La mujer más bella del Mediterráneo, capricho de príncipes y objeto de deseo.
Eso es:
capricho y objeto.
Maureen O’Hara
Sus hermanos los DIÓSCUROS, Cástor y Pólux, se empeñaron en llevar a cabo empresas importantes para forjar su educación heroica.
Su primera misión fue rescatarla de los brazos del inestable príncipe Teseo, que quería una hija de Zeus. En esta aventura los ayudó ACADEMO, que conocía bien Atenas.
«Prisonnier barbare et Callipygian Venus» , Versailles 1966, (Robert Doisneau)
Para asegurar la cohesión de la flota griega ante el inminente viaje a Troya, su padre Tindareo, asesorado por el sagaz Odiseo, arrancó un juramente a los innúmeros pretendientes: acudirían en ayuda del elegido como esposo de Helena en cualquier circunstancia.
En un papiro antiguo se conserva la lista de pretendientes de la princesa. Algunos nombres son muy conocidos:
Agamenón
Anfíloco
Áyax el Grande
Áyax el Menor
Diomedes
Filoctetes
Idomeneo
Licomedes
Macaón
Menelao
Menesteo
Néstor
Odiseo
Patroclo
Teucro
MENELAO, hijo de Atreo, hermano de AGAMENÓN, resultó agraciado en esta especie de concurso.
A Helena le pareció la opción mejor, porque tenía un «perfil bajo». Aunque, al final, TINDAREO lo eligió para sucederlo y ella se convirtió en reina de Esparta.
Evelyn De Morgan
HELENA se casó con MENELAO porque era un rey para tiempos de paz. Quería una vida normal y tranquila en Esparta. Su marido no tenía grandes pretensiones: sería una buena manera de que no la pretendieran más a ella.
Luego vino aquello de la embajada de Príamo, con el bello PARIS al frente. No fue un rapto. HELENA se fue voluntariamente.
PARIS había sido abandonado cuando era un bebé. Su madre HÉCUBA vio la desgracia de Troya en sueños. El padre PRÍAMO cometió un error típico de rey: abandonar al niño para que no se cumpliese la profecía. Tenía la esperanza de que sus rizos rubios inspirasen piedad en alguno. Su súbdito Agelao lo adoptó y lo crio como a un hijo.
PARIS nació por segunda vez al ganar los juegos que hacía su padre en su honor cada año. El muchacho tenía hambre de gloria, quería demostrar el poder de su sangre. Todos los huérfanos, expósitos, supervivientes y SEGUNDONES actúan igual.
Frontón del Templo de Egina (Gliptoteca de Munich)
Con el amor de HELENA quería ser más grande que HÉCTOR.
Su hermano era su sombra: era contenido, tenía dominio de sí mismo, era el heredero, el guardián de Troya. En cambio él era apasionado y con tendencia a la melancolía.
Helena y Paris (Pompeya)
HELENA desea en su fuero interno que vea algo más en ella que lo que ven siempre los hombres.
Dicen que las mujeres hermosas son patrimonio de todos, pero que ellas no poseen nada propio. Se siente culpable de su propia belleza: despierta deseo en los hombres y odio en las otras mujeres.
Un enorme peligro se cierne sobre ella: la ira de los dioses, los celos de las diosas, que envidian que algún mortal sobresalga.
En la Guerra, PARIS y MENELAO se enfrentaron en combate singular. Menelao lo derrotó, pero a Paris lo salvó Afrodita envolviéndolo en un manto de niebla.
Y DESPUÉS DE LA GUERRA, EL SEXO:
ὡς σέο νῦν ἔραμαι καί με γλυκὺς ἵμερος αἱρεῖ.
«Así es como yo ahora te amo y un dulce deseo se apodera de mí»
(Ilíada III, 446)
Goerge Sherman, Asalto al Fuerte Clark (1953)
Pero MENELAO vino a por ella. Cree que la perdonó. Al menos no tuvo estómago para clavarle su espada: se le cayó de las manos. De nuevo su belleza hizo que los que la miraban no vieran nada más a su alrededor.
HELENA piensa que el matrimonio siempre es un pacto desigual. Podría haber sido peor. Podría haber elegido a un mediocre que fuera lo suficientemente listo para hacerle pagar el hecho de que ella era mejor.
