PIRÓMANO

Bombardeo de la aviación alemana sobre Rotterdam (14 de mayo de 1940)

LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO

καὶ κραναᾶς Βαβυλῶνος ἐπίδρομον ἅρμασι τεῖχος

καὶ τὸν ἐπ᾽ Ἀλφειῷ Ζᾶνα κατηυγασάμην,

κάπων τ᾽ αἰώρημα, καὶ Ἠελίοιο κολοσσόν,

καὶ μέγαν αἰπεινᾶν πυραμίδων κάματον,

μνᾶμά τε Μαυσώλοιο πελώριον ἀλλ᾽ ὅτ᾽ ἐσεῖδον

Ἀρτέμιδος νεφέων ἄχρι θέοντα δόμον,

κεῖνα μὲν ἠμαύρωτο † δεκηνιδε νόσφιν Ὀλύμπου

ἅλιος οὐδέν πω τοῖον ἐπηυγάσατο.

(Antípatro de Sidón, AP IX 58)

El TEMPLO DE ARTEMISA en Éfeso, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, según Antípatro de Sidón, sobrecogía al visitante por su bosque de columnas: nada menos que 127, cada una erigida por un rey diferente.

Tambor de una de las columnas del Templo de Artemisa en Éfeso (Museo Británico)

En su construcción participó toda Asia, y el templo estuvo rematado después de 120 años de trabajos. El proceso de edificación y sus pormenores lo cuenta Plinio el Viejo. Dice que es el monumento más maravilloso de la magnificencia griega:

Graece magnificentiae vera admiratio exstat templum Ephesiae Dianae

(NH, XXVI, 21, 95)

También habla de las penalidades sufridas por su arquitecto Quersifrón de Knossos. El artista estuvo a punto de quitarse la vida, pero una noche, la diosa Artemisa en persona le instó a que continuara la tarea, porque ella misma había alzado los pesadísimos arquitrabes.

Templo de Artemisa en Éfeso (Turquía) Foto: Carole Raddato

Cuentan que la idea de erigir un templo a ARTEMISA se debió al rey lidio CRESO, el hombre más rico del mundo. Él financió la mayoría de sus columnas, según cuenta Heródoto.

Los viajeros se maravillaban al contemplar la espléndida estatua de ARTEMISA, llena de fertilidad, la POTNIA THERON, Nuestra Señora de los Animales, que nutre la tierra y cuida de todos los vivientes.

Refiere Vitruvio que era de madera de cedro, a la que no atacan los gusanos y que es prácticamente eterna.

Artemisa Farnese (copia romana). MAN Nápoles.

En las colinas del Monte Pion, un joven pastor apacentaba sus ovejas, que bebían en el río Caístro, al que cantan los cisnes las desgracias del infortunado Faetón.

Sorensen Clarence Woodrow.& Harris Eygene V. Metsovo, Grecia. 1950-1960.

ERÓSTRATO era invisible, un donnadie; pobre, castigado por el sol, vagando por las colinas de Éfeso, contemplaba los fastos del recién consagrado TEMPLO DE ARTEMISA. Sus columnas eran grandes como árboles, sus frisos, decorados con historias enigmáticas.

Y esa diosa magnética que rezumaba leche y miel…

Gaston Casimir Saint Pierre, «Diana cazadora».

Cuando metía las ovejas en el aprisco, contemplaba la ciudad a sus pies y la dibujaba

No paraba de llegar gente al ARTEMISIÓN, que era como todos llamaban al templo. Peregrinos de todas partes se agolpaban en la entrada, deseando ver el interior y venerar a la diosa para que multiplicara sus cosechas y sus animales.

Erich von Luckwald, ca. 1936, Peregrinos en San Antonio de Laç (Albania)

Aquella mañana del sexto día del mes del Hecatombeón hacía mucho sol.

Solo se hablaba de un acontecimiento prodigioso: un niño divino, rubio como Apolo y fuerte como Hércules, había nacido en Pela, en el reino de Macedonia.

Pela (Macedonia) Foto Maite 2023

Decían que sería un gran rey, que conquistaría todas las tierras conocidas y algunas nunca pisadas por los griegos, que tendría la mirada líquida y melena de león.

