MI GRAN BODA GRIEGA

MI GRAN BODA GRIEGA

Joel Zwick, Mi gran boda griega (2002)
A Helena de Troya

πολλὰ μὲν Κυδώνια μᾶλα ποτερρίπτουν ποτὶ δίφρον ἄνακτι,
πολλὰ δὲ μύρσινα φύλλα
καὶ ῥοδίνους στεφάνους ἴων τε κορωνίδας οὔλας.

(Estesícoro, 187PMG)
Muchos membrillos le arrojaban dentro del carro al rey Menelao,
muchos ramos de mirto,
y coronas de rosas, y guirnaldas de violetas trenzadas.

Afirman que todos los matrimonios son felices de la misma manera.

Hay muchos que lo niegan, y ponen como ejemplos de parejas felices a Héctor y Andrómaca, que hasta que Héctor murió lo fueron.

Gracias a la fiel y constante Penélope, el matrimonio con Odiseo resistió una ausencia de veinte años y una navegación errática por el Mediterráneo, además de varios amores largos e intensos.

Todas las aventuras de Zeus no menguaron la pasión inconmensurable del padre de los dioses hacia su mujer Hera. Al parecer ella también sentía el mismo ardor cada vez que se encontraban.

Quizá el ESTÁNDAR DE FELICIDAD en el matrimonio de los griegos no fuera el mismo que hoy. Es difícil saberlo, y es demasiado fácil generalizar.

El matrimonio no tiene que ver con el AMOR: es una obligación social, un contrato, un pacto que une la tribu y garantiza la cohesión y la supervivencia: hay que tener niños.

A pesar de todo, las novias tienen la ilusión de que un desnudo Eros visitará su cuarto antes de la boda.

Es muy posible que las chicas griegas solo aspiraran a soportar a su marido, tener descendencia, satisfacer las aspiraciones de su padre y llevar una vida tranquila recluida en el gineceo de la casa.

Y tendrán que hacer todas las labores del hogar.

Muchas veces el marido era un treintañero curtido en batallas amorosas, que rejuvenece con una niña de tan solo catorce años, con buena dote y muy fértil, que bajo los auspicios de Hera tendrá varones fuertes que den lustre a su casa.

La PASIÓN y el AMOR estaban en otra parte: en los banquetes, en los brazos de las HETERAS, en la conversación inteligente con esas mujeres tan liberadas que proporcionaban placer sin límites, en los versos que sabían de memoria y en las notas de la diaulos que tan bien tocaban.

Dice Plutarco que las mujeres que van a casarse necesitan la protección de cinco divinidades, nada menos: ZEUS, HERA, AFRODITA, PERSUASIÓN y sobre todo ÁRTEMIS, a quien las mujeres invocan durante los dolores del parto.

Desde mediados del mes de enero y hasta mediados de febrero estamos en el mes denominado

GAMELION: el mes de las bodas.

Christian Dior, 1951.

En el plácido invierno, en los DÍAS DEL ALCIÓN, la naturaleza se calma, luce el sol y en las noches claras, los nidos del Martín Pescador se mecen en las olas del mar.

En Samos Hera arrulla en su seno a un CUCO. Su precioso canto la enterneció. No sabía que era Zeus. El poderoso dios, recuperando su forma humana, se abalanza sobre ella y la viola.

Son los inicios del matrimonio.

Hera de Samos

Si la temperatura es buena, es más posible que la novia no tenga que llevar su manto de lana y pueda lucir mejor sus galas en esos días tan importantes.

Sus amigas estarán con ella en su cuarto para ayudarla a vestirse, maquillarse y ponerse guapa.

Alguna ya está casada y le dará algunos consejos útiles.

Tiene mucho miedo de la noche de bodas. Aún es una niña, y su prometido es un hombre hecho y derecho.

Ya están preparados los λέβητες de la boda en la puerta de la habitación de la novia.

En el agua flotan ramas del mirto de Afrodita para rociar a la muchacha y purificarla.

Una jovencita llamada GALENA lleva una πυξίς , una cajita que guarda las pocas joyas que tiene, sus ungüentos y aceites y algunas cosas de maquillaje.

