BOUDICA, LA LEONA ASTUTA

Chicago 1909. Librería del Congreso.

So the Queen Boadicea, standing loftily charioted,
Brandishing in her hand a dart and rolling glances lioness-like,
Yell’d and shriek’d between her daughters in her fierce volubility.

(Alfred Lord Tennyson, Boadicea)

Así, la reina Boudica, erguida majestuosa en su carro,

blandiendo en su mano una lanza y fulminando con su mirada de leona,

gritaba y daba alaridos entre sus hijas con su fiera vehemencia.

Olga Kurylenko en Boudica: Queen of War (Jesse V. Johnson, 2023)

El historiador britano SAN GILDAS en su De excidio Britanniae sermonea a sus contemporáneos sobre su comportamiento, pero antes pasa revista a la historia de Britania hasta su época.

Describe cómo la llama de la paz romana no la detuvo siquiera el cerúleo mar del Canal. Con todo, a diferencia de lo que sucedió con otros pueblos, pasados a cuchillo por las legiones del Imperio, los romanos brindaron a los britanos solo suaves amenazas.

Los britanos prestaron a Roma una obediencia aparente, mientras el dolor en el fondo de su corazón arraigaba cada vez más su resentimiento.

Con urgencia narrativa, pasa a hablar de la reina BOUDICA, esa brava mujer celta que puso en jaque al Imperio. Dice así el clérigo:

Regresaron a Roma debido a que, según decían, no les pagaban, sin sospecha alguna de rebelión, así que dejaron allí a unos gobernadores para desarrollar más a fondo y consolidar los planes del Imperio. A estos los asesinó la astuta leona (I, 6).

Leona de Cramond. Escultura romana s. III. Museo de Escocia (Edimburgo)

Continúa Gildas diciendo que el Senado tomó medidas ante esta revuelta, para vengarse de los astutos zorros. Los britanos no se fortificaron, no defendieron la costa, sino que ofrecieron la espalda a los escudos, el cuello a las espadas y sus manos a las cadenas, como si fueran mujeres. Se convirtió casi en refrán eso de que:

Los britanos no son valerosos en la guerra pero tampoco fieles en la paz.

Villa romana de Bignor (Sussex)

Pero las versiones de los historiadores TÁCITO (Anales 14, 29-39) y DIÓN CASIO (Historia romana, 62) no suenan igual que la de GILDAS. Verdaderamente los britanos eran temibles. Ambos escritores describen el valor y la determinación de la reina de los icenos, que casi les hace perder el gobierno de Britania en el año 61 d.C., siendo Nerón emperador.

Ella era BOUDICA, BOADICEA en latín o BUDDUG en galés.


Thomas Thornycroft, Boudica y sus hijas (Westminster)

Su nombre habla de ella: «VICTORIOSA», que parece que entronca con una raíz protocelta *bouda, que significa «provecho» o «victoria».

BOUDICA era de la tribu de los icenos, expertos orfebres, fabricantes de torques de oro, acuñadores de moneda propia.

Los icenos coquetearon con Roma, pactando aquí y allá una relativa autonomía.

BOUDICA se casó con PRASUTAGO, rey de los icenos, quien se rindió ante el emperador CLAUDIO en la conquista del 43 d.C. Fue un ardiente aliado de los romanos, hasta tal punto que en su testamento hizo coheredero al emperador y a sus hijas. ¡Incauto!

Sinclair Hill (1927) Boadicea  

A la muerte de PRASUTAGO BOUDICA y sus hijas fueron ignoradas por los romanos: las mujeres en Roma no heredaban.

El fiero conquistador aprovechó la muerte del rey para desposeer a sus herederas de todos los derechos y de toda su fortuna. También se apropiaron de las tierras de la nobleza icena.

BOUDICA fue azotada y sus hijas, violadas.

En los bosques consagrados a la diosa ANDRASTE, diosa de la guerra venerada por la reina, los romanos masacraron a las mujeres britanas: las empalaron, les cortaron los pechos y se los cosieron en la boca.

