SÉ QUE ME MUERO DE AMOR

Litore quot conchae, tot sunt in amore dolores
(Ovidio, Ars Amandi, 2, 519)
Muchos son los dolores del amor, quizá tantos como las conchas de la playa, y todos los poetas en su MAPA DE AFECTOS sufren la tentación de contarnos el tópico de MORIR DE AMOR
Si el amante es cortés subirá a la dama a un altar, y su relación con ella era rozará lo religioso. En su PENITENCIA, reclamará el DOLOR como proceso de amor, como un camino hacia Dios. Y se regodeará en el sufrimiento, como único clavo ardiente al que aferrarse. Su locura podrá ser tal que despreciará el roce carnal.
El amante sufriente tiene sed, y su deseo es como el del ciervo que anhela las aguas del río, igual que el salmo bíblico, que ansía a Dios, el único que calmará su desesperación. Entonces, la fusión será completa, todo lo terrenal será despreciado, hasta la unión final, la unio mistica

El poeta amoroso, sediento de amor, ofrece su veneración, sus cilicios y su entrega absoluta, deshaciéndose de sí mismo.
Entre llantos y suspiros, el amante languidece, deprimido y abatido. El sufrimiento llega a ser un gozo místico, quiere sufrir más allá de sus fuerzas físicas. Quizá solo pueda conseguir ese amor castigando sus carnes, autoinfligiéndose dolor. Sustituir una sensación por otra, el dolor por el amor, el sufrimiento físico por el placer espiritual.
Son conscientes de cómo su cuerpo se descompone y perciben el fin. Encontrar placer en el dolor también es una opción, la más extrema. Todos los que les escuchan han de saber cómo se muere de amor.
Alfred Eisenstaed, 1965
Querer morirse de amor es lo más parecido a una inclinación suicida, por ello, como todos, dejan un poema de despedida, para avisar, para explicar cómo van a irse.
Nos queda la duda de si lo que dicen o cantan es para que su amada les oiga, para hacerla sufrir también a ella, instilándole el sentimiento de culpa, cuando asista a su final.
Es seguro que en su tumba aparecerá un EPITAFIO con el nombre de ella, y se relatarán todas las penalidades de él.

He descubierto estos días la hermosa voz de Raquel Andueza, quien canta esta maravillosa canción de El Burgués Gentilhombre de Lully sobre la obra homónima de Molière.
En ella, los españoles entran en escena cantando sus cuitas de amor, como correspondía a la imagen que de aquellos amantes tenían el resto de los europeos, que por aquel entonces eran considerados como mártires, testigos de dolor.
Sé que me muero de amor
y solicito el dolor.
Aún muriendo de querer
De tan buen ayre adolezco,
Que es más de lo que padezco
Lo que quiero padecer.
Y no pudiendo exceder
A mi deseo el rigor.
Lisonxéame la suerte
Con piedad tan advertida,
Que me assegura la vida
En el riesgo de la muerte.
Vivir de su golpe fuerte
es de mi salud primor.



Aquiles y Télefo (Herculano)
Farmacia de Santa Maria Novella (Florencia)
Suzy Parker, 1952. Photo: Georges Dambier.

Volta

Mykonos
Gordon Parks
Starbuks
David Seymour, Budapest 1948
Santorini