El precio de su esplendor será su soledad.
N.B.
Esta entrada está inspirada en el relato de Michela Murgia, «Elena», incluido en este precioso libro:
Kalymnos (Grecia) Pescadores de esponjas (ca. 1950).
Después de algunas aventuras en la odisea que llamaron la Navigatio Sancti Brendani abbatis, el intrépido monje irlandés san Brandán y sus compañeros llegaron a una isla maravillosa.
Beda, Vita Sancti Cuthberti. The British Library Add MS 39943, fol. 2b
Entonces el santo padre y los suyos se vieron arrastrados de aquí para allá por las aguas del océano durante tres meses. No veían nada más que el cielo y el mar. Comían solo cada dos o tres días.
Un día, apareció cerca de ellos una isla. Se acercaron a su costa, pero el viento los arrastró a un lado. Así, navegaron dando vueltas a la isla durante cuarenta días, sin encontrar un puerto. Los monjes que iban en el barco empezaron a pedirle llorando al Señor que los ayudase, porque estaban exhaustos y empezaban a flaquearles las fuerzas.
Histoire d’Outremer, The British Library Yates Thompson MS 12, fol. 58v (s. XIII)
Después de pasar tres días en ayuno y oración, apareció ante ellos un puerto estrecho, en el que solo cabía un barco, y también aparecieron dos fuentes, una de agua turbia y la otra de agua clara. Los hermanos se apresuraron a coger agua en vasijas.
Un hombre de Dios, al verlos, les dijo:
―Hijos míos, no vayáis a hacer una cosa prohibida sin el permiso de los ancianos que viven en esta isla. El agua que queréis beber furtivamente ellos os la darán de buena gana.
Fuente de los cuatro ríos del Paraíso. Walters Art Museum, Baltimore W.171.19V (ca. 1400).
Entonces, desembarcaron y, cuando estaban decidiendo a dónde dirigirse, apareció un anciano muy serio que tenía el cabello del color de la nieve y el rostro resplandeciente; se postró tres veces en la tierra y a continuación besó al hombre de Dios.
San Brandán y sus compañeros lo levantaron del suelo. Después de besarse, el anciano cogió de la mano al santo padre y caminó con él la distancia de casi un estadio hasta un monasterio.
Consagración del altar mayor de la abadía de Cluny por el papa Urbano II el 25 de octubre de 1095. Miscellanea secundum usum ordinis Cluniacensis. BNF, Lat. 17716, fol. 91
San Brandán se detuvo con sus hermanos ante la puerta del monasterio y le dijo al anciano:
― ¿De quién es este monasterio?¿Quién está al mando? ¿De dónde son los que viven en él?
El santo padre le hizo varias preguntas al anciano, pero no obtuvo ninguna respuesta de él, que tan solo le indicaba suavemente con la mano que guardase silencio. Se dio cuenta de inmediato de la norma de aquel lugar y advirtió a sus hermanos diciéndoles:
―Absteneos de hablar para no contaminar a estos hermanos con nuestra charla.
Después de esta prohibición, les salieron al encuentro once hermanos que llevaban relicarios, cruces e himnos, y recitaban este capítulo:
―Salid, santos de Dios, de vuestras moradas e id al encuentro de la verdad. Santificad este lugar, bendecid al pueblo y dignaos a custodiarnos a nosotros, vuestros siervos, en paz.
Roman de la Rose (The British Library. Royal 19 B XIII f. 4, s. XIV)
Una vez recitado el versículo, el abad del monasterio besó a san Brandán y a sus compañeros uno a uno; de igual manera también los monjes besaron a la comunidad del hombre santo.
Después de intercambiarse el beso de la paz, los guiaron al monasterio en oración, como es costumbre en las tierras de Occidente.
A continuación, el abad del monasterio y los monjes les lavaron los pies a sus huéspedes y cantaron la antífona «Un nuevo mandamiento os doy». Cuando terminaron, los condujo en absoluto silencio al refectorio.
Libro de Horas. The Morgan Library MS H.5 fol. 120r. ca. 1500.