También tiene su λουτροφόρος preparado. Sus amigas han recogido agua en la fuente de Calírroe, en el ágora, y han sumergido en ella hojas de laurel, un agua aromática fertilizadora.

En este primer día de la boda, en la casa de su padre y ante todos los parientes, sus amigas y mamá, la joven novia hará sus ofrendas a Afrodita, Ártemis y Atenea.

Las muñecas, las piedrecitas que hacían de comida cuando jugaba a las cocinitas, las conchas, sus abalorios y un mechón de su cabello serán entregados a las diosas como símbolo de que abandona la niñez y va a entrar en la edad adulta.

 GALENA se dispone a bañarse. Sus amigas traen el lutróforo con el agua purificadora y fertilizante.

Después, visitará el templo de Hera. Lleva abundantes ofrendas, porque quiere tener muchos niños.

Hay un gran banquete, pagado por papá. El comedor está decorado con olivo y laurel. Primero comen los hombres, luego las mujeres. Ella sigue cubierta con su velo.

En el ritual de la anakalupteria, el novio le levantará el velo y verá su rostro asustado: por fin la novia es de su propiedad.

Por la tarde, la novia es trasladada en un carro nupcial cargado de regalos de los parientes a la casa del novio. Allí van las joyas, las ropas nuevas, los perfumes y el ajuar femenino.

Su suegra la espera con un cestito lleno de frutos secos, también símbolo de prosperidad en la vida que comienzan y de más fertilidad.

Todo el séquito acompaña a la novia a la cámara nupcial.

Cantan el HIMENEO.

ESPOSA: Virginidad, virginidad, ¿a dónde te vas después de abandonarme?

VIRGINIDAD: Ya no volveré a ti, ya no volveré.

(Safo, 114 LP)

Toda Atenas está preparando las LENEAS, fiestas en honor del desenfreno, del vino nuevo, de la naturaleza que se agita y se prepara para la primavera.

Son los días de DIONISOS.

Ella no participará. No es decente.

Aprovechará para hacer limpieza general de la casa nueva.

El resto del año, GALENA podrá participar en las fiestas de las mujeres.

A lo mejor es elegida para tejer el vestido para Atenea, y llevarlo en la procesión de las PANATENEAS. Pero no, no será así: prefieren siempre manos vírgenes.

Es un día muy importante y toda Atenas es una fiesta. A Atenea también le pedirá sus favores. No en vano representa la fortaleza y el valor. El lino del verano de su fino manto representa la pureza.

En las TESMOFORIAS dedicadas a Deméter y reservadas a las mujeres casadas. Celebran la renovación de la naturaleza, donde su hija Perséfone ocupa un lugar destacado. Si acude este año, probablemente se quede embarazada.

Ya son en octubre…

Francis Davis Millet, Tesmoforias.

῾Υμὴν ὦ ῾Υμέναιε, γάμῳ ἐπὶ τῷδε χαρείης.

¡Himeneo, oh, Himeneo, muéstrate complaciente en esta boda!

(Tirteo, Epitalamio de Helena, 58)

Kirk Jone, Mi gran boda griega 2
Publicado en CUADERNO DE VIAJE, GRECIA, HIC ET NUNC, LIBRI, MITOS, REFERENCIAS CLÁSICAS | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

Si no te quisiera más que a mis ojos,
mi queridísimo Calvo, por este regalo
te odiaría con el odio de Vatinio:
pues, ¿qué he hecho o qué he dicho
para que me eches a perder con tan malos poetas? (…)
Catulo, Poema 14

Los clásicos están de rabiosa actualidad, no se puede negar. Los últimos títulos de libros sobre el mundo de los griegos y de los romanos han provocado una fértil controversia.

Este es el vigor del mundo antiguo, al que nos acercamos ortodoxa o heterodoxamente.

Briseida, la de hermosas mejillas, relata el cautiverio de las mujeres troyanas en el campamento de los aqueos en el libro de Pat Barker, El silencio de las mujeres (Siruela).

Sus palabras nos hacen recordar que todavía hoy hay demasiadas mujeres víctimas de esa masculinidad mal entendida, atávica y cruel. Son cifras inasumibles. La troyana habla con lenguaje cercano, profiere tacos modernos y siente exactamente lo mismo que cualquier mujer de hoy. Pero sigue siendo Briseida, la creación de Homero, la esclava de Aquiles, el detonante de su cólera.