Busto de Alejandro. Pela (Macedonia) Foto Maite 2023

Cabalgaría con brío, cazaría leones y domaría elefantes.

Se llamaba

ALEJANDRO

Pela (Macedonia). Foto Maite 2023

La diosa ARTEMISA vigiló su alumbramiento y protegió a su madre Olimpia de toda fatalidad.

Ese mismo día por la noche, ERÓSTRATO se lanzó colina abajo y se plantó delante del ARTEMISIÓN.

Estaba harto de ser anónimo, de no poder prosperar, de estar condenado a ser un simple pastor toda su vida.

No se lo pensó dos veces:

INCENDIÓ EL TEMPLO

Así lo contó Plutarco:

ἐγεννήθη δ᾽ οὖν Ἀλέξανδρος ἱσταμένου μηνὸς Ἑκατομβαιῶνος, ὃν Μακεδόνες Λῷον καλοῦσιν, ἕκτῃ, καθ᾽ ἣν ἡμέραν ὁ τῆς Ἐφεσίας Ἀρτέμιδος ἐνεπρήσθη νεώς ᾧ γ᾽ Ἡγησίας ὁ Μάγνης ἐπιπεφώνηκεν ἐπιφώνημα κατασβέσαι τὴν πυρκαϊὰν ἐκείνην ὑπὸ ψυχρίας δυνάμενον εἰκότως γὰρ ἔφη καταφλεχθῆναι τὸν νεών τῆς Ἀρτέμιδος ἀσχολουμένης περὶ τὴν Ἀλεξάνδρου μαίωσιν.

Plutarco, Alejandro 3,3.

«Alejandro nació en el mes Hecatombeón, al que los macedonios llamaban Loo, en el día sexto, el mismo en el que se quemó el templo de Artemisa de Éfeso, lo que dio ocasión a Hegesias el Magnesio para usar un chiste que hubiera podido por su frialdad apagar aquel incendio: dijo que no era extraño que se hubiese quemado el templo, estando Artemisa ocupada en asistir el nacimiento de Alejandro».

Desde aquel día, de todos los que desean salir del anonimato, ganar notoriedad y dejar de ser unos mindundis, se dice que padecen el

SÍNDROME DE ERÓSTRATO

Arcimboldo

En estos casos, no hay nada mejor que mantener en silencio el nombre del autor de la tragedia, como hicieron los efesios con Eróstrato:

«Aquel deseo de gloria fue un sacrilegio, pues se descubrió al que quiso incendiar el templo de Diana en Éfeso para que, una vez destruida tan hermosísima obra, su nombre se divulgara por todo el mundo. Lo colocaron en el potro de tortura por semejante locura y le arrancaron una confesión. Los efesios con razón decretaron borrar el recuerdo de aquel hombre abominable y no se habría conocido de no ser por el ingenioso talento de Teopompo, que lo recogió en sus historias».

(Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables VIII 14)

Traducciones: Maite Jiménez, agosto 2026

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SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA

George Hoyningen-Huene, Jean Patou Swimsuit 1930

Sí; tembra cando no mundo

sintas unha dicha inmensa:

val máis que a túa vida corra

cal corre a iaugua serena

(Rosalía de Castro, «A ventura é traidora» Follas Novas)

Némesis y Tyche. Ánfora de figuras rojas, s.V a.C. Antikensammlung, Berlín.

TYCHE es la fortuna para los griegos. Reparte buena suerte a discreción. No mira mucho a quién se la concede. Es bastante caprichosa, voluble y cede a la casualidad. Pero Tyche tiene una amiga, una hermana, que le susurra al oído y cotillea lo suyo. A veces la recrimina, porque la fortuna, como todo el mundo sabe, es ciega. Su antagonista más leal se llama NÉMESIS.

NÉMESIS viene a poner orden en el caos de TYCHE, y parece querer decirle:

μηδὲν ἄγαν

«NADA EN EXCESO»

Némesis no es venganza, sino justicia retributiva:

SUUM CUIQUE

«a cada uno lo suyo»

Algunos creen que la NÉMESIS tiene que ver con el KARMA कर्म, «acción». Dicen que son las acciones que realiza el cuerpo, tanto el disfrute de los placeres a través de los sentidos, la experiencia de los buenos y de los malos resultados, y también la felicidad.