Tocaron la campanilla, se lavaron las manos y el abad ordenó a todos sentarse. Al segundo toque de la campanilla, uno de los hermanos del monasterio se levantó y sirvió en la mesa unos panes maravillosamente blancos y unas raíces de increíble sabor. Los monjes se sentaron intercalados con los huéspedes. Se sirvió un pan entero para cada dos hermanos. Con otro toque de campanilla, el mismo monje que servía la mesa repartió la bebida a los hermanos.
Salterio. s. XIII. Brugge, Openbare Bibliotheek, Ms. 008, f. 4v.
El abad animó a los monjes con estas palabras:
―De aquella fuente de la que hoy queríais beber furtivamente, hacedlo ahora como un acto de hospitalidad, con alegría y temor de Dios. En la otra fuente que visteis, que tenía el agua turbia, es donde se lavan todos los días los pies los hermanos, porque siempre está caliente. Los panes que veis, no sabemos dónde se hacen o quién los trae a nuestra despensa. Lo que sí sabemos es que Dios, en su inmensa caridad, nos los proporciona mediante alguna de sus criaturas. Aquí somos veinticuatro hermanos; todos los días tenemos doce panes en la comida, uno para cada dos. En las fiestas y en los domingos Dios nos da un pan entero a cada uno, para que podamos cenar con las sobras; solo porque habéis venido tenemos ración doble. Así nos alimenta Cristo desde los tiempos de san Patricio y san Albeo, nuestro padre, hace ya ochenta años. Con todo, la vejez y la debilidad han afectado poquísimo a nuestros miembros; en esta isla no necesitamos nada para comer que se prepare al fuego; no nos castigan nunca ni el frío ni el calor. Pero cuando llega el momento de las misas y de las vigilias, en la iglesia prendemos unas lámparas que trajimos de nuestra tierra por designio divino, que han estado encendidas hasta la fecha y ninguna ha menguado en su luz.
Libro de Horas. The Morgan Library MS M.1004 fol. 170r. ca. 1420.
Después de que bebieron, el abad tocó la campanilla tres veces, conforme a la costumbre, y los monjes se levantaron de la mesa al unísono en absoluto silencio y con solemnidad, y se encaminaron a la iglesia delante de los santos padres: san Brandán y el abad del monasterio. Entraron en la iglesia, y he aquí que doce monjes les salieron al encuentro y se arrodillaron rápidamente ante ellos. Cuando san Brandán los vio, dijo:
―Abad, ¿por qué estos monjes no han comido al mismo tiempo que nosotros?
El abad contestó:
―Por vosotros, porque no cabíamos todos en la mesa. Comerán ahora y no les faltará de nada. Nosotros, entremos en la iglesia y cantemos las vísperas, para que nuestros hermanos, que van a comer ahora, puedan cantar a tiempo las vísperas después de nosotros.
Cuando remataron el oficio de vísperas, san Brandán empezó a fijarse en cómo estaba construida la iglesia. Era cuadrada, tan larga como ancha, y tenía siete lámparas, tres delante del altar, que estaba en el centro, y dos delante de los otros dos altares. Los altares eran de cristal cortado a escuadra, los vasos también eran de cristal, lo mismo que las patenas, los cálices, las vinajeras y el resto de recipientes para el culto divino; también había veinticuatro asientos en círculo; el abad se sentaba entre los dos coros. Un grupo empezaba en él y también terminaba en él; lo mismo ocurría con el otro grupo. Ninguna de las dos partes se atrevía a entonar un versículo antes que el abad, y en el monasterio no se oía ninguna voz ni ningún ruido. Si algún monje necesitaba algo, iba donde el abad, se arrodillaba ante él y le pedía dentro de su corazón lo que necesitaba. Al momento, el santo padre cogía una tablilla y un punzón, escribía lo que Dios le revelaba y se la entregaba al hermano que le pedía consejo.
Santa Eduvigis supervisa la construcción de un convento (The J. Paul Getty Museum, Los Angeles, Ms. Ludwig XI 7, fol. 56, 83.MN.126.56).
Mientras san Brandán meditaba sobre todo esto, el abad le dijo:
―Padre, es hora de regresar al refectorio para hacer las cosas con luz.
Procedieron de la misma manera que en la comida. Una vez que terminaron todo según el orden del día, todos se dirigieron a toda velocidad acompletas.