Briseida besada por Agamenón

Cólera es la primera palabra de la literatura universal, la primera palabra del primer verso de la Ilíada:

μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος

οὐλομένην (…)

“Canta, oh, diosa, la funesta cólera de Aquiles Pelida…”

La funesta (οὐλομένην) cólera (μῆνιν) es la esencia del héroe. Su πάθος es su sufrimiento, su peripecia, la muerte, la locura, pero también la gloria.

Expresar la violencia de las pasiones es la arquitectura de la poesía épica, donde el impacto con el público se producía a través de las palabras, no a través de la escritura.

A esto la retórica antigua lo llamó ψυχαγωγία, psicagogia, “mover el alma”.

Robert McCabe, Templo de Poseidón en Sounion (1955)

El lector moderno se reconoce en los héroes homéricos: la cólera de Aquiles, su piedad hacia Príamo, el miedo a la muerte, su amistad con la mitad de su alma -Patroclo-, la fraternidad con sus compañeros de armas, con sus paisanos, la ambición, la conquista de la gloria, el amor, todas las emociones, en suma. Así lo cuenta Giulio Guidorizzi en I colori dell´anima: I Greci e le passioni.

Esta esencia épica es el manantial de Homero, fuente inagotable de versiones, refundiciones, traducciones, comentarios, recreaciones y divulgaciones.

Ante este material infinito debemos actuar, leer y opinar con acierto y seriedad, porque no todas las divulgaciones que se hacen del Mundo Clásico tienen el mismo valor: relatos preciosos como los de Roberto Calasso, reflexiones inteligentes como las de Nuccio Ordine, o ensayos bien escritos y accesibles como el de Irene Vallejo no tienen el mismo precio que actuaciones extemporáneas y traidoras de divulgadores osados que banalizan lo que es importante y trascendente. No damos nombres.

El Mundo Clásico es un monte comunal, plantado, criado y explotado por los parroquianos para su uso y disfrute.

Pero el monte hay que cuidarlo, limpiarlo, quererlo y no inundarlo con especies foráneas que ahogan las autóctonas.

Aldea abandonada de Paradiña (Monterrei-Ourens) Foto Maite Jiménez 10-X-2020

Homero y los grandes escritores antiguos fueron copiados en códices, cuya desigual fortuna ha marcado el devenir del pensamiento y de la cultura.

Bellos libros de la Antigüedad fueron borrados para reescribir en ellos obras que tenían más demanda, todo en aras de la utilidad o de la modernidad.

Así, en los monasterios europeos tuvo lugar la gran paradoja: la conservación de las preciosas obras antiguas y también su destrucción. Lo cuentan Reynolds y Wilson en su libro Copistas y filólogos, texto capital para comprender y estudiar la suerte de los libros antiguos, lectura obligada de cualquier filólogo que se precie.

Manuscrito Townley de Homero (ca. 1059) exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Algunos autores resultaron los grandes perdedores en esta expurgación de las bibliotecas: faltaba espacio, había escasez de pergaminos, se había perdido el interés por muchos de ellos.

Quienes tomaron la decisión de esconderlos, consideraron que era un sacrificio necesario. Hablamos de la emocionante historia de los palimpsestos.

La cultura clásica es precísamente esto: un PALIMPSESTO.

La infinidad de palabras que se han dicho y escrito después de Homero han borrado el texto y han reescrito encima. A veces, solo a veces.

Blanqueando las paredes antes de Semana Santa (Grecia 1961)

Los clásicos siempre han estado presentes en la escuela, con mayor o menor puridad y con desigual fortuna.

En nuestros días asistimos a la paradoja de que una flamante Premio Nobel o una maravillosa Premio Princesa de Asturias de las Letras son coetáneas de un gobierno que se empeña en ser esclavo de los gurus de la pedagogía, de los lobbies de la economía y de la tecnología acéfala.

#escuelaconclásicos

En la educación hubo textos escolares latinos y griegos de uso cotidiano en estos últimos dos mil años. Cuando el número de litterati (personas cultivadas) creció en la plena Edad Media, la demanda de los clásicos fue cada vez mayor.

