SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

SI NO TE QUISIERA MÁS QUE A MIS OJOS

Si no te quisiera más que a mis ojos,
mi queridísimo Calvo, por este regalo
te odiaría con el odio de Vatinio:
pues, ¿qué he hecho o qué he dicho
para que me eches a perder con tan malos poetas? (…)
Catulo, Poema 14

Los clásicos están de rabiosa actualidad, no se puede negar. Los últimos títulos de libros sobre el mundo de los griegos y de los romanos han provocado una fértil controversia.

Este es el vigor del mundo antiguo, al que nos acercamos ortodoxa o heterodoxamente.

Briseida, la de hermosas mejillas, relata el cautiverio de las mujeres troyanas en el campamento de los aqueos en el libro de Pat Barker, El silencio de las mujeres (Siruela).

Sus palabras nos hacen recordar que todavía hoy hay demasiadas mujeres víctimas de esa masculinidad mal entendida, atávica y cruel. Son cifras inasumibles. La troyana habla con lenguaje cercano, profiere tacos modernos y siente exactamente lo mismo que cualquier mujer de hoy. Pero sigue siendo Briseida, la creación de Homero, la esclava de Aquiles, el detonante de su cólera.

Briseida besada por Agamenón

Cólera es la primera palabra de la literatura universal, la primera palabra del primer verso de la Ilíada:

μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος

οὐλομένην (…)

“Canta, oh, diosa, la funesta cólera de Aquiles Pelida…”

La funesta (οὐλομένην) cólera (μῆνιν) es la esencia del héroe. Su πάθος es su sufrimiento, su peripecia, la muerte, la locura, pero también la gloria.

Expresar la violencia de las pasiones es la arquitectura de la poesía épica, donde el impacto con el público se producía a través de las palabras, no a través de la escritura.

A esto la retórica antigua lo llamó ψυχαγωγία, psicagogia, “mover el alma”.

Robert McCabe, Templo de Poseidón en Sounion (1955)

El lector moderno se reconoce en los héroes homéricos: la cólera de Aquiles, su piedad hacia Príamo, el miedo a la muerte, su amistad con la mitad de su alma -Patroclo-, la fraternidad con sus compañeros de armas, con sus paisanos, la ambición, la conquista de la gloria, el amor, todas las emociones, en suma. Así lo cuenta Giulio Guidorizzi en I colori dell´anima: I Greci e le passioni.

Esta esencia épica es el manantial de Homero, fuente inagotable de versiones, refundiciones, traducciones, comentarios, recreaciones y divulgaciones.

Ante este material infinito debemos actuar, leer y opinar con acierto y seriedad, porque no todas las divulgaciones que se hacen del Mundo Clásico tienen el mismo valor: relatos preciosos como los de Roberto Calasso, reflexiones inteligentes como las de Nuccio Ordine, o ensayos bien escritos y accesibles como el de Irene Vallejo no tienen el mismo precio que actuaciones extemporáneas y traidoras de divulgadores osados que banalizan lo que es importante y trascendente. No damos nombres.

El Mundo Clásico es un monte comunal, plantado, criado y explotado por los parroquianos para su uso y disfrute.

Pero el monte hay que cuidarlo, limpiarlo, quererlo y no inundarlo con especies foráneas que ahogan las autóctonas.

Aldea abandonada de Paradiña (Monterrei-Ourens) Foto Maite Jiménez 10-X-2020

Homero y los grandes escritores antiguos fueron copiados en códices, cuya desigual fortuna ha marcado el devenir del pensamiento y de la cultura.

Bellos libros de la Antigüedad fueron borrados para reescribir en ellos obras que tenían más demanda, todo en aras de la utilidad o de la modernidad.

Así, en los monasterios europeos tuvo lugar la gran paradoja: la conservación de las preciosas obras antiguas y también su destrucción. Lo cuentan Reynolds y Wilson en su libro Copistas y filólogos, texto capital para comprender y estudiar la suerte de los libros antiguos, lectura obligada de cualquier filólogo que se precie.

Manuscrito Townley de Homero (ca. 1059) exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Algunos autores resultaron los grandes perdedores en esta expurgación de las bibliotecas: faltaba espacio, había escasez de pergaminos, se había perdido el interés por muchos de ellos.