El emperador Claudio somete a Britania (Afrodisias, Turquía)

Entonces, prendió la chispa de la

REBELIÓN

Mel Gibson (1995), Braveheart

En aquellos días, PAULO SUETONIO, gobernador de Britania, emprendió la campaña contra la isla de Mona, receptaculum perfugarum, guarida de fugitivos, según el historiador Tácito.

Allí se enfrentó a los misteriosos y poderosos DRUIDAS.

Suetonio había leído los informes de Julio César, donde el general explicaba que gozaban de un poder casi omnímodo: religión, justicia, interpretación de las estrellas, autoridad absoluta, en suma. Al parecer, este poder de los druidas hundía sus raíces en Britania, aunque luego se trasladó a la Galia céltica.

Los soldados romanos sintieron sus miembros paralizados, aterrorizados por los aspavientos de los sacerdotes, que poseían una magia arcana. La bóveda celeste refulgía, de sus dedos salían rayos y los romanos dejaron de oír.

Druidas celebrando el solsticio en Stonehenge

En ese momento, les anunciaron la sublevación de Britania.

El inicio de la REVUELTA fue en CAMULODUNUM, el corazón de Roma en Britania, coronado por el templo dedicado al divino Claudio.

Maqueta del Templo de Claudio en Camolodunum (Museo de Colchester)

CAMULODUNUM era el hogar de los veteranos, que campaban a sus anchas. Expulsaban a los nativos de sus casas, abusaban de las mujeres, y los soldados hacían la vista gorda. Tácito dice que la cosa se presentaba fácil, porque

Nuestros jefes estaban más preocupados por la diversión que por el deber.

Thomas Couture, La decadencia de los romanos (Museo de Orsay)

De pronto, se vieron SIGNOS Y PRODIGIOS: el Océano se cubrió de sangre, flotaban cadáveres en las olas. El miedo se apoderó de los veteranos, la esperanza invadió a los britanos. La batalla se trasladó a

LONDINIUM

Puente de Londres ca. 1890

Los romanos infravaloraron a los britanos, solo enviaron una guarnición de 200 hombres. Creían que los nativos lucharían, como siempre, desorganizados y caóticos, mal armados, con los cuerpos pintados de colores, pegando alaridos, pero con escasa eficacia.

Pero no contaron con

BOUDICA

Sinclair Hill (1927) Boadicea

Dión Casio la consideró digna del liderazgo, noble, aguerrida, apasionada, con una inteligencia superior a la de cualquier mujer.

El resentimiento antiguo de la tribu de los trinovantes dio la idea a BOUDICA: debían alzarse contra Roma y liberar a las tribus britanas, castigadas con la esclavitud de sus jóvenes guerreros, ahogadas por los impuestos, siempre humilladas.

BOUDICA pactó con todas las tribus posibles y llegó a formar un ejército de 230.000 hombres y mujeres, según Dión Casio. A los romanos sorprendió este hecho: nunca habían visto mujeres en los ejércitos bárbaros.

El historiador describe con admiración su figura:

ἦν δὲ καὶ τὸ σῶμα μεγίστη καὶ τὸ εἶδος βλοσυρωτάτη τό τε βλέμμα δριμυτάτη, καὶ τὸ φθέγμα τραχὺ εἶχε, τήν τε κόμην πλείστην τε καὶ ξανθοτάτην οὖσαν μέχρι τῶν γλουτῶν καθεῖτο, καὶ στρεπτὸν μέγαν χρυσοῦν ἐφόρει, χιτῶνά τε παμποίκιλον ἐνεκεκόλπωτο, καὶ χλαμύδα ἐπ᾽ αὐτῷ παχεῖαν ἐνεπεπόρπητο.