Pero muchísimas veces la lectura de los autores antiguos pasó por versiones, moralizaciones, alegorizaciones, comentarios, glosas, epítomes…, mezclando lo pagano con lo cristiano en la dieta de las lecturas personales y escolares.

J.H.W. Tischbein, Las cabezas de los siete principales héroes de la Ilíada, ca. 1796 (De izquierda a derecha: Menelao, Paris, Diomedes, Odiseo, Néstor, Aquiles, Agamenón), dibujo exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Las andanzas de los intrépidos humanistas italianos revierten la situación. Personajes como Petrarca o Poggio Bracciolini se sumergieron en las bibliotecas de los monasterios medievales y se trajeron a Italia códices antiguos -a veces robados sin pudor-, algunos de los cuales fueron trascendentales para la ciencia, como cuenta Stephen Greenblatt en su best-seller El giro, sobre el códice de De rerum natura de Lucrecio, perdido y recuperado en una verdadera búsqueda del tesoro.

En la Edad Moderna, hubo muchos intentos -algunos fallidos y desastrosos- de resucitar los textos escondidos en los palimpsestos. En el siglo XIX, los avances científicos permitieron descubrimientos asombrosos. Los reactivos utilizados con éxito sacaron a la luz textos de los que se sabía su existencia, pero que nunca se habían leído.
El más famoso lector de palimpsestos fue el cardenal Angelo Mai, bibliotecario de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y de la Biblioteca Vaticana. A él se debe el descubrimiento de uno de los textos más buscados de la literatura antigua: De Republica de Cicerón, escondido tras un comentario de San Agustín sobre los Salmos.

También existen palimpsestos en las obras de arte. Abundan ejemplos de transformaciones de antiguos edificios romanos en iglesias cristianas, que después pasan a palacios renacentistas y se convierten en nuestros días en auditorios, por ofrecer un caso extremo.

El viajero que visita Roma deberá internarse en edificios-catacumbas para descubrir huellas antiguas que han sido tapadas por estructuras más de moda, más útiles, más modernas. Ahí está San Clemente in Laterano, Santa Maria Sopra Minerva, San Pedro del Vaticano, las Termas de Diocleciano, etc.

Italo Calvino rastrea con ojos contemporáneos lo que hay en nosotros de los clásicos y lo que hay de nosotros en ellos. En su libro Por qué leer a los clásicos afirma:

“Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.”
“Por eso nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones.”

“Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.”
“…para que no se crea que los clásicos se han de leer porque “sirven” para algo. La única razón que se puede aducir es que leer a los clásicos es mejor que no leer a los clásicos.”

Alfred Eisenstaedt

Desde el Renacimiento no se han dejado de editar, publicar y traducir textos clásicos. Cada vez hay versiones más accesibles y más auténticas, como dicen Mary Beard y John Henderson en su Introducción a los clásicos. Editores, traductores, comentaristas han acercado al lector a las grandes creaciones de la literatura antigua.

Algunos lectores famosos se sintieron excluidos porque no pudieron acceder a las versiones originales, como le sucedió a Shakespeare, que comentó aquello de “It´s all Greek to me”  (Julio César); o Keats, que no sabía nada de griego; o el mismísimo Dante, que no pudo leer a Homero, porque Homero en su lengua original aún no “existía” para él.

Dimitris Harissiadis, Mikonos 1955

Un ejemplo precioso de acercamiento al mundo antiguo es el fantástico texto de Sir James Frazer, La rama dorada.

La rama mágica que la Sibila entrega a Eneas para que descienda a los Infiernos es una alegoría de la relación entre nosotros y los clásicos.

Tomando como punto de partida el mundo antiguo, el hombre moderno encuentra una puerta abierta al conocimiento universal, adquisición que lo hace más poderoso.

Es cierto ese sintagma con el que Tucídides definía su propia historia:

κτῆμα ἐς ἀεί

“Un logro para la eternidad”

Muchos intelectuales han despreciado a Harry Potter. Indican que un niño debería sumergirse en las lecturas de los clásicos originales desde que rompe a leer. En cambio, otros somos de la opinión de que J. K. Rowling -graduada en Clásicas por Exeter- ha hecho mucho bien a la lectura infantil.

