YO SOY OSIMANDIAS, REY DE REYES

El arqueólogo James Henry Breasted y familia en Abu Simbel (1906)

Estas cosas no solo las relatan en sus escritos los sacerdotes egipcios, sino también muchos griegos que viajaron a Tebas en tiempos de Ptolomeo, hijo de Lago, y que compilaron historias de Egipto (entre ellos Hecateo) que coinciden con las que nosotros referimos.

A diez estadios de las primeras tumbas (donde la tradición dice que estaban enterradas las concubinas de Zeus) se encontraba la dedicada al rey Osimandias.

En su entrada había un pilón de piedra jaspeada de dos pletros de largo y cuarenta y cinco codos de altura. Traspasado este, se llegaba a un peristilo cuadrangular de piedra, cuyas hileras tenían cada una cuatro pletros de largo, y en vez de pilares sus columnas eran bloques monolíticos de dieciséis codos de altura, labradas en estilo antiguo, y que representaban animales. La techumbre era una única pieza de dos brazas de ancho pintada de azul y tachonada de estrellas de colores.

Después de cruzar este peristilo, había otra entrada y un pilón similar al primero, pero de factura más impresionante y cubierto de relieves de todo tipo. En la entrada se erguían tres estatuas monolíticas de piedra negra de Siena, una de las cuales, una figura sedente, es la más grande de todo Egipto, y su pie mide más de siete codos; las otras dos, más pequeñas, a derecha e izquierda de sus rodillas, representan a una madre y una hija. La obra no solo es excepcional por su volumen, sino también tan sorprendente por la técnica escultórica y por la naturaleza de la piedra, que no se aprecia ni la más mínima grieta o imperfección en semejante tamaño. En ella hay una inscipción que reza:

«YO SOY OSIMANDIAS, REY DE REYES. SI ALGUIEN QUIERE SABER QUÉ GRANDE SOY Y DÓNDE YACEN MIS RESTOS, QUE SEA CAPAZ DE SUPERARME EN CUALQUIERA DE MIS OBRAS»

Diodoro Sículo, Bibliotheca Historica 1.46-47

A veces, el espíritu del Grand Tour no se llena de las vivencias en Grecia o en Italia, donde las fragancias de los cítricos inundan los templos de los dioses.

Cuando el viajero llega a Egipto, puede suceder que constate el valor que ha de concedérsele a la fugacidad del tiempo y al olvido.

Reina Tiy
(Imperio nuevo, ca. 1375 a.C. Neues Museum Berlín. Foto Maite Jiménez 2019)

El aventurero italiano Giovanni Belzoni adquirió en 1816 para el Museo Británico la estatua colosal de Ramsés II. El mismísimo Napoleón había intentado hacerse con ella, sin éxito.

Ramsés II (c. 1303-1213 a.C.)

El templo y el palacio de Ramsés, al que Jean-François Champollion bautizó como RAMESSEUM, fue uno de los proyectos más gigantescos del Antiguo Egipto.

Las noticias de los descubrimientos y excavaciones en Egipto eran siempre muy excitantes. Los viajeros desembarcaban cargados de extravagancias, de objetos desconocidos, a veces vestidos a la usanza árabe.

El tiempo que duraba la travesía permitía el despertar de las novelas sobre Egipto.

Percy B. Shelley escribió el soneto OZYMANDIAS en 1817, quizás emocionado por la llegada del coloso de Ramsés, a quienes los griegos llamaban OSIMANDIAS, nombre que oyeron en sus viajes a Egipto y que sonaba más o menos «User-Ma-Ra».    

Abu Simbel (David Roberts)

  La naturaleza y el tiempo destruyen la vanidad del hombre. Así, el coloso apostrofa al poderoso advirtiéndole de que la vida es un camino hacia el olvido.

Conocí a un viajero de una antigua tierra

que me dijo: «Dos imponentes piernas de piedra mutiladas

se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,

medio hundido, yace un rostro destrozado, cuyo ceño

y sus labios apretados, y su gesto de fría autoridad

revelan que el escultor supo representar bien aquellas pasiones

que, grabadas sobre estas cosas sin vida, aún sobreviven

a la mano que las remedó y al corazón que las alimentó.

Y sobre el pedestal rezan estas palabras:

“Mi nombre es Osimandias, rey de reyes:

¡Admirad mis obras, oh poderosos, y perded toda esperanza!”.

Nada queda a su lado: alrededor de la decadencia

de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas, se extienden a lo lejos solitarias y lisas las arenas».