Era muy alta, de aspecto aterrador, con una mirada feroz y una voz áspera; una gran mata de cabello pelirrojo le caía hasta las caderas; alrededor del cuello lucía un gran collar de oro; y vestía una túnica multicolor sobre la que llevaba un grueso manto sujeto con un broche.

BOUDICA subió a una tribuna y, agitando la lanza para infundir terror entre los presentes, pronunció un extraordinario discurso a sus huestes.

Una liebre salió de su manto. Corrió en la dirección en la que ellos debían ir para comenzar la lucha.

Albrecht Durero

Dijo que los romanos los habían conquistado con promesas falsas y que querían acabar con su modo de vida ancestral, pero:

Es mejor la pobreza sin amo que la riqueza con esclavitud.

Argumentaba con pasión que poseían un mundo propio, separados por el Océano del resto de la humanidad, que habitaban una tierra diferente bajo un cielo diferente. Tenían la obligación moral de dejar a sus hijos la misma realidad.

Infundió coraje entre su pueblo aludiendo a que los romanos necesitaban una vida cómoda: pan recién horneado, aceite y vino. Sin eso, no podían luchar. Ellos, en cambio, podían sobrevivir a base de raíces y cualquier árbol podía servirles de refugio:

δείξωμεν αὐτοῖς ὅτι λαγωοὶ καὶ ἀλώπεκες ὄντες κυνῶν καὶ λύκων ἄρχειν ἐπιχειροῦσιν.

Demostrémosles que son liebres y zorros que intentan dominar a perros y lobos.

Fotografía de P. B. Abery & Wallace Jones , tomada el 11 de agosto de 1909

Finalizó su acalorada arenga con esta sentencia:

 ἢ οὖν περιγενώμεθα αὐτῶν, ἢ ἐνταῦθα ἀποθάνωμεν

VICTORIA O MUERTE

Después de una encarnizada batalla, al fin los romanos se impusieron.

Dión Casio dice que BOUDICA cayó enferma y murió, y que sus compatriotas le dieron un fastuoso entierro. Tácito cree que se suicidó.

Con su muerte, tomaron conciencia de que habían sido derrotados, y se dispersaron refugiándose en sus hogares, por fin sumisos.

Norfolk 1931

TRADUCCIONES: Maite Jiménez, agosto 2026.

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PIRÓMANO

Bombardeo de la aviación alemana sobre Rotterdam (14 de mayo de 1940)

LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO

καὶ κραναᾶς Βαβυλῶνος ἐπίδρομον ἅρμασι τεῖχος

καὶ τὸν ἐπ᾽ Ἀλφειῷ Ζᾶνα κατηυγασάμην,

κάπων τ᾽ αἰώρημα, καὶ Ἠελίοιο κολοσσόν,

καὶ μέγαν αἰπεινᾶν πυραμίδων κάματον,

μνᾶμά τε Μαυσώλοιο πελώριον ἀλλ᾽ ὅτ᾽ ἐσεῖδον

Ἀρτέμιδος νεφέων ἄχρι θέοντα δόμον,

κεῖνα μὲν ἠμαύρωτο † δεκηνιδε νόσφιν Ὀλύμπου

ἅλιος οὐδέν πω τοῖον ἐπηυγάσατο.

(Antípatro de Sidón, AP IX 58)

El TEMPLO DE ARTEMISA en Éfeso, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, según Antípatro de Sidón, sobrecogía al visitante por su bosque de columnas: nada menos que 127, cada una erigida por un rey diferente.

Tambor de una de las columnas del Templo de Artemisa en Éfeso (Museo Británico)

En su construcción participó toda Asia, y el templo estuvo rematado después de 120 años de trabajos. El proceso de edificación y sus pormenores lo cuenta Plinio el Viejo. Dice que es el monumento más maravilloso de la magnificencia griega:

Graece magnificentiae vera admiratio exstat templum Ephesiae Dianae

(NH, XXVI, 21, 95)

También habla de las penalidades sufridas por su arquitecto Quersifrón de Knossos. El artista estuvo a punto de quitarse la vida, pero una noche, la diosa Artemisa en persona le instó a que continuara la tarea, porque ella misma había alzado los pesadísimos arquitrabes.

