DIME, TIRESIAS

Edward Dmytryk, Historia de un detective (1944)

yo, Tiresias, aunque ciego, palpitando entre dos vidas,
viejo con arrugados senos de mujer, puedo ver

(T. S. Eliot, La tierra baldía)

Para ser un buen adivino, hay que ser viejo y, paradójicamente, ciego.

Además, para superar a todos los demás vates hay que ser ANDRÓGINO.

La vida del ANDRÓGINO está enriquecida con la sabiduría de ambos sexos naturales: el femenino y el masculino.

En su androginia Tiresias atesora pasado y futuro, vida y muerte, macho y hembra, recuerdo y olvido, la eterna lucha de los contrarios.

Helmut Newton

Cuando TIRESIAS era solo un muchacho, vio a la diosa Atenea que se bañaba en la fuente Hipocrene, en el monte Helicón. La diosa, ofendida, le puso a Tiresias la mano en los ojos y lo cegó. Pero lo compensó con el don de la profecía.

Se dice que en una de sus correrías juveniles, Tiresias vio dos serpientes apareándose y las separó. Hera lo castigó convirtiéndolo en mujer por haber interrumpido el ciclo de la Naturaleza.

Pero ya sabemos eso de BIS REPETITA SEMPER PLACENT y la historia se repitió. Tiresias encontró de nuevo las serpientes, pero esta vez se cuidó muy mucho de intervenir. Hera lo convirtió de nuevo en hombre.

Tiresias 1807 (John Flaxman)

Otros cuentan que acudió como árbitro a una disputa de Zeus y Hera sobre el PLACER. Tiresias dijo que de diez partes nueve corresponderían a la mujer y una sola al hombre. Ante tamaña insolencia, Hera se enfadó, porque finalmente el secreto del sexo quedaba revelado para los hombres, de manera que lo cegó. Zeus se apiadó de él y le concedió el don del vaticinio y el privilegio (o la condena) de una vida larga y productiva.

Annibale Carracci, Palazzo Farnese (Roma)

Tiresias, viejo, ciego, hombre y mujer y adivino poco creíble, porque verdaderamente es difícil dar crédito a un profeta que no ve.

Angel Ramiro Sánchez, Tiresias 2002
Colección de Ashley y Joseph Profaizer. Foto: Giovanni Corti, Florencia.

Tiresias le dice a EDIPO que, a pesar de su ceguera, ve mucho más que él, que sí puede ver, aunque no con los ojos del alma.

Le acusa de haber asesinado al hombre sobre el que están investigando, sobre su padre Layo, y le revela que convive vergonzosamente con sus seres más queridos.

Pero Edipo se resiste y lo ofende:

Οἰδίπους: μιᾶς τρέφει πρὸς νυκτός, ὥστε μήτ᾽ ἐμὲ

μήτ᾽ ἄλλον, ὅστις φῶς ὁρᾷ, βλάψαι ποτ᾽ ἄν.

Vives en una noche perpetua, de manera que ni a mí ni a ninguno que vea la luz podrás perjudicar nunca.

Tiresias. Pasolini, Edipo re (1967)

Su ceguera estuvo unida a la de Yocasta. Cuando la reina de Tebas comprendió, no quiso ver, no quiso saber nada más.

Los broches de su vestido cayeron como horquillas en sus ojos ignorantes.

Al decidir morir, ella pudo verlo todo y él lo comprendió todo, finalmente.

Yocasta. Pasolini, Edipo re (1967)

ODISEO se consultó con él en su catábasis personal y trascendente. No cesó de interrogarle por todas sus cosas.

     El héroe hubo de hacer sacrificios con sangre para concitar los espíritus de los muertos.

Allí estaba Tiresias, en un limbo entre el mundo y el inframundo, debido a su extraordinaria longevidad.

Ulises consulta a Tiresias en el Inframundo (Museo del Louvre)

Le hizo contemplar a los antiguos amigos, a su madre; pudo oír a las sirenas, a Escila y Caribdis, y Odiseo se hizo más sabio, aunque no pudo evitar que sus compañeros mataran a las vacas de Helios y casi comprometieran el cumplimiento de su tarea.

Pero consiguió ver su lucha con los pretendientes y su regreso.