Y así gira el SAMSARA संसार, la rueda, CHAKRAचक्र del nacimiento, la vida, la muerte y la reencarnación.

Bhavacakra, rueda de la vida tibetana.

Lo que NÉMESIS susurra a TYCHE tiene que ver con la bella AFRODITA.

Afrodita (Psyche) de Capua. Museo Arqueológico de Nápoles.

Todos están convencidos de que ese niñito alado que siempre la acompaña es su hijo EROS, el caprichoso dios del amor.

Afrodita y Phthonos. Museo Arqueológico de Nápoles.

AFRODITA está triste y junto a ella está este ser alado, aparentemente inofensivo, llamado

φθόνος

(Phthónos)

La ENVIDIA muerde, es un pinchazo agudo en el corazón.

Aristóteles dice que se siente por los que son iguales a nosotros, no por sus éxitos, sino por ellos. No deseamos sus logros, ni siquiera los necesitamos. Es el hecho de que ellos lo consiguen y son felices.

Habitualmente se envidia lo que no se puede comprar:

Normalmente el envidioso sufre lo indecible al ver la fortuna ajena. Su daño a los demás es por lo general mínimo, pero la procesión va por dentro.

Pero el φθόνος no es privativo de los mortales…

Nos han enseñado que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Así lo dicen las Sagradas Escrituras:

et creavit Deus hominem ad imaginem suam ad imaginem Dei creavit illum masculum et feminam creavit eos

(Vulgata Latina, Génesis 1: 27)

Capilla Sixtina

En cambio, los GRIEGOS pensaban:

«LOS DIOSES SON COMO NOSOTROS»

Los dioses de los griegos sienten y padecen lo mismo que los humanos, sufren desdichas, experimentan gozo, ardientes deseos, ira, venganza, amor…

Por eso el arte griego los representa como bellos ejemplares humanos:

Efebo de Critios. Museo de la Acrópolis (Atenas)

Pero, en ocasiones, tenemos miedo del capricho de los dioses que habitan en el Olimpo. Ellos también sienten φθόνος, envidia, celos, por la fortuna de los seres humanos.

Eso sintió POLÍCRATES DE SAMOS, el tirano rico y poderoso.

POLÍCRATES se hizo con el gobierno de la isla quitando de en medio a otros aspirantes. Conquistaba, saqueaba y ejercía la piratería. Era inmensamente poderoso. Entonces, deseó hacerse amigo del faraón egipcio AMASIS.

Amasis II, ca. 560 a.C. Walters Art Museum, Baltimore, Maryland.

El faraón contemplaba anonadado los éxitos de Polícrates, cuya suerte parecía no tener límites. Así que, preocupado por el exceso de fortuna del tirano, le escribió esta carta, que ha llegado a nosotros transcrita por el sabio Heródoto de Halicarnaso:

Versión de Heródoto, Historias III, 40.

POLÍCRATES hizo caso a su amigo: era griego, y por tanto supersticioso.

Rebuscó entre sus cosas y encontró un precioso anillo que le había hecho Teodoro de Samos, un magnífico orfebre.

Cartier

Embarcó en uno de sus flamantes navíos y se internó en el mar.

Allí arrojó el anillo por la borda.

Museo Arqueológico de Thera.

Cinco o seis días después, un pescador samio capturó una magnífica lubina. Pensando en que era un pez demasiado valioso para él, que era un pobre hombre, decidió llevárselo a Polícrates. Seguro que sus cocineros se la prepararían con esmero:

Cuando Polícrates se sentó a la mesa y abrió la lubina para comérsela, descubrió que su anillo estaba dentro del pez.

Polícrates se quedó convencido de que aquello era obra de la PROVIDENCIA.

De inmediato escribió una carta al faraón. Al leerla, Amasis se dio cuenta de que Polícrates no iba a tener un final feliz. Quería evitarse un disgusto cuando asistiera a la desgracia de su amigo, así que rompió la relación con Polícrates.

Robert A. McCabe

Creemos que un exceso de felicidad ha de compensarse con dolor.