Templo de Artemisa en Éfeso (Turquía) Foto: Carole Raddato

Cuentan que la idea de erigir un templo a ARTEMISA se debió al rey lidio CRESO, el hombre más rico del mundo. Él financió la mayoría de sus columnas, según cuenta Heródoto.

Los viajeros se maravillaban al contemplar la espléndida estatua de ARTEMISA, llena de fertilidad, la POTNIA THERON, Nuestra Señora de los Animales, que nutre la tierra y cuida de todos los vivientes.

Refiere Vitruvio que era de madera de cedro, a la que no atacan los gusanos y que es prácticamente eterna.

Artemisa Farnese (copia romana). MAN Nápoles.

En las colinas del Monte Pion, un joven pastor apacentaba sus ovejas, que bebían en el río Caístro, al que cantan los cisnes las desgracias del infortunado Faetón.

Sorensen Clarence Woodrow.& Harris Eygene V. Metsovo, Grecia. 1950-1960.

ERÓSTRATO era invisible, un donnadie; pobre, castigado por el sol, vagando por las colinas de Éfeso, contemplaba los fastos del recién consagrado TEMPLO DE ARTEMISA. Sus columnas eran grandes como árboles, sus frisos, decorados con historias enigmáticas.

Y esa diosa magnética que rezumaba leche y miel…

Gaston Casimir Saint Pierre, «Diana cazadora».

Cuando metía las ovejas en el aprisco, contemplaba la ciudad a sus pies y la dibujaba

No paraba de llegar gente al ARTEMISIÓN, que era como todos llamaban al templo. Peregrinos de todas partes se agolpaban en la entrada, deseando ver el interior y venerar a la diosa para que multiplicara sus cosechas y sus animales.

Erich von Luckwald, ca. 1936, Peregrinos en San Antonio de Laç (Albania)

Aquella mañana del sexto día del mes del Hecatombeón hacía mucho sol.

Solo se hablaba de un acontecimiento prodigioso: un niño divino, rubio como Apolo y fuerte como Hércules, había nacido en Pela, en el reino de Macedonia.

Pela (Macedonia) Foto Maite 2023

Decían que sería un gran rey, que conquistaría todas las tierras conocidas y algunas nunca pisadas por los griegos, que tendría la mirada líquida y melena de león.

Busto de Alejandro. Pela (Macedonia) Foto Maite 2023

Cabalgaría con brío, cazaría leones y domaría elefantes.

Se llamaba

ALEJANDRO

Pela (Macedonia). Foto Maite 2023

La diosa ARTEMISA vigiló su alumbramiento y protegió a su madre Olimpia de toda fatalidad.

Ese mismo día por la noche, ERÓSTRATO se lanzó colina abajo y se plantó delante del ARTEMISIÓN.

Estaba harto de ser anónimo, de no poder prosperar, de estar condenado a ser un simple pastor toda su vida.

No se lo pensó dos veces:

INCENDIÓ EL TEMPLO

Así lo contó Plutarco:

ἐγεννήθη δ᾽ οὖν Ἀλέξανδρος ἱσταμένου μηνὸς Ἑκατομβαιῶνος, ὃν Μακεδόνες Λῷον καλοῦσιν, ἕκτῃ, καθ᾽ ἣν ἡμέραν ὁ τῆς Ἐφεσίας Ἀρτέμιδος ἐνεπρήσθη νεώς ᾧ γ᾽ Ἡγησίας ὁ Μάγνης ἐπιπεφώνηκεν ἐπιφώνημα κατασβέσαι τὴν πυρκαϊὰν ἐκείνην ὑπὸ ψυχρίας δυνάμενον εἰκότως γὰρ ἔφη καταφλεχθῆναι τὸν νεών τῆς Ἀρτέμιδος ἀσχολουμένης περὶ τὴν Ἀλεξάνδρου μαίωσιν.