Quienes tomaron la decisión de esconderlos, consideraron que era un sacrificio necesario. Hablamos de la emocionante historia de los palimpsestos.

La cultura clásica es precísamente esto: un PALIMPSESTO.

La infinidad de palabras que se han dicho y escrito después de Homero han borrado el texto y han reescrito encima. A veces, solo a veces.

Blanqueando las paredes antes de Semana Santa (Grecia 1961)

Los clásicos siempre han estado presentes en la escuela, con mayor o menor puridad y con desigual fortuna.

En nuestros días asistimos a la paradoja de que una flamante Premio Nobel o una maravillosa Premio Princesa de Asturias de las Letras son coetáneas de un gobierno que se empeña en ser esclavo de los gurus de la pedagogía, de los lobbies de la economía y de la tecnología acéfala.

#escuelaconclásicos

En la educación hubo textos escolares latinos y griegos de uso cotidiano en estos últimos dos mil años. Cuando el número de litterati (personas cultivadas) creció en la plena Edad Media, la demanda de los clásicos fue cada vez mayor.

Pero muchísimas veces la lectura de los autores antiguos pasó por versiones, moralizaciones, alegorizaciones, comentarios, glosas, epítomes…, mezclando lo pagano con lo cristiano en la dieta de las lecturas personales y escolares.

J.H.W. Tischbein, Las cabezas de los siete principales héroes de la Ilíada, ca. 1796 (De izquierda a derecha: Menelao, Paris, Diomedes, Odiseo, Néstor, Aquiles, Agamenón), dibujo exhibido en la exposición del Museo Británico “Troya: mito y realidad“. Foto Maite Jiménez, enero 2020.

Las andanzas de los intrépidos humanistas italianos revierten la situación. Personajes como Petrarca o Poggio Bracciolini se sumergieron en las bibliotecas de los monasterios medievales y se trajeron a Italia códices antiguos -a veces robados sin pudor-, algunos de los cuales fueron trascendentales para la ciencia, como cuenta Stephen Greenblatt en su best-seller El giro, sobre el códice de De rerum natura de Lucrecio, perdido y recuperado en una verdadera búsqueda del tesoro.

En la Edad Moderna, hubo muchos intentos -algunos fallidos y desastrosos- de resucitar los textos escondidos en los palimpsestos. En el siglo XIX, los avances científicos permitieron descubrimientos asombrosos. Los reactivos utilizados con éxito sacaron a la luz textos de los que se sabía su existencia, pero que nunca se habían leído.
El más famoso lector de palimpsestos fue el cardenal Angelo Mai, bibliotecario de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y de la Biblioteca Vaticana. A él se debe el descubrimiento de uno de los textos más buscados de la literatura antigua: De Republica de Cicerón, escondido tras un comentario de San Agustín sobre los Salmos.

También existen palimpsestos en las obras de arte. Abundan ejemplos de transformaciones de antiguos edificios romanos en iglesias cristianas, que después pasan a palacios renacentistas y se convierten en nuestros días en auditorios, por ofrecer un caso extremo.

El viajero que visita Roma deberá internarse en edificios-catacumbas para descubrir huellas antiguas que han sido tapadas por estructuras más de moda, más útiles, más modernas. Ahí está San Clemente in Laterano, Santa Maria Sopra Minerva, San Pedro del Vaticano, las Termas de Diocleciano, etc.

Italo Calvino rastrea con ojos contemporáneos lo que hay en nosotros de los clásicos y lo que hay de nosotros en ellos. En su libro Por qué leer a los clásicos afirma:

“Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.”
“Por eso nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones.”

“Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.”
“…para que no se crea que los clásicos se han de leer porque “sirven” para algo. La única razón que se puede aducir es que leer a los clásicos es mejor que no leer a los clásicos.”

Alfred Eisenstaedt

Desde el Renacimiento no se han dejado de editar, publicar y traducir textos clásicos. Cada vez hay versiones más accesibles y más auténticas, como dicen Mary Beard y John Henderson en su Introducción a los clásicos. Editores, traductores, comentaristas han acercado al lector a las grandes creaciones de la literatura antigua.