Un devenir dichoso, una fortuna sostenida y una sonrisa que inunda el semblante podrían despertar la envidia de los dioses.

Hay que balancear, pensamos, como Polícrates, como Rosalía de Castro.

Callamos nuestra buena suerte, nos lamentamos ante los demás por menudencias, empatizamos con las penas ajenas, porque esperamos temerosos el giro de la fortuna: no nos merecemos la felicidad.

A veces, para conjugar la mala suerte que puede sobrevenir, recurrimos a prácticas APOTROPAICAS, que pueden alejar el mal.

Suplicamos, como el poeta Píndaro, que Némesis y Tyche, el karma y la rueda del samsara nos respeten:

ο δ’ αθανάτων μή θρασσέτω φθόνος



«Que la envidia de los dioses no me perturbe»

(Píndaro, Ístmica 7, 39)

George Hoyningen-Huene, Miss Alicia, Swimwear by Patou 1928
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ANFÍLOCO EN OURENSE

Arquivo do Reino de Galicia

Después de la destrucción de Troya soplaban dulces los vientos y los griegos vencedores se encaminaban hacia las cóncavas naves.

Cratera de estilo geométrico atribuida al pintor de Dípilon (ca. 750 a.C.). Museo del Louvre.

Antes de zarpar, hundieron sus espadas en los muslos de los bueyes que crepitaban al fuego en la playa, brindaron con cálices de oro y plata por la victoria, hicieron gloriosos sacrificios a los númenes patrios y por doquier se oyeron cantos de regocijo que celebraban el regreso.

Estamno ático con escena de sacrificio, ca. 450 a.C. Museo Británico.

El anciano Néstor, señor de Pilos, los animaba a embarcar. Atrás habían quedado la cólera del pélida Aquiles y la furia de Poseidón, dios de los cerúleos mares.

Aquiles y Patroclo. Cílica ática procedente de Vulci, ca. 500 a.C. Antikensammlung Berlín.

Antes de zarpar, los griegos pudieron presenciar otro prodigio. Hécuba, la esposa del rey Príamo, ahogada por sus lágrimas y aullando de dolor, se estaba metamorfoseando en perra. A continuación, el poder de una divinidad la mudó en piedra.

Estatuilla de terracota, ca. 500 a.C. Staatliche Antikensammlungen. Múnich.

Cargaron todas las riquezas saqueadas en las naves, y no solo el oro de Troya y las joyas de Helena, porque también empujaron a las incontables cautivas que eran incapaces de contener más el llanto.

Hidría representando el asedio de Troya atribuida al pintor Cleofrades, ca. 480 a.C. Museo Arqueológico de Nápoles.

No obstante, el adivino Calcante no embarcó. Contemplaba los barcos salpicados por las olas, que escupían salitre a sus ojos. Había visto en sueños el futuro: cómo una tormenta enviada por Zeus, instigado por Atenea, iba a acabar con la vida del joven Áyax en las rocas Caférides de la isla de Eubea. Así castigó el Olimpo el ultraje del hijo de Oileo a la princesa Casandra.

Áyax el Menor fuerza a Casandra, quien suplica ante el Paladio. Tondo de una copa ática de figuras rojas, ca. 440 a.C. Museo del Louvre.

El adivino Calcante conservó el juicio, el destino se lo arrebató a los demás griegos, salvo a uno. El joven ANFÍLOCO, hijo de Anfiarao, se quedó con Calcante en la playa.  A ellos les estaba reservado viajar a tierras desconocidas, allí donde el sol se hunde en el horizonte.

Playa de Perbes (Miño-A Coruña) Foto Maite 2023.

Anfíloco era un muchacho valiente, dotado, como su padre, con el don de la profecía, como cuenta Quinto de Esmirna.

Había estado dentro del vientre del caballo de madera, sintió la flecha del sacerdote Laoconte y los gritos desesperados de sus hijos, enredados por las serpientes de Poseidón.

En su periplo por el vinoso mar, Anfíloco se internó con su camarada Mopso en la Cilicia, tierra de arenas calientes, y ambos fundaron la ciudad de Malo.