Plutarco, Alejandro 3,3.

«Alejandro nació en el mes Hecatombeón, al que los macedonios llamaban Loo, en el día sexto, el mismo en el que se quemó el templo de Artemisa de Éfeso, lo que dio ocasión a Hegesias el Magnesio para usar un chiste que hubiera podido por su frialdad apagar aquel incendio: dijo que no era extraño que se hubiese quemado el templo, estando Artemisa ocupada en asistir el nacimiento de Alejandro».

Desde aquel día, de todos los que desean salir del anonimato, ganar notoriedad y dejar de ser unos mindundis, se dice que padecen el

SÍNDROME DE ERÓSTRATO

Arcimboldo

En estos casos, no hay nada mejor que mantener en silencio el nombre del autor de la tragedia, como hicieron los efesios con Eróstrato:

«Aquel deseo de gloria fue un sacrilegio, pues se descubrió al que quiso incendiar el templo de Diana en Éfeso para que, una vez destruida tan hermosísima obra, su nombre se divulgara por todo el mundo. Lo colocaron en el potro de tortura por semejante locura y le arrancaron una confesión. Los efesios con razón decretaron borrar el recuerdo de aquel hombre abominable y no se habría conocido de no ser por el ingenioso talento de Teopompo, que lo recogió en sus historias».

(Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables VIII 14)

Traducciones: Maite Jiménez, agosto 2026

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SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA

George Hoyningen-Huene, Jean Patou Swimsuit 1930

Sí; tembra cando no mundo

sintas unha dicha inmensa:

val máis que a túa vida corra

cal corre a iaugua serena

(Rosalía de Castro, «A ventura é traidora» Follas Novas)

Némesis y Tyche. Ánfora de figuras rojas, s.V a.C. Antikensammlung, Berlín.

TYCHE es la fortuna para los griegos. Reparte buena suerte a discreción. No mira mucho a quién se la concede. Es bastante caprichosa, voluble y cede a la casualidad. Pero Tyche tiene una amiga, una hermana, que le susurra al oído y cotillea lo suyo. A veces la recrimina, porque la fortuna, como todo el mundo sabe, es ciega. Su antagonista más leal se llama NÉMESIS.

NÉMESIS viene a poner orden en el caos de TYCHE, y parece querer decirle:

μηδὲν ἄγαν

«NADA EN EXCESO»

Némesis no es venganza, sino justicia retributiva:

SUUM CUIQUE

«a cada uno lo suyo»

Algunos creen que la NÉMESIS tiene que ver con el KARMA कर्म, «acción». Dicen que son las acciones que realiza el cuerpo, tanto el disfrute de los placeres a través de los sentidos, la experiencia de los buenos y de los malos resultados, y también la felicidad.

Y así gira el SAMSARA संसार, la rueda, CHAKRAचक्र del nacimiento, la vida, la muerte y la reencarnación.

Bhavacakra, rueda de la vida tibetana.

Lo que NÉMESIS susurra a TYCHE tiene que ver con la bella AFRODITA.

Afrodita (Psyche) de Capua. Museo Arqueológico de Nápoles.

Todos están convencidos de que ese niñito alado que siempre la acompaña es su hijo EROS, el caprichoso dios del amor.

Afrodita y Phthonos. Museo Arqueológico de Nápoles.

AFRODITA está triste y junto a ella está este ser alado, aparentemente inofensivo, llamado

φθόνος

(Phthónos)

La ENVIDIA muerde, es un pinchazo agudo en el corazón.

Aristóteles dice que se siente por los que son iguales a nosotros, no por sus éxitos, sino por ellos. No deseamos sus logros, ni siquiera los necesitamos. Es el hecho de que ellos lo consiguen y son felices.