Algunos lectores famosos se sintieron excluidos porque no pudieron acceder a las versiones originales, como le sucedió a Shakespeare, que comentó aquello de “It´s all Greek to me”  (Julio César); o Keats, que no sabía nada de griego; o el mismísimo Dante, que no pudo leer a Homero, porque Homero en su lengua original aún no “existía” para él.

Dimitris Harissiadis, Mikonos 1955

Un ejemplo precioso de acercamiento al mundo antiguo es el fantástico texto de Sir James Frazer, La rama dorada.

La rama mágica que la Sibila entrega a Eneas para que descienda a los Infiernos es una alegoría de la relación entre nosotros y los clásicos.

Tomando como punto de partida el mundo antiguo, el hombre moderno encuentra una puerta abierta al conocimiento universal, adquisición que lo hace más poderoso.

Es cierto ese sintagma con el que Tucídides definía su propia historia:

κτῆμα ἐς ἀεί

“Un logro para la eternidad”

Muchos intelectuales han despreciado a Harry Potter. Indican que un niño debería sumergirse en las lecturas de los clásicos originales desde que rompe a leer. En cambio, otros somos de la opinión de que J. K. Rowling -graduada en Clásicas por Exeter- ha hecho mucho bien a la lectura infantil.

Muchos niños han pasado de un texto sólido y ameno, adaptado a sus capacidades, a lecturas más sesudas y más “originales”. Solo tuvieron que esperar a la madurez intelectual y estética, y a crecer.

Esperemos, pues, a que, seducidos por los divulgadores, por los articulistas, por los opinadores o por los comentaristas, y antes que por todos ellos por los TRADUCTORES, los jóvenes decidan un día acudir al manantial original.

“Todo es bueno para el convento”, dicen.

Καθαρά Δευτέρα. Colina de Filopapo, Atenas 1955

Los de Blackie Books invitan a una lectura compartida de su controvertida Odisea para formar un club de lectores que trascienda las fronteras espacio-temporales. Opino lo mismo: la voz de Homero no es solo la de sus hexámetros, sino todas las resonancias que ha producido a lo largo de más de dos mil años.

La clave está en la distinción del producto, en su altura intelectual y estética, en la honestidad con la que ha sido creado. Samuel Butler, el traductor de Homero, es traducido en este libro por otro traductor, y ha levantado ardorosas críticas.

Sing, O goddess, the anger [mênis] of Achilles son of Peleus (…)

No creo que el texto griego “original” (que no lo es), o la mejor traducción de todos los tiempos (cada uno tiene la suya), o la IMITATIO de Virgilio y su correspondiente EMULATIO practicadas en la extraordinaria Eneida, o todos los Odiseos que en el mundo han sido sean excluyentes. Todos son contingentes, todos son necesarios.

Los clásicos tienen una función dinámica, son un manantial inagotable: del río mayor nacen afluentes, y todos riegan, todos fertilizan.

Museo Británico

Kafka encadena a Odiseo al mástil de la nave y le tapa los oídos en el cuento El silencio de las sirenas. Ya no hay pan de cera para los compañeros, ni cuerdas para él, las sirenas callan y contemplan el brillo de los ojos de Odiseo, que pierde su madera de héroe y se convierte en un hombre más humano, más común.

Esta es la grandeza de los clásicos: la posibilidad de que sean recreados, pervertidos y reinterpretados.

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LOS CUERNOS DE MOISÉS

LOS CUERNOS DE MOISÉS

Wikipedia

30 de septiembre: DÍA INTERNACIONAL DE LA TRADUCCIÓN. Festividad de San Jerónimo, traductor de la Biblia y patrón de los traductores.

San Jerónimo y el león
Si esto no se haze con primor y prudencia, sabiendo igualmente las dos lenguas, y trasladando en algunas partes, no conforme a la letra, pero segun el sentido seria lo que dixo un hombre sabio y critico, que aquello era verter, tomandolo en sinificacion de derramar y echar a perder. Esto advirtio bien Horacio en su arte poetica diziendo
Nec verbum verbo curabis reddere fidus interpres.
(Tesoro de Covarrubias, s.v. TRADUCION)

Por la internet ha corrido como un reguero de pólvora la interpretación de los cuernos del Moisés de Miguel Ángel, la impresionante escultura que forma parte de la tumba de Julio II, hoy en la Iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma. Escritores del género de la divulgación y hasta el National Geographic se han hecho eco de esto.