Entonces, cuando el abad pronunció el versículo: «Dios, ven en mi ayuda» y todos honraron a la Trinidad, empezaron a cantar este versículo:
― Injustamente hemos obrado, iniquidad hemos cometido. Tú, que eres un padre piadoso, perdónanos, Señor. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me harás estar confiado.
Después, cantaron el oficio que correspondía a esa hora. Cuando completaron el orden de los salmos, todos los hermanos salieron cada uno para su celda, llevándose a los huéspedes consigo.
Monjes cantando. Salterio y Libro de Horas de Saint Omer (The British Library BL Yt 43, fol. 100)
El abad se quedó con san Brandán en la iglesia, esperando a que se hiciera de día. Cuando san Brandán le preguntó al santo padre por el silencio de los monjes, por cómo se comunicaban y cómo podían soportarlo, el abad respondió con inmensa reverencia y humildad:
― Padre, ante mi Cristo lo declaro: hace ochenta años llegamos a esta isla. No oímos ninguna voz humana, excepto cuando cantamos alabanzas a Dios. Entre nosotros no usamos la voz, sino únicamente señales de los dedos o de los ojos, y solo los más ancianos. Desde que llegamos a este lugar, ninguno de nosotros ha sufrido enfermedades del cuerpo o del espíritu, las que afligen al común de los mortales.
San Brandán dijo:
―¿Podemos quedarnos aquí o no es posible?
El abad dijo:
―No podéis, porque esa no es la voluntad de Dios. ¿Por qué me preguntas a mí, padre? ¿No te reveló Dios lo que tenías que hacer antes de que vinieses aquí, con nosotros? Tienes que regresar a tu tierra con catorce de tus hermanos. Allí ha preparado Dios vuestra sepultura. Pero de los dos que quedan, uno peregrinará a la que llaman «Isla de los anacoretas», mientras que el otro será condenado a una muerte vil en los infiernos.
Vida de los Padres del desierto (Manuscrito Kaffa, nº 85 de la Biblioteca del Patriarcado armenio en Jerusalén)
Mientras hablaban entre ellos de estas cuestiones, he aquí que, a la vista de todos, una flecha de fuego entró por la ventana y encendió todas las lámparas que estaban delante de los altares. A continuación, la flecha dio la vuelta y salió para afuera. Sin embargo, una luz brillantísima se quedó en las lámparas.
Entonces, san Brandán preguntó quién apagaba las lámparas por la mañana. El santo padre le dijo:
―Ven y contempla el misterio. Aquí estás viendo velas encendidas en unos recipientes; sin embargo, ninguna de ellas se consume ni mengua de tamaño, y por la mañana no quedan pavesas, porque es luz espiritual.
San Brandán dijo:
― ¿Como puede una luz espiritual arder físicamente en una criatura física?
El anciano respondió:
―¿No has leído lo de la zarza ardiente en el monte Sinaí? La zarza fue inmune al fuego.
Moisés y la zarza ardiente. Manuscrito Haggadá de Sarajevo (ca. 1350)
Velaron toda la noche hasta por la mañana. Entonces, san Brandán pidió permiso para continuar su viaje. El anciano le dijo:
―No, padre. Tú debes celebrar con nosotros la Navidad del Señor hasta ocho días después de la Epifanía.
Así que, el santo padre y sus compañeros se quedaron ese tiempo con los veinticuatro padres en la isla de la comunidad de san Albeo.
FELIZ NAVIDAD
TRADUCCIÓN DEL LATÍN: Maite Jiménez (diciembre 2025)
La Dama de Shalott vive en una torre, en una isla del río, cerca de Camelot. Su mente flota en las sombras. No puede ver el mundo, solo las imágenes reflejadas en su espejo mágico.
Teje sin descanso.
ESPERA…
Un día, la dama ve al caballero Lancelot que cabalga hacia el reino de Arturo. Se enamora del gallardo joven. Escapa de su prisión y se dirige en una barca hacia Camelot. Antes de llegar, muere.
La Dama de Shalott AMÓ DE LEJOS.
J.W.Waterhouse
Para hablar de las personas como un psicólogo profesional, no hay nada mejor que jugar a los
Para la MUJER-VIRGEN, nuestra diosa será ÁRTEMIS-DIANA, joven montaraz y cazadora, libre, activa y dinámica. Sus amantes salieron muy malparados.
