, es de alguna manera la imagen visible del universo. Como cuando se contempla la inconmensurable bóveda del cielo, la impresión de grandeza se desvanece y se disipa en la perfección de sus proporciones.

Está a cielo abierto, y la luz siempre cambiante del aire ilumina su enorme cúpula. Las nubes del mediodía la sobrevuelan y por la noche se ven las estrellas brillantes en el azul oscuro del cielo, inmóviles o persiguiendo a la luna errante entre las nubes.

Lo visitamos a la luz de la luna. Lo sostienen dieciséis columnas acanaladas de orden corintio, de un raro y hermoso mármol amarillo, exquisitamente pulido, que aquí llaman giallo antico.

Sobre ellas se encuentran los nichos para las estatuas de los doce dioses. Este es el único defecto de este templo sublime: que no debería haber ningún espacio entre el arranque de la cúpula y la cornisa sostenida por las columnas, así nada empañaría la magnífica simplicidad de su diseño. Este es el único detalle que resta unidad al conjunto.

Las FUENTES de Roma son por sí solas magníficas combinaciones de arte. Merece la pena venir solo por verlas.

La de la PIAZZA NAVONA, una plaza muy amplia, está hecha de enormes bloques de piedra apilados unos sobre otros y horadados como por cavernas. Esta mole sostiene un obelisco egipcio altísimo. Cuatro figuras colosales que representan las cuatro partes del mundo se reclinan en sus extremos en diferentes poses. El agua brota de las grietas bajo sus cuerpos. Están esculpidas con gran expresividad: una se arranca impaciente un velo de los ojos; otra tiende las manos hacia lo alto.

Río Nilo

La FONTANA DI TREVI es la más famosa, y es más una cascada que una fuente. Brota enérgica entre bloques de piedras, con una gigantesca figura de Neptuno. Por debajo, dos dioses fluviales gobiernan dos caballos alados que emergen entre las piedras y las aguas. El conjunto no está mal pensado ni realizado, pero no sabes qué delicada se vuelve la imaginación cuando se alimenta día tras día solo de antigüedades. Los únicos que resisten la comparación con la Antigüedad son Rafael, Guido y Salvatore Rosa.

La FUENTE del QUIRINAL, o, mejor dicho, el conjunto formado por las estatuas, el obelisco y la fuente, es la más admirable de todas. Desde la Piazza del Quirinale, o más concretamente desde Monte Cavallo, ves el océano infinito de cúpulas, agujas y columnas que es la ciudad de Roma.

Gaspar van Wittel

Sobre un pedestal de mármol blanco se alza un obelisco de granito rojo que se interna en el cielo azul. Delante de él hay un amplio estanque de pórfido; en el medio surge una columna de agua purísima que recoge todos los colores que asoman por el cielo, los deshace en mil tonalidades y sombras difuminadas que caen en la superficie con las gotas chispeantes. Supongo que este efecto del color es porque la fuente está alta.

A cada lado, en un pedestal elevado, se encuentran las estatuas de Cástor y Pólux domando sus caballos, que se dice que son obra de Fidias y Praxíteles (creo que sin fundamento alguno). Estas figuras combinan una irresistible energía con la sublime y perfecta belleza que se supone es propia de su naturaleza divina. No se conservan las riendas de los caballos, pero por el gesto de sus manos, y la firme y serena autoridad de su mirada parecen no necesitar ningún elemento para imponer obediencia. Los rostros están a gran altura y apenas se ven, pero del que vimos una copia juntos en Londres tengo una idea más clara que del otro.

Pero la sublime y vívida majestuosidad de sus miembros y de su porte, los movimientos nerviosos y fogosos de los caballos que están sujetando, vistos contra el cielo azul de Italia, dominando la ciudad de Roma y rodeados por la luz y la música de esa fuente de aguas cristalinas, ninguna fuente puede transmitirlos.

Estas figuras se encontraron en las Termas de Constantino, pero sin duda son mucho más antiguas. Sin embargo, no soy partidario de atribuir a Fidias, a Praxíteles, a Escopas o a otro gran maestro cualquier obra admirable que se descubra. A nosotros nos ha llegado solo una pequeña parte de lo que existió, y quizás sus obras superaban de largo lo que nosotros consideramos como lo más perfecto o admirable entre lo poco que ha sobrevivido al deluge.  

Pido disculpas por ser demasiado celoso del honor de los griegos, nuestros maestros y creadores, los dioses a los que deberíamos venerar.

Robert McCabe

He dicho lo que siento sin entrar en discusiones críticas sobre las RUINAS de Roma y tocando superficialmente esta inagotable fuente de pensamiento y sentimiento.

Hobhouse, Eustace y Forsyth contarán todo ese conocimiento superficial, lo común y corriente. Por cierto, merece la pena leer a Forsyth, a juzgar por uno o dos capítulos que he visto. Aquí no encuentro su libro.  

Debería haber mencionado que aún queda en pie el arco central del ARCO DE TITO , de proporciones más perfectas, según dicen, que los posteriores. Esto no lo he señalado.

Las figuras de la Victoria, con las alas desplegadas y empujando hacia atrás con los pies extendidos un globo, son quizás más bellas que las de los otros arcos. Sus labios están entreabiertos: un delicado modo de indicar el fervoroso deseo de llegar al lugar de descanso prometido y de expresar la respiración ansiosa por la carrera. De hecho, para los artistas griegos era tan esencial para la belleza que las formas expresaran el ejercicio de la imaginación y de los afectos, que no se ha encontrado ninguna representación ideal de la Antigüedad con los labios cerrados, salvo las que no incluyan ese rasgo.

Dentro del Arco de Tito hay dos paneles en altorrelieve; uno representa una procesión de gente portando los elementos del culto judío, entre los que está el candelabro sagrado de siete brazos; en el otro, Tito va montado en una cuadriga con una Victoria alada. La disposición de los caballos, su belleza, la perfección y energía de su trazo son notables, aunque están bastante deteriorados.   

P.B.S.

FIN

Traducciones: Maite Jiménez Pérez (julio 2025)

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