Se argumenta que San Jerónimo, traductor de la Biblia -la llamada Vulgata editio, la accesible para todos porque estaba en latín-, cometió un error de traducción en este versículo del Éxodo, donde la cara de Moisés quedó “cornuda”:

cumque descenderet Moses de monte Sinai tenebat duas tabulas testimonii et ignorabat quod cornuta esset facies sua ex consortio sermonis Dei.
Ex. 34, 29

La versión de la Septuaginta refería un rostro resplandeciente, y las versiones modernas de la Biblia dicen todas más o menos algo así, pues, al bajar del monte Sinaí con la Tablas de la Ley en sus manos, todos vieron que Moisés parecía henchido de luz divina.

Al parecer, San Jerónimo confundió la voz qaran, que en hebreo significa “luz”, con la griega κέρας “cuerno”. Esto le puede pasar a cualquiera, pero algunos dudamos de esta explicación. Era un traductor muy ducho, por lo que es más plausible que ese “rostro cornudo” se deba a una trascendencia teológica o a una iconografía que se nos escapan.

Esto lo ha defendido estupendamente la traductora María Barbero.

(Mi profesora de Historia del Arte siempre dijo que los cuernos de Moisés eran símbolo de santidad. Creo que es una interpretación muy inteligente.)
San Jerónimo trabajando en su mesa, mientras un monje le sostiene el tintero (Biblia de Worms. Harley MS 2803)

Dicen que el primer documento escrito sobre cómo debe trabajar un TRADUCTOR es una carta de San Jerónimo a su amigo Pamaquio, senador romano, posteriormente san Pamaquio : Ad Pammaquium. De optimo genere interpretandi.

En ella se defiende de las acusaciones de su antiguo amigo Rufino por una traducción errónea de una carta de San Epifanio al obispo Juan de Jerusalén, donde combatía la herejía de Orígenes. A Eusebio de Cremona, monje del monasterio de Jerónimo, le picó la curiosidad y, como no sabía griego, le pidió a Jerónimo que se la tradujese. Él aceptó, pero a condición de que la guardase a buen recaudo. Parece que, por arte de magia o por la intervención de un mago auténtico, la carta fue robada y llegó a manos de Juan y de Rufino, avivando el fuego de su enemistad. Así, el pobre traductor fue acusado de falsario y de incompetente. En su carta a Pamaquio nuestro santo justifica todo este asunto, pero al final, se detiene mucho más en el asunto de la verdadera esencia de la traducción que en la defensa de sí mismo.

La epístola contiene pasajes de mucho valor para los historiadores de la traducción y para los propios traductores, sobre todo por el tratamiento de la vieja disputa entre la traducción ad litteram (al pie de la letra) o ad sensum (por el sentido).

Dice así:

(…) Pues yo no solo confieso, sino que declaro a voz en cuello que en mi traducción de los griegos -salvo en las sagradas escrituras, en las que el orden de las palabras encierra un misterio- expreso no palabra por palabra, sino sentido por sentido (…)

(…) Incluso Horacio, hombre ingenioso y sabio, en su “Arte poética” recomienda esto mismo al traductor experto: Como intérprete fiel no tratarás de traducir palabra por palabra.

Terencio tradujo a Menandro, y Plauto y Cecilio a los comediógrafos antiguos: ¿acaso se pegaron a las palabras, o atendieron más a la belleza y a la elegancia de la traducción? Lo que vosotros llamáis fidelidad en la traducción, los eruditos lo llaman κακοζηλία (mal gusto).