Gaston Casimir Saint-Pierre
ESPOSA
Para la MUJER-ESPOSA, ninguna mejor que HERA-JUNO, esposa del padre de los dioses: fuerte y decidida, pero sufridora de las repetidas infidelidades de su marido.
AMANTE
Bella, cautivadora, sexy, irresistible, la MUJER-AMANTE es en la mente de los hombres la diosa AFRODITA-VENUS. Ellos sueñan con aquello de
La MENOPAUSIAes una clasificación de las mujeres basada exclusivamente en la REPRODUCCIÓN: en esta etapa de la vida femenina, ya no somos «productivas». Así lo dice la etimología:
μήν, μηνός, «mes»
παῦσις , εως, «cese»
Norman Parkinson, Ina Balke wearing Nina Ricci, 1961
Mientras, en el mundo de los hombres, su clasificación es bien distinta, dicen los psicólogos de la internet:
David Gandy
A ellos los clasifican por sus APTITUDES:
REY
GUERRERO
AMANTE
MAGO
Casi todas las cosas empezaron con la
GUERRA DE TROYA
Y todas las historias con sustancia y espesor surgen a partir de los
νόστοι
Los regresos de los griegos vencedores a sus patrias. Seguro que en aquellos largos diez años de guerra, todos sufrieron la ENFERMEDAD DEL PAÍS:
Reina de Ítaca, esposa fiel, resignada, que ha de cuidar de Telémaco, hijo de Odiseo, hasta que se haga un hombre. Vela por la conservación del hogar. Está siempre triste, pero debe estar a la altura.
Recuerda cuando ella y Odiseo eran jóvenes, antes de que a Paris se le ocurriera armar la de Troya y a Agamenón formar la escuadra para vengar «el rostro que lanzó mil naves».
Paul Newman y Joan Woodward en 1956
Resiste las insistencias de los pretendientes, que no la desean a ella, sino el trono de Ítaca.
Teje sin cesar, confecciona un TEXTUS, una historia, la de Odiseo, su odisea, la que cantará ese poeta ciego que llaman Homero.
Fragmento de la Odisea
Mientras, en el mundo de Odiseo, en su navegación errática por el Mediterráneo, que duró otros diez años, bellas mujeres ocupan su cama:
NAUSÍCAA en la isla de los feacios
Mario Camerini, Ulises (1954)
CIRCE en la isla de Eea
Mario Camerini, Ulises (1954)
CALIPSO en la isla de Ogigia.
La bella diosa le dice:
SI TE QUEDAS CONMIGO, SERÁS INMORTAL
Algunos dicen que Odiseo se lo pensó. Otros dicen que el héroe decidió seguir siendo mortal, porque lo que no tiene límites no se valora ni se aprecia. Así que, volvió con Penélope: veinte años no es nada.
Penélope es :
NOSTALGIA DE LA JUVENTUD
FIDELIDAD
COMPROMISO
OBLIGACIÓN
Lo que Odiseo no sospechó ni por asomo es que la historia no sucedió como la contaron, sino así:
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.
FIN
Augusto Monterroso, La tela de Penélope o quién engaña a quién
Maria Callas en el rodaje de Medea (1969), de P.P. Pasolini.
Esta prodigiosa mujer también vivió un NOSTOS, un regreso, el deJASÓN y los intrépidos argonautas.
Maria Callas en el papel de Medea, de Luigi Cherubini.
Ella fue maga, virgen, poderosa, aunque también outsider, como todas las hechiceras, sobre todo porque son mujeres.
Por buscar reinos extranjeros, abandoné los míos.
Séneca, Medea, 478
Ayudó a Jasón a uncir los bueyes que exhalaban fuego, a vencer a los guerreros nacidos de dientes de dragón, a robar el VELLOCINO DE ORO.
Pintor de Licurgo, s. IV a.C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Engañó a las hijas de Pelias, que hirvieron a su padre, y llegó a asesinar a su hermano Apsirto.
POR AMOR
Ya en Corinto, reinando con Jasón, Medea se mira en el espejo. Ve los estragos del tiempo. Es inexorable.
Mientras, Jasón luce un físico envidiable: es un madurito cañón.