Por un momento en el inframundo se juntaron el tiempo y el espacio, todos los tiempos y todos los espacios, y Odiseo pudo

ψυχῇ χρησόμενος Θηβαίου Τειρεσίαο

Escuchar los augurios del alma del tebano Tiresias

Cuando Odiseo navegaba por un mar lleno de monstruos, arrecifes, tormentas y caníbales, en la niebla era cuando podía ver más allá, porque estaba ciego y solo le restaba mirar hacia dentro, hacia sí mismo.

Este es el único futuro que está escrito.

       Esto es lo que hablaron en realidad.

Canta Odiseo, pregunta sin cesar.

Responde Tiresias, críptico:

Dimmi Tiresia
Dal regno dove mai
Nessuno si è recato
Versami il sangue
Scavami un botro
Un buco per sbirciare
Tra il mio destino e il fato

Bevi il mio sangue
Che porti alla memoria la coscienza di chi ero e sono stato
Ma è meglio sapere o non sapere
Aver la conoscenza
Sapere o non sapere
Quello che poi mi sporcherà

Dimmi Tiresia
Affido a te il mio viaggio
Alla tua sentenza
Tu che già sai
Com’è filato il mio cammino
Sapere o non sapere
Se la donna mia mi aspetta se è fedele
Sapere o non sapere

Dimmi Tiresia
Quali stratagemmi dovrò ordire
In quale forma mi dovrò nascondere
Dimmi Tiresia
Ma è meglio sapere o non sapere
E non poter più credere
Sapere e poi dovere
Portare fino in fondo il compito

Dimmi Tiresia
È duro profetare
La conoscenza è distanza che separa
La fatica di conoscere
È più grande fatica di essere creduti?

Dimmi Tiresia
Tu che dimentichi e ricordi e poi dimentichi
E così purifichi
A che mi servirà sapere
Saper il mio destino come già deve compiersi
E poi non esser più creduto dai compagni
Soltanto dai segni nei sogni

Dimmi Tiresia
Togli la sete
Conoscilo e poi scordalo
Bevi di questo Lete
Conoscilo e poi scordalo
La conoscenza è niente senza fede
Conoscilo e poi scordalo
La conoscenza è niente senza fede
La conoscenza è niente senza fede

Vai oltre il ritorno
Porta sulle spalle un remo
Abbandona la casa e vai errante nel sole
Fino a gente che non batte il dorso del mare
Che non conosce i cibi conditi col sale
Che confonderà il remo con un ventilabro
Un rastrello per spargere intorno sementi
Per pettinarle nelle crine dei venti
Lì lo poserai offrirai sacrifici
La morte ti coglierà dal mare
Consunto da splendente vecchiezza
Tra gente felice attorno
Questo ti dico senza tema né dubbio

Edward Dmytryk, Historia de un detective (1944)

¿Es mejor conocer el futuro o no tener ni idea de lo que va a suceder?

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EL JARDÍN DE ACADEMO

Winifred Lamb (1894-1963), arqueóloga.

Atque inter silvas Academi quaerere verum

(Horacio, Epistulae II, 2, 45)

Buscar la verdad en los bosques de Academo

Decía Horacio que había tenido suerte de ser educado en Roma y de haber podido conocer a los griegos leyendo a Homero, aunque fue Atenas la que aumentó su sabiduría, enseñándole a distinguir lo bueno de lo malo y a encontrar la verdad en los bosques de Academo.

Academia de Platón (Atenas)

Antes, mucho antes de que Helena se fugase con Paris y se armase la de Troya, el rey Teseo de Atenas, ya viudo y en edad madura, raptó a Helena cuando la niña tenía doce años. La escondió en Afidnas.

Teseo rapta a Helena

Los Dióscuros, hermanos de Helena, se dispusieron a vengar la afrenta y amenazaron con destruir Atenas.

Academo reveló a Cástor y Pólux el escondite de su hermana y salvó la ciudad de la ira de los gemelos divinos.

Foto Maite Jiménez. Junio 2025

En un bosque cerca de Atenas, consagrado a Atenea, a los Dióscuros y a Academo, chopos, abedules y olivos dan sombra a los paseantes.

El río Cefiso proporciona al paraje el encanto de un locus amoenus que invita al pensamiento.

Rafael, La escuela de Atenas

Filosofía, retórica y matemáticas avanzadas eran los pilares de la educación en la adolescencia de los jóvenes atenienses. Estas disciplinas exigen esfuerzo y tiempo, no se adquieren en unos meses. Constituyen la base de la formación de un ciudadano libre: aprender a razonar, a reflexionar, crear una imagen del mundo, expresarse con corrección para dialogar, discutir y convencer.