(…) Para quien sigue líneas ajenas no es difícil salirse de ellas en algún momento, y lo que en otra lengua está bien dicho, es difícil que conserve la misma belleza en su traducción. Una sola palabra puede expresar una idea completa, pero yo no tengo algo que se le acomode, y, cuando quiero dar sentido a la frase, avanzo solo un poco dando un largo rodeo. Influyen también los recovecos del hipérbaton, las diferencias de los casos, la variedad de las figuras, en suma, lo que es propio de una lengua, su genio vernáculo, por así decirlo. Si traduzco al pie de la letra, suena absurdo; si por necesidad cambio el orden de palabras, parecerá que me salgo de mi labor de intérprete (…)

(…) La traducción literal de una lengua a otra tapa el sentido igual que la hierba exuberante ahoga el sembrado (…)

(…) ¡Cuántas cosas hay que los griegos dicen correctamente y que, si nosotros las traducimos literalmente, no suenan bien en latín! Y al revés, ¡cuántas cosas hay que a nosotros nos gustan, y, si se traducen en el mismo orden, a ellos les suenan mal! (…)

(…) pues errar es humano, y de sabios confesar el error (…)

Traducción Maite Jiménez, 30 de septiembre de 2020.

Edición: Cartas de San Jerónimo (BAC, Madrid 1962)

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TIENES UN SÍNDROME

TIENES UN SÍNDROME

Irene Papas como Antígona (1961)

En el Mundo de las Ideas de Platón y por medio de la llamada ANAMNESIS, el ser humano recuerda las Ideas que el alma reencarnada olvidó durante su viaje a este mundo.

El alma recordará no los acontecimientos de la vida pasada, sino las VERDADES, que son humanas, universales y eternas.

Así, en las sociedades primitivas, los MITOS son paradigmas, modelos creados por los seres sobrenaturales, y no experiencias personales.

Para el descubrimiento del verdadero YO, según los gnósticos hindúes, será necesario desdeñar los acontecimientos históricos contemporáneos, los que son “reales”, y sumergirse en aquellos que tuvieron lugar en el pasado fabuloso.

Panteon (Roma)

Por eso siempre resulta mucho más interesante y excitante el mito de la Castración de Urano que la historia de las Guerras Púnicas.

Inclusive para historiadores sesudos y serios como Tucídides, y para los que no lo son tanto, a fuer de ser más vibrantes, como Heródoto, la HISTORIA, conservadora de los hechos de los hombres, es muy importante para explicar el devenir del mundo, pero no es el único conocimiento y por supuesto, no el más necesario.

La ANAMNESIS facilita el borrado de las fronteras en su búsqueda de lo universal humano y lucha contra los provincialismos catetos.

Por eso, según Mircea Eliade, el mito tiene como función principal

“REVELAR MODELOS”

Estela Giustiniani, ca. 460 a.C. (Altes Museum Berlin) Foto Maite Jiménez 2019

Homero, el educador de Grecia, según Platón, no habló de cosmogonías ni de pensamiento mítico (eso lo harán Hesíodo y sus secuaces), tampoco de ritos ctónicos ni de creencias universales de sexualidad, fecundidad, muerte, etc.

Sus creaciones se dirigieron a una aristocracia palaciega dominante, refinada y culta, donde triunfó ese UNIVERSO ATEMPORAL DE ARQUETIPOS, el mismo que sigue triunfando hoy en nosotros.

Ánfora de Dípilon, ca. 750 a.C. (Museo Arqueológico de Atenas) Foto Maite Jiménez 2019

A veces, los mitos perviven ENMASCARADOS. Este es el mundo de los COMPLEJOS, de los SÍNDROMES, características psicológicas o verdaderas enfermedades mentales en los que nos miramos como en un espejo.

Ciclámenes silvestres en el Teatro de Epidauro (Foto Olga Ryabova)

Todas estas cosas las cuenta el gran Mircea Eliade  en su libro Mito y Realidad  y nos inspiran para vernos tal y como somos en este elenco de sindrómicos.  

En este breve diccionario de complejos hay sobre todo mujeres.

Los hombres aparecen porque las enfermas son sus mujeres.

¡Qué cruel ha sido la mitología y la psiquiatría con nosotras!

Quizá creas que tu madre es inigualable, insuperable, y que ninguna de las mujeres que puedas conocer está a su altura. ¡Ay, las croquetas de mamá! En este caso, es muy posible que estés afectado por el COMPLEJO DE EDIPO, muy bien explicado por aquel médico vienés.