Percy B. Shelley, OZYMANDIAS (1817)

TRADUCCIONES: Maite Jiménez (enero 2022)

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HIC SUNT LEONES

#BOTD 1932 Umberto Eco

HIC SUNT LEONES

Apocalipsis en latín con traducción y comentario en prosa en francés y paráfrasis en inglés medio.
(BL Add MS 18633, fol. 17r.)

―(…)Este libro justificaría la idea de que la lengua de los simples es portadora de alguna sabiduría. Esto era lo que había que impedir, y esto fue lo que hice. Tú dices que soy el Demonio. No es verdad. He sido la mano de Dios.

―La mano de Dios crea, no esconde.

Hay unos límites que no se deben traspasar. Dios quiso que en ciertos folios se escribiese: HIC SUNT LEONES.

―Dios creó también los monstruos. También te creó a ti. Y quiere que se hable de todo.

Umberto Eco, El nombre de la rosa (Séptimo día. Noche)

En la BIBLIOTECA-LABERINTO de la abadía benedictina donde habrán de investigar Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, Umberto Eco diseñó una estancia interior, colocada en el centro del torreón meridional, aparentemente sin entrada:

el FINIS AFRICAE.

En esta BIBLIOTECA DE BABEL parece que hay ciertos saberes custodiados celosamente e inaccesibles para todos, excepto para el abad Abón y para el antagonista de fray Guillermo: Jorge de Burgos.

En la noche del séptimo día, nuestros particulares detectives consiguen entrar en el lugar prohibido. El lector sabe cómo:

Secretum finis Africae manus supra idolum age primum et septimum de quatuor.

Jean-Jacques Annaud, El nombre de la rosa (1986)

En un códice del siglo X, que contiene una miscelánea de textos matemáticos, históricos y astronómicos, se incluyó la Periégesis de Dionisio, traducida al latín por el gramático Prisciano. Se trata de una descripción del mundo hasta entonces conocido.

Una de las partes del ORBIS TERRARUM más misteriosas para los sabios antiguos y medievales era ÁFRICA, tierra de grandes montañas, vastos desiertos y largos ríos. Se creía que allí habitaban criaturas maravillosas, monstruos terribles de los que había que defenderse.

Salterio de Gorleston Gorleston (s.XIV)
BL, Add 49622, fol. 138v

A menudo, en la parte de los mapas que representa ÁFRICA hay unas leyendas que rezan:

HIC SUNT DRACONES (aquí hay dragones)

HIC SUNT LEONES (aquí hay leones)

HIC NASCUNTUR ELEPHANTES (aquí nacen los elefantes).

Mapamundi del Salterio de Westminster (s. XIII) BL Add MS 28681

Para ir a estos territorios inexplorados hay que ser un valiente. También para internarse en una biblioteca.

El mapa de la biblioteca es un mapa de un laberinto. Descubrir un mundo desconocido habitado por monstruos es una hazaña propia de héroes.

Así, los laberintos, las bibliotecas y los laberintos-bibliotecas tienen un centro, donde habita el monstruo. Con el hilo de Ariadna puede el héroe matar a ese minotauro.

Todo tipo de criaturas pueden imaginarse en este mapa de la fantasía: blemias, unicornios, rinocerontes, dragones, cinocéfalos, y también leones.

HIC ABUNDANT LEONES

En el mapa se registran lugares importantes, como el Edén, la zarza ardiente de Moisés, Mesopotamia, la Hispania citerior, el Templo de Salomón, o incluso BRIGANTIA (¡oh!).

Así lo canta Dionisio Periégeta:

Creador de la Naturaleza que contiene el mundo entero,

permíteme, Rey del Cielo, describir en versos dignos

de una materia tan vasta la posición de la tierra y de las aguas,

cuyo imperio tú mismo has entregado a los mortales.

Comienzo mi poema por la extensión de la tierra, la dirección de los mares,

de los ríos y de las ciudades y pueblos repartidos por el mundo,.

Debo hablar del Océano, cuyas aguas rodean la tierra por todas partes,

como una isla que extiende sus inmensas costas en todas las direcciones.

Sin embargo, estos contornos no se cierran en todos los lados formando

un círculo regular, sino que dos de sus orillas orillas se abren como dos brazos,

apretando en los dos extremos la parte donde el sol acelera su curso:

la tierra parece una honda. Pero aunque esta masa es un todo compacto,

los hombres dicen que está dividida en tres partes:

la primera es Libia, luego están Europa y Asia.