No se rinde, quiere hacer magia contra el tiempo.
Para mitigar el desastre, recurre al fitness.
Y a la cirugía
La fortuna teme a los valientes, oprime a los cobardes.
Séneca, Medea, 159
Sabe que Jasón va a dejarla por esa princesita joven. Sucederá lo que siempre ha visto en los parques de Corinto: al cincuentón paseando un bebé, un nuevo hijo. Todos dejan a la vieja esposa y caen rendidos ante la treintañera que quiere hacer el nido.
Presa de un furor incontrolable, asesina a sus propios hijos, que también son los de Jasón:
¿Tanto ama a sus hijos?
Está bien, está atrapado, está claro dónde lo heriré.
Séneca, Medea 549-5
Ahora soy Medea. Mi magia ha crecido con mis crímenes.
Séneca, Medea 910
Y para escapar, surcará los cielos en su carro alado:
Gracias a su hermana Ariadna y su treta del hilo él salió del laberinto de Knossos. Pero a su hermana la abandonó en la isla de Naxos. Sus metas eran más altas que casarse con esta muchacha tan sosa.
Ariadna medicea (Uffizi)
Luego vino Hipólita, reina de las amazonas, con la que tuvo a HIPÓLITO.
Salinurfa
HIPÓLITO, hijo de Teseo, guapo a rabiar. Se convirtió en el objeto de sus deseos, de su frustración, de su cautiverio en un matrimonio en el que era invisible. Todos la criticaron. Ella estaba en la menopausia, él era un joven prometedor, el heredero. ¿Y si hubiese sido al revés? ¿Dirán lo mismo?
Anthony Perkins en Atenas durante el rodaje de Fedra (Jules Dassin,1962)
FEDRA lo tiene todo, eso dicen. Pero TESEO también tiene a Pirítoo, su íntimo amigo, su amante. Eso es lo que se comenta.
El ataque de los centauros en las bodas de Pirítoo y Laodamía
FEDRA se mira en el espejo: arrugas, flaccidez, la Esfinge, dueña del tiempo, la devora. Se siente melancólica, inservible, acabada.
Cede a los deseos de su marido, pero ya no le gusta acostarse con él.
Dicen que el amor es más fuerte cuanto más tardío. Ella es lo que siente por Hipólito.
Las cosas funcionan porque la reina YOCASTA se ocupa de todo.
Multitasking, lo llaman ahora.
También de su marido, que tiende a la melancolía.
P.P. Pasolini, Edipo re (1967)
Ella no es como otras mujeres, que se ponen lencería sugerente y vuelven locos a los hombres. Es fundamentalmente madre.
Lo único que le importa es que EDIPO sea feliz, que no la deje. No podría vivir sin él. Por eso lo cuida como si fuese un hijo. Quizás lo es…
Su psiquiatra le dice que está esterilizando a su marido, que lo está convirtiendo en un niño eterno, que lo manipula, lo controla, lo ha hecho absolutamente dependiente de ella. Lo que el médico no sabe es que eso la hace feliz.
Porque ella es como WENDY, madre todo el tiempo. No sabría ser otro tipo de mujer. Está envejeciendo muy rápido, los chicos son ya mayores. ¿No es mejor así? Se siente imprescindible.
MENOPÁUSICAS, mujeres mayores, hoy en la mediana edad, invisibles, también para su familia. Su belleza se está marchitando. Aún no son ancianas, pero la Esfinge, devoradora del tiempo, les avisa de que ese tiempo llegará más pronto que tarde.
Esfinge de Naxos (Museo Arqueológico de Delfos)
«Podría partir de Elsa Morante, que dice que nadie piensa que una madre tiene cuerpo de mujer. Para los hijos y las hijas las madres tienen cuerpos informes. También nosotros lo hemos pensado y quizás aún lo pensamos de nuestras madres».
L´amica geniale, Temp. 4 cap. 2 “La dispersione”
Gracias a mis amigas Begoña, Matu, María, Ana y Geli, con las que compartí estas reflexiones una tarde de agosto.
"...y, claro, todo eso serán interrupciones si logro reanudar el trabajo. Pues me saldrá como siempre un trabajo tartamudo. Bueno, qué le vamos a hacer." Gonzalo Torrente Ballester