P.P. Pasolini, Edipo re (1967)

Tú, madre abnegada y devota, que crees que tu marido es tu hijo, y por eso nunca has sido verdaderamente su amante, sino que procuras que la vida le sea lo más fácil posible, deberías tener cuidado con tu estrés, si es que insistes en encargarte de todo. Te parecerás cada día más a la infeliz YOCASTA, y para esto también hay un complejo, el mismo que padeció la pobre Wendy.

Silvana Mangano en Teorema (P.P. Pasolini 1968)

Puede que seas PENÉLOPE, guardiana de la memoria, tejiendo tu existencia en tu telar. El primer verso de este “texto” dirá en griego:

ἄνδρα μοι ἔννεπε, μοῦσα, πολύτροπον…

Háblame, oh Musa, de aquél varón de multiforme ingenio…..

Te convertirás en una anciana que moja magdalenas en el té para poder recordar a tu amante.

René Burri, Industria Textil Lombardía 1959

Y tu chiquillo, el responsable TELÉMACO, un poco antisocial y reservado, cuya lengua se paraliza ante cualquier contratiempo, sufre una presión grandísima, porque ha de aguantar tus arrebatos y tu infinita tristeza. Que note siempre cerca la imponente figura de su padre, no es sano para su mente. Tanta nostalgia no puede ser buena.

Telémaco y Penélope

El amor de una madre por su hijo puede llegar a ser devastador. Ya no es la tristeza de Penélope, ni la ceguera de Yocasta -la pobre no conocía su pasado-, sino la pasión desatada que trae lágrimas a los ojos a cada paso. Si ya estás en la edad madura, tu apetito se descontrolará, también tu figura; serás presa de un cansancio sin motivo y todos creerán que padeces histeria. En este caso serás FEDRA, enamorada de su hijastro Hipólito. Impedirás que el chico vuele de tu nido, ahuyentarás a cualquier mujer, porque todas serán más jóvenes que tú.

Melina Mercouri con Anthony Perkins durante el rodaje de Fedra de Jules Dassin en la isla de Hydra (1961)

También puede ocurrir que tú, padre amantísimo, provoques la alianza incondicional de tu hija, a la que pusiste en contra de tu esposa. De todos es sabido que las niñas sienten por su padre un afecto especial, a veces incluso contra naturam. Te convertirás en AGAMENÓN, y tu hija en ELECTRA. Su complejo, como sabe todo el mundo, también fue estudiado por el mismo médico vienés que he nombrado. Digamos que Clitemnestra era como era porque tú se la jugaste de una manera horrible.

Aleka Catselli como Clitemnestra e Irene Papas como Electra en la adaptación de Cacoyannis de la Electra de Eurípides (1962)

Este amor de una hija puede dirigirse no solo a ti, sino también a otros varones de la familia. A Electra se le parece muchísimo ANTÍGONA, la amantísima hija de Edipo. Ten por seguro que estas muchachas acaban solteras. Ningún chico podrá parecerse nunca a los hombres de su casa. Y no te olvides de la carga de ocuparse siempre de sus padres.

Irene Papas protagonista de Antígona (Yorgos Javellas 1961)

Si eres como Agamenón, despertarás en tu hija el amor, y harás de tu hijo el aliado perfecto, porque lo estás poniendo también en contra de su madre. Destilará tanto odio, que podrá incluso tener deseos de matarla. El muchacho corre peligro: puede convertirse en el trágico ORESTES. ¡Qué fértiles estos atridas! ¡Cuántos argumentos novelescos! ¡Qué filón para la psiquiatría! En el fondo, estos varones simplemente están renovando el poder masculino, porque una mujer sacó los pies del plato.

Orestes a punto de matar a Clitemnestra y seguido por Electra

Sobre las mujeres se ha cebado la crueldad de la psiquiatría freudiana. Tanto es así, que algunas mujeres que no se muestran lo suficientemente activas en el sexo -siempre según la opinión masculina- se las ha comparado con la ninfa DAFNE, huidiza, virgen por voluntad propia. Es muy posible que, dada la condición femenina en los tiempos míticos y en los tiempos griegos históricos, una chica era más libre si no se casaba. A estas infortunadas se las calificó enseguida de “frígidas”. ¿Quién iba a querer ser poseída a la fuerza por un dios lleno de lujuria, aunque fuese el mismísimo Apolo?