Pero Libia está separada de Europa por fronteras muy grandes,

que se extienden en oblicuo desde Gades hasta la desembocadura del Nilo,

donde la tierra de Menfis desciende bajo el eje de Bóreas.

Me gusta pensar que los traductores somos unos exploradores de tierras desconocidas, que nos internamos en lugares ignotos para descubrir mundos nuevos.

En cierta medida somos espías de una biblioteca secreta, y como tales, regresamos a nuestras casas enriquecidos con nuevas lecturas, curtidos en batallas contra monstruos espantosos, pero satisfechos de nuestra hazaña, porque vamos a acercar el saber a los que no fueron a la expedición.

Hemos descifrado el mapa del laberinto, hemos abierto nuestra mente y nombrado lugares del orbe que no tenían nombre.

Detalle de la Crucifixión del Monasterio Visoki Decani en Kosovo (1350)

Hoy, en el día en que Umberto Eco celebraría su nonagésimo cumpleaños, no quiero que los traductores seamos unos traidores.

Hoy nos gustaría ser como fray Guillermo de Baskerville, un investigador valiente e ingenioso, que amaba los códices, que quería que se difundieran y que constantemente repetía a su discípulo Adso lo que decía su maestro Roger Bacon:

LA CONQUISTA DEL SABER PASA POR EL CONOCIMIENTO DE LAS LENGUAS.

Traducciones: Maite Jiménez Pérez (enero 2022)

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HAY QUE DESINFECTAR LA NAVIDAD

Una emisora de radio australiana ha explicado a los niños que Papá Noel o Santa Claus, como lo llaman los anglosajones, no existe, que se trata de un truco tonto y que los regalos en cuestión los compran los padres a escondidas.

Ante esta noticia, los niños se echaron a llorar y los padres y las madres se indignaron. En resumen, una tragedia.

¿Por qué semejante alboroto? ¡La emisora australiana ha hecho bien! Ya no estamos en la Edad Media. Ya es hora de acabar con todas esas patrañas de Papá Noel, del Niño Jesús y de Santa Claus, que no hacen más que confundir a los críos.

Ya basta de supersticiones, de leyendas, mitos y cuentos de vieja.

Criad a los niños en una atmósfera limpia, real, desinfectada, transparente. Enseñadles a llamar al pan pan y al vino vino. Quemad todos los libros de cuentos de brujas, orcos, lobos y barbazules que tanto los aterrorizan, dejando en sus almas tiernas e inocentes siniestras sombras que luego durante toda su vida no son capaces de borrar.

Robert Zemeckis, Disney’s A Christmas Carol (2209)

Y absteneos de contarles historias de espíritus, fantasmas y apariciones: los niños podrían sufrir un duro shock con incontables efectos secundarios en lo más profundo de su psique.

Que aprendan a creer en aquello que pueden ver, en lo que puede ser realmente demostrado, en lo que pertenece al reino de la ciencia: es suficiente.

¿Acaso hay fotografías de elfos y gnomos? ¿Existen grabaciones con discursos en italiano de grillos, zorros, serpientes y cosas así? Entonces, ¿por qué os emperráis en estas estupideces?

¡Venga! Sigamos los consejos de la pedagogía moderna, que los niños tengan la cabeza bien amueblada, sin ilusiones ridículas, sin miedo a la oscuridad: libres de bacterias, racionales, asépticos, vitaminados, insensibles a las angustias nocturnas.

Eduquémoslos quizás también para que no beban vino, no fumen y no coman carne, sino solamente tapioca y ensaladas.

Quitémosles lo sobrenatural, el misterio, lo fabuloso, la fantasía, antes de que se aficionen.

¡Por amor de Dios! sí, ¡convirtámoslos en unos abominables cretinos!

Hagamos de ellos hombres grises y planos, tristes como un menú vegetariano, en perfecta armonía con la razón y con la ciencia, y por tanto terriblemente melancólicos.

Creemos, con la inestimable guía de los psicólogos modernos, una generación de fríos imbéciles presuntuosos.

Ya parece que están aquí. Oh, qué desagradable tristeza producen esos chicos tan serios, capaces de atravesar solos a media noche un antiguo castillo abandonado. ¿Qué mundo les dejaremos? ¿No es para suicidarse?

¿Cómo puede soportarse una vida que no esté llena de ilusiones y de miedos?

FELIZ NAVIDAD

Dino Buzzati, «Bonifica di Natale», en Il panettone non bastò: Scritti, racconti e fiabe natalizie (Mondadori 2004).

TRADUCCIÓN: Maite Jiménez Pérez (diciembre 2021)

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