Tumbas romanas de Imbriogon (Cilicia) Foto Carole Raddato

Pasaron los meses y las disputas por el gobierno de la ciudad sembraron la enemistad entre Anfíloco y Mopso. Algunas crónicas cuentan que Calcante murió allí, y que Anfíloco se exilió voluntariamente, lleno de dolor por haber perdido a un amigo y a su maestro.

Herbert List

Cuenta el sabio Heródoto de Halicarnaso que el joven prosiguió su navegación, y fundó la ciudad de Posideo, cerca de Siria, cuyas arenas dicen que son negras.

Ras al-Bassit 

Anfíloco echaba de menos su Argos natal, pero sabía que no podía volver a pisar suelo griego. Los tebanos no se olvidaban de la conquista de su ciudad, primero atacada por su padre y luego tomada por él y su ejército.

El descubrimiento de los Bronces de Riace en 1972. El Bronce B, el hombre adulto, podría ser Anfiarao, padre de Anfíloco.

En estas circunstancias, Anfíloco se convirtió en emigrante.

Resignado por su suerte, decidió navegar hacia donde había ido el sagaz Odiseo. Sabía que había traspasado los límites del mundo conocido y que había fundado una ciudad que lleva su nombre en la desembocadura de un río muy importante: Olisipo

Así las cosas, navegó hacia poniente, animado por la perspectiva de empezar de cero.

En su viaje, se enteró que el joven Diomedes había recalado en otro estuario muy amplio, donde desemboca un río muy grande que baña un territorio lleno de misterio, muy verde y amable. LLaman a esa ciudad Tyde. Desembarcó allí y permaneció con él apenas una semana.

Tui (Pontevedra) 1965

Allí también tuvo noticias de que el audaz arquero Teucro ocupaba otra ciudad asentada en un río un poco más pequeño, pero también muy hermoso.

Pontevedra

Su nave no era muy grande, así que continuó el curso del río para adentrarse en un territorio lleno de bosques y de vides, de suaves ondulaciones y aguas calientes medicinales y que deslumbraban al visitante por sus intensos reflejos dorados. Ya había oído que aquellas tierras occidentales estaban bañadas por un río rico en oro, y aún sin explotar.

Termas da Chavasqueira (Ourense) Foto Maite 2016
As Burgas (Ourense) Foto Maite 2016

Todas las crónicas y el testimonio de personas importantes, duchas en la ciencia de la geografía, aseguran que Anfíloco fundó una ciudad en las riberas de un río rico en oro. Así lo dice Estrabón:

Asclepíades de Mirlea dice que algunos de los que siguieron a Teucro en su expedición se asentaron entre los galaicos y que allí había dos ciudades: una llamada Helenes y otra Anfílocos, pero, tras la muerte de Anfíloco, sus seguidores se adentraron en las tierras del interior.

Inauguración del monumento a Curros Enríquez bajo el Puente romano de Ourense. Foto José Pacheco 1913.

Gallaeciae autem portio Amphiloci dicuntur.

Al historiador Justino no le cabe duda de que los ANFÍLOCOS son una parte de Galicia, cuyo nombre se remonta a este joven que quedó prendado del verdor de sus tierras, de su hospitalidad y de sus fértiles viñas. Así lo demuestra también su culto a Dioniso.

Dioniso y Ampelos (Mourazos-Verín) Museo Arqueológico de Ourense

Los KALLAICOI, gentes de piel blanca como la leche, como su cielo estrellado, donde se ve la Vía Láctea, como decían los antiguos, tienen raíces griegas, no solo por Anfíloco, por Teucro o Diomedes, sino también por Hércules, que perdió la cabeza por una princesa de estas tierras, dando origen al nombre de Gallaecia.

Torre de Hércules (A Coruña)

Las crónicas de AURIA, la ciudad de Anfíloco, llamada así por el oro de su río, refieren que a la muerte del capitán griego, un grupo de hombres muy instruidos se reunían en esta Atenas gallega, y que de sus escritos aprendieron mucho los galaicos, lo que permitió su camino hacia la modernidad.

Nunca se olvidaron de sus ilustres orígenes ni del espíritu griego que inundaba su pensamiento:

Miguel Robledo para Aira editorial

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