Bernini, Apolo y Dafne

De las mujeres asesinas de sus propios hijos se habla en la prensa cuando sucede este tipo de tragedias. Entonces se recurre al COMPLEJO DE MEDEA. Las Medeas clásicas son mujeres destronadas del reino del amor conyugal. Normalmente la rival es una mujer mucho más joven, ambiciosa y seductora. Los hombres sucumben a los encantos de la carne y abandonan a la vieja esposa. Se sienten aún jóvenes, y saben que pueden engendrar hasta la ancianidad. ¿Saben ellos verdaderamente cuáles son sus encantos para la joven esposa? Pero Medea enloquece, víctima de su amor. Para hacer daño al que más quería, es capaz de matar lo que más quiere.

Entre las troyanas, brilla con luz propia CASANDRA, “la que enreda a los hombres”, visionaria, trastornada, sacerdotisa, una mujer triste. Las mujeres que son metáfora de Casandra siempre están avisando de las ruinas que vendrán si se incumplen las normas. Viven en un estrés insoportable, porque están seguras de que están en posesión de una “misión”, y que esta debe ser cumplida. Habitualmente fabulan sobre qué ocurrirá, y lo peor es que se creen lo que imaginan. Los médicos las llaman paranoicas.

Sophia Loren en la Acrópolis de Atenas (1956)

Con toda esta presión, las mujeres tenemos dos caminos posibles, también tipificados como síndromes, ¡cómo no!. En el fondo, creo que todas tenemos algo de estas dos metáforas:

COMPLEJO DE QUIMERA

También llamado COMPLEJO DE BOVARY o “bovarismo”. Inmersa en un matrimonio aburrido, en una ciudad que no te gusta, en una casa que tiene demasiadas humedades, solo puedes pensar que merecías otro destino, que la vida te había reservado otras cosas. Fabulas con hombres maravillosos y al final se convierten en tus amantes. Aunque, desgraciadamente, ni traspasando los límites de lo permitido, llegas a ser feliz. Eres Emma, o el monstruo llamado QUIMERA, porque lo deseas con ardor, pero no existe.

COMPLEJO DE CLEOPATRA

Tienes poder, eres bella e inteligente, talentosa en todo lo que haces. A los ojos de los hombres eres altiva, inalcanzable…Ellos te llaman frígida. Se ven pequeños a tu lado. Dicen que eres tú, que no quieres a ningún hombre en tu vida, que ninguno está a tu altura. Exiges veneración. Si no hacen lo que tú quieres, las consecuencias pueden ser fatales. Dicen que las féminas que padecen este síndrome son proclives al suicidio.

¡HÁZTELO MIRAR!

Some boys kiss me
Some boys hug me
I think they’re ok
If they don’t give me proper credit
I just walk away
They can beg and they can plead
But they can’t see the light (that’s right)
‘Cause the boy with the cold hard cash
Is always Mister Right.
‘Cause we are living in a material world
And I am a material girl
You know that we are living in a material world
And I am a material girl
Some boys romance
Some boys slow dance
That’s all right with me
If they can’t raise my interest then I
Have to let them be
Some boys try and some boys lie but
I don’t let them play (no way)
Only boys who save their pennies
Make my rainy day
‘Cause we’re living in a material world
And I am a material girl
You know that we are living in a material world
And I am a material girl
Living in a material world
And I am a material girl
You know that we are living in a material world
And I am a material girl
Living in a material world (material)
Living in a material world
Living in a material world (material)
Living in a material world
Boys may come and boys may go
And that’s all right you see
Experience has made me rich
And now they’re after me
‘Cause everybody’s living in a material world
And I am a material girl
You know that we are living in a material world
And I am a material girl
Living in a material world
And I am a material girl
You know that we are living in a material world
And I am a material girl
A material, a material, a material, a material world
Living in a material world (material)
Living in a material world
Living in a material world (material)
Living in a material world
Living in a material world (material)
Living in a material world
Living in a material world (material)
Living in a material

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