LOS TOMATES DE AGAMENÓN

Si el viajero se pasa de casualidad por MICENAS, la rica en oro, la de anchas calles, la del Peloponeso, tendrá una experiencia ciclópea. De eso hemos hablado muchas veces en este blog.
En la Micenas invernal vimos naranjas, nieve y mar turquesa, el mismo que vio Agamenón antes de entrar en su casa, al fondo de la llanura de Argos.
Alegoría de Nafplio
Pero si el viajero se acerca a Micenas en primavera o en el temprano verano, podrá disfrutar de los tomates que Clitemnestra cultiva en el huertecillo al lado del mégaron de su palacio. Las mujeres suelen dedicarse a la horticultura o a las flores cuando necesitan relajarse, distraerse y olvidarse de lo cotidiano. También les ayuda a pensar, mientras golpean la tierra de la huerta o de las macetas.

Un poco separado de la ciudadela de Micenas, se encuentra el RESTAURANTE AGAMENÓN, donde yo probé, entre otras cosas riquísimas, estos TOMATES RELLENOS.
Eran grandísimos, carnosos, pero con la piel firme, pues se fueron al horno y tuvieron que mantenerse erguidos y redondos.

Clitemnestra fuma un cigarrillo en una esquina del comedor, acompañada de su anciana suegra, que la mira ceñuda, aunque algo fascinada. La señora de Micenas es una mujer bellísima, elegante, de mirada líquida, que habla con el viajero en una lingua franca basada en el inglés y el italiano.
Lleva un collar de turquesas y corales, engarzado en plata, le ocupa todo su escote. Sonríe por el éxito de sus tomates rellenos, cuya receta se la dio una prima de Corinto. Los viajeros ya están tomando café. Se los cocinará a Agamenón cuando regrese de Troya.

John Collier, Clitemnestra






by Alice Wellinger