Habitualmente se envidia lo que no se puede comprar:

Normalmente el envidioso sufre lo indecible al ver la fortuna ajena. Su daño a los demás es por lo general mínimo, pero la procesión va por dentro.

Pero el φθόνος no es privativo de los mortales…

Nos han enseñado que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Así lo dicen las Sagradas Escrituras:

et creavit Deus hominem ad imaginem suam ad imaginem Dei creavit illum masculum et feminam creavit eos

(Vulgata Latina, Génesis 1: 27)

Capilla Sixtina

En cambio, los GRIEGOS pensaban:

«LOS DIOSES SON COMO NOSOTROS»

Los dioses de los griegos sienten y padecen lo mismo que los humanos, sufren desdichas, experimentan gozo, ardientes deseos, ira, venganza, amor…

Por eso el arte griego los representa como bellos ejemplares humanos:

Efebo de Critios. Museo de la Acrópolis (Atenas)

Pero, en ocasiones, tenemos miedo del capricho de los dioses que habitan en el Olimpo. Ellos también sienten φθόνος, envidia, celos, por la fortuna de los seres humanos.

Eso sintió POLÍCRATES DE SAMOS, el tirano rico y poderoso.

POLÍCRATES se hizo con el gobierno de la isla quitando de en medio a otros aspirantes. Conquistaba, saqueaba y ejercía la piratería. Era inmensamente poderoso. Entonces, deseó hacerse amigo del faraón egipcio AMASIS.

Amasis II, ca. 560 a.C. Walters Art Museum, Baltimore, Maryland.

El faraón contemplaba anonadado los éxitos de Polícrates, cuya suerte parecía no tener límites. Así que, preocupado por el exceso de fortuna del tirano, le escribió esta carta, que ha llegado a nosotros transcrita por el sabio Heródoto de Halicarnaso:

Versión de Heródoto, Historias III, 40.

POLÍCRATES hizo caso a su amigo: era griego, y por tanto supersticioso.

Rebuscó entre sus cosas y encontró un precioso anillo que le había hecho Teodoro de Samos, un magnífico orfebre.

Cartier

Embarcó en uno de sus flamantes navíos y se internó en el mar.

Allí arrojó el anillo por la borda.

Museo Arqueológico de Thera.

Cinco o seis días después, un pescador samio capturó una magnífica lubina. Pensando en que era un pez demasiado valioso para él, que era un pobre hombre, decidió llevárselo a Polícrates. Seguro que sus cocineros se la prepararían con esmero:

Cuando Polícrates se sentó a la mesa y abrió la lubina para comérsela, descubrió que su anillo estaba dentro del pez.

Polícrates se quedó convencido de que aquello era obra de la PROVIDENCIA.

De inmediato escribió una carta al faraón. Al leerla, Amasis se dio cuenta de que Polícrates no iba a tener un final feliz. Quería evitarse un disgusto cuando asistiera a la desgracia de su amigo, así que rompió la relación con Polícrates.

Robert A. McCabe

Creemos que un exceso de felicidad ha de compensarse con dolor.

Un devenir dichoso, una fortuna sostenida y una sonrisa que inunda el semblante podrían despertar la envidia de los dioses.

Hay que balancear, pensamos, como Polícrates, como Rosalía de Castro.

Callamos nuestra buena suerte, nos lamentamos ante los demás por menudencias, empatizamos con las penas ajenas, porque esperamos temerosos el giro de la fortuna: no nos merecemos la felicidad.

A veces, para conjugar la mala suerte que puede sobrevenir, recurrimos a prácticas APOTROPAICAS, que pueden alejar el mal.

Suplicamos, como el poeta Píndaro, que Némesis y Tyche, el karma y la rueda del samsara nos respeten:

ο δ’ αθανάτων μή θρασσέτω φθόνος



«Que la envidia de los dioses no me perturbe»

(Píndaro, Ístmica 7, 39)

George Hoyningen-Huene, Miss Alicia, Swimwear by Patou 1928
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