Muchos niños han pasado de un texto sólido y ameno, adaptado a sus capacidades, a lecturas más sesudas y más “originales”. Solo tuvieron que esperar a la madurez intelectual y estética, y a crecer.

Esperemos, pues, a que, seducidos por los divulgadores, por los articulistas, por los opinadores o por los comentaristas, y antes que por todos ellos por los TRADUCTORES, los jóvenes decidan un día acudir al manantial original.

“Todo es bueno para el convento”, dicen.

Καθαρά Δευτέρα. Colina de Filopapo, Atenas 1955

Los de Blackie Books invitan a una lectura compartida de su controvertida Odisea para formar un club de lectores que trascienda las fronteras espacio-temporales. Opino lo mismo: la voz de Homero no es solo la de sus hexámetros, sino todas las resonancias que ha producido a lo largo de más de dos mil años.

La clave está en la distinción del producto, en su altura intelectual y estética, en la honestidad con la que ha sido creado. Samuel Butler, el traductor de Homero, es traducido en este libro por otro traductor, y ha levantado ardorosas críticas.

Sing, O goddess, the anger [mênis] of Achilles son of Peleus (…)

No creo que el texto griego “original” (que no lo es), o la mejor traducción de todos los tiempos (cada uno tiene la suya), o la IMITATIO de Virgilio y su correspondiente EMULATIO practicadas en la extraordinaria Eneida, o todos los Odiseos que en el mundo han sido sean excluyentes. Todos son contingentes, todos son necesarios.

Los clásicos tienen una función dinámica, son un manantial inagotable: del río mayor nacen afluentes, y todos riegan, todos fertilizan.

Museo Británico

Kafka encadena a Odiseo al mástil de la nave y le tapa los oídos en el cuento El silencio de las sirenas. Ya no hay pan de cera para los compañeros, ni cuerdas para él, las sirenas callan y contemplan el brillo de los ojos de Odiseo, que pierde su madera de héroe y se convierte en un hombre más humano, más común.

Esta es la grandeza de los clásicos: la posibilidad de que sean recreados, pervertidos y reinterpretados.

Publicado en CUADERNO DE VIAJE, GRECIA, HIC ET NUNC, LIBRI, MEDIEVO, REFERENCIAS CLÁSICAS, RENACIMIENTO | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 Comentario

LOS CUERNOS DE MOISÉS

LOS CUERNOS DE MOISÉS

Wikipedia

30 de septiembre: DÍA INTERNACIONAL DE LA TRADUCCIÓN. Festividad de San Jerónimo, traductor de la Biblia y patrón de los traductores.

San Jerónimo y el león
Si esto no se haze con primor y prudencia, sabiendo igualmente las dos lenguas, y trasladando en algunas partes, no conforme a la letra, pero segun el sentido seria lo que dixo un hombre sabio y critico, que aquello era verter, tomandolo en sinificacion de derramar y echar a perder. Esto advirtio bien Horacio en su arte poetica diziendo
Nec verbum verbo curabis reddere fidus interpres.
(Tesoro de Covarrubias, s.v. TRADUCION)

Por la internet ha corrido como un reguero de pólvora la interpretación de los cuernos del Moisés de Miguel Ángel, la impresionante escultura que forma parte de la tumba de Julio II, hoy en la Iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma. Escritores del género de la divulgación y hasta el National Geographic se han hecho eco de esto.

Se argumenta que San Jerónimo, traductor de la Biblia -la llamada Vulgata editio, la accesible para todos porque estaba en latín-, cometió un error de traducción en este versículo del Éxodo, donde la cara de Moisés quedó “cornuda”:

cumque descenderet Moses de monte Sinai tenebat duas tabulas testimonii et ignorabat quod cornuta esset facies sua ex consortio sermonis Dei.
Ex. 34, 29

La versión de la Septuaginta refería un rostro resplandeciente, y las versiones modernas de la Biblia dicen todas más o menos algo así, pues, al bajar del monte Sinaí con la Tablas de la Ley en sus manos, todos vieron que Moisés parecía henchido de luz divina.