Los jóvenes varones de clase alta que paseaban con Platón en su Academia perseguían el desarrollo intelectual a través de la literatura, la dialéctica, la música y la geometría.

La convivencia con los maestros forjaba el carácter de los futuros ciudadanos, alimentaba su pensamiento crítico. En los momentos peripatéticos en las riberas del Cefiso discutían sobre la inmortalidad del alma. No se olvidarían de ejercitar sus cuerpos:

Gymnasium.

Con la premisa del καλὸς κἀγαθός, la educación debía ser por fuerza integral, holística, para formar ciudadanos introspectivos y reflexivos, capaces de enfrentarse a cualquier situación y hábiles en el desempeño de sus obligaciones.

Jinete Rampin

Dos mil quinientos años después, el jardín de Academo está abandonado.

Un profesor pasea por el aula. Le han dicho que no debe ser un busto parlante, que debe interactuar con sus estudiantes, que sea también peripatético.

Tendrá suerte si los estudiantes están sentados, mínimamente erguidos, mirándolo. Lo habitual será que mande callar y no le hagan caso, o que alguno lo insulte. Él no deberá amonestar, corre el riesgo de ser denunciado.

Todo lo que había pensado enseñar hoy se ha esfumado. A nadie interesa lo que dice. Nada que ver con los contenidos del Tik-Tok, dónde va a parar. Scroll, scroll, scrollno conviene la reflexión.

Añora la autoridad del profesor. No se entienda mal, que la palabra viene del latín: auctoritas, que tiene que ver con el peso intelectual y moral, con el prestigio y con el respeto. También con el sueldo.

No puede comunicarse con el nutrido grupo de alumnos extranjeros que hay en el aula, porque no conocen el castellano. Además, tiene que hacerse cargo de chicos con necesidades especiales y no está preparado para ello. Porque mucho hablan de la inclusión, pero es una quimera.

Sabe que un ciudadano español tiene derecho por nacimiento al título de la ESO: por tanto, no vale nada. Se lo dan hasta a los suspensos. Además ahora los alumnos obtienen el título de Bachillerato con una asignatura suspensa. Él ha pasado a formar parte de los que aprueban con un 3 o con un 4, los cómplices de este delito educativo.

Es consciente de que tiene que comportarse como mandan los cánones: no impartir todo el currículo, porque los estudiantes nunca serán capaces, quizás porque el esfuerzo no es un valor y los conocimientos no cotizan al alza.

También sabe que los padres de sus alumnos han desarrollado superpoderes. Ahora, hasta saben de programaciones, contenidos, adaptaciones, de metodología y de pedagogía. Vienen con frecuencia a indicarte cómo has de enseñar y cómo has de evaluar.

Le han dicho que los niños ricos van a escuelas donde se enseña y se aprende de verdad. Ellos formarán las elites poderosas del futuro. Los estudiantes de la pública quedarán a la cola del conocimiento y de las oportunidades. Piensa que eso es lo que quieren los gobernantes: masas iletradas, votantes maleables, ausencia de pensamiento crítico.

Cuando se acerca el verano, se disculpa ante sus amigos de que tiene dos meses de vacaciones. Le da vergüenza. Aunque, si lo piensas bien, ¿por qué ellos no se han animado a esta profesión que, según dicen, es un chollo? Bueno, hace falta titulación superior, pero ya no es un impedimento, porque los títulos se regalan.

Mientras, se consuela leyendo a Quintiliano, que, aunque dicen que fue el primer pedagogo, no tiene nada que ver con los que él conoce y con los que trabaja.

A los alumnos solo les recomiendo que amen a sus maestros tanto como a sus estudios y los consideren unos padres, no en el sentido físico, sino en el intelectual. Esta devoción ayudará mucho en los estudios, pues escucharán de buena gana, creerán en sus palabras y desearán parecerse a ellos. En suma, vendrán muy contentos a las clases, no se enfadarán cuando se les corrija, se alegrarán cuando se les alabe y se esforzarán para ser los más queridos. Pues igual que el deber de los maestros es enseñar, el de los alumnos es mostrarse dispuestos a aprender. De lo contrario, una cosa no tiene sentido sin la otra.

(Quintiliano, Institutio Oratoria II, 9, 1-3)

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MAITE JIMÉNEZ, TRADUCIR LA «TRÓTULA»

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