Al parecer, San Jerónimo confundió la voz qaran, que en hebreo significa “luz”, con la griega κέρας “cuerno”. Esto le puede pasar a cualquiera, pero algunos dudamos de esta explicación. Era un traductor muy ducho, por lo que es más plausible que ese “rostro cornudo” se deba a una trascendencia teológica o a una iconografía que se nos escapan.

Esto lo ha defendido estupendamente la traductora María Barbero.

(Mi profesora de Historia del Arte siempre dijo que los cuernos de Moisés eran símbolo de santidad. Creo que es una interpretación muy inteligente.)
San Jerónimo trabajando en su mesa, mientras un monje le sostiene el tintero (Biblia de Worms. Harley MS 2803)

Dicen que el primer documento escrito sobre cómo debe trabajar un TRADUCTOR es una carta de San Jerónimo a su amigo Pamaquio, senador romano, posteriormente san Pamaquio : Ad Pammaquium. De optimo genere interpretandi.

En ella se defiende de las acusaciones de su antiguo amigo Rufino por una traducción errónea de una carta de San Epifanio al obispo Juan de Jerusalén, donde combatía la herejía de Orígenes. A Eusebio de Cremona, monje del monasterio de Jerónimo, le picó la curiosidad y, como no sabía griego, le pidió a Jerónimo que se la tradujese. Él aceptó, pero a condición de que la guardase a buen recaudo. Parece que, por arte de magia o por la intervención de un mago auténtico, la carta fue robada y llegó a manos de Juan y de Rufino, avivando el fuego de su enemistad. Así, el pobre traductor fue acusado de falsario y de incompetente. En su carta a Pamaquio nuestro santo justifica todo este asunto, pero al final, se detiene mucho más en el asunto de la verdadera esencia de la traducción que en la defensa de sí mismo.

La epístola contiene pasajes de mucho valor para los historiadores de la traducción y para los propios traductores, sobre todo por el tratamiento de la vieja disputa entre la traducción ad litteram (al pie de la letra) o ad sensum (por el sentido).

Dice así:

(…) Pues yo no solo confieso, sino que declaro a voz en cuello que en mi traducción de los griegos -salvo en las sagradas escrituras, en las que el orden de las palabras encierra un misterio- expreso no palabra por palabra, sino sentido por sentido (…)

(…) Incluso Horacio, hombre ingenioso y sabio, en su “Arte poética” recomienda esto mismo al traductor experto: Como intérprete fiel no tratarás de traducir palabra por palabra.

Terencio tradujo a Menandro, y Plauto y Cecilio a los comediógrafos antiguos: ¿acaso se pegaron a las palabras, o atendieron más a la belleza y a la elegancia de la traducción? Lo que vosotros llamáis fidelidad en la traducción, los eruditos lo llaman κακοζηλία (mal gusto).

(…) Para quien sigue líneas ajenas no es difícil salirse de ellas en algún momento, y lo que en otra lengua está bien dicho, es difícil que conserve la misma belleza en su traducción. Una sola palabra puede expresar una idea completa, pero yo no tengo algo que se le acomode, y, cuando quiero dar sentido a la frase, avanzo solo un poco dando un largo rodeo. Influyen también los recovecos del hipérbaton, las diferencias de los casos, la variedad de las figuras, en suma, lo que es propio de una lengua, su genio vernáculo, por así decirlo. Si traduzco al pie de la letra, suena absurdo; si por necesidad cambio el orden de palabras, parecerá que me salgo de mi labor de intérprete (…)

(…) La traducción literal de una lengua a otra tapa el sentido igual que la hierba exuberante ahoga el sembrado (…)

(…) ¡Cuántas cosas hay que los griegos dicen correctamente y que, si nosotros las traducimos literalmente, no suenan bien en latín! Y al revés, ¡cuántas cosas hay que a nosotros nos gustan, y, si se traducen en el mismo orden, a ellos les suenan mal! (…)

(…) pues errar es humano, y de sabios confesar el error (…)

Traducción Maite Jiménez, 30 de septiembre de 2020.

Edición: Cartas de San Jerónimo (BAC, Madrid 1962)

Publicado en CUADERNO DE VIAJE, GRECIA, HIC ET NUNC, LIBRI, MEDIEVO, REFERENCIAS CLÁSICAS, ROMA | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | 5 comentarios