NADA EN EXCESO

NADA EN EXCESO

Herbert List
πολλὰ τὰ δεινὰ κοὐδὲν ἀνθρώπου δεινότερον πέλει (…)
καὶ φθέγμα καὶ ἀνεμόεν φρόνημα καὶ ἀστυνόμους
ὀργὰς ἐδιδάξατο (…)
παντοπόρος: ἄπορος ἐπ᾽ οὐδὲν ἔρχεται
τὸ μέλλον: Ἅιδα μόνον φεῦξιν οὐκ ἐπάξεται:
νόσων δ᾽ ἀμηχάνων φυγὰς ξυμπέφρασται.
(Sófocles, Antígona 332ss)
Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna más portentosa que el hombre (…)
Y por sí mismo ha aprendido la palabra y el pensamiento, rápido como el viento,
y las formas que ordenan la vida en común (…)
Recursos tiene para todo. Sin recursos en nada se aventura
al porvenir. Solo de la muerte no podrá escapar:
pero sí ha discurrido cómo huir de las inevitables enfermedades.
Auriga de Delfos (detalle) Foto Maite Jiménez 2019

Hace algunos años publiqué en este mismo sitio una entrada titulada CUERPOS HERMOSOS, PENES PEQUEÑOS. Desde entonces, cada vez que entraba en la página como administradora del blog, contemplaba atónita las palabras que se habían usado para la búsqueda y el número escandaloso de comentarios spam allí registrados, todos ellos de contenido extraño, desde pederastia a viagra. Estoy segura de que mi blog fue con frecuencia el destino de búsquedas de contactos y páginas porno a cuenta de este título. ¡Qué decepción habrán sufrido tantos visitantes, ávidos de encontrar a efebos con penes pequeños!.

Decidida otra vez a hablar del tema, he eliminado el post anterior y he cambiado su título. También el contenido ha sido actualizado, producto de una renovada reflexión.

Herbert List

En los muchos años que llevo enseñando lenguas clásicas, no ha habido clase que no me haya hecho la misma pregunta:

“Profe, ¿por qué las estatuas griegas tienen los penes tan pequeños?”.

Esta pregunta no es producto de la tormenta hormonal de mis estudiantes, sino de su agudeza. No es una cuestión baladí la que plantean mis pupilos año tras año.

Sí lo es esta otra:

“¿Por qué las estatuas griegas no tienen brazos?”, una sandez que ellos no formulan, porque son bastante más avispados que los cenutrios que se preguntan si la pobre Venus de Milo fue concebida así.

Dice la internet que entre los varones europeos avanza el llamado síndrome del vestuario. Los hombres que deben desnudarse en compañía de otros piensan siempre que su pene es más pequeño que el de los demás, y por eso no cesan de compararse con los ejemplares de su mismo sexo.

Culturalmente la virilidad se ha asociado al tamaño del pene. Los expertos aseguran que esta idea no tiene fundamento funcional. En el proceloso mar del placer sexual el tamaño no importa…o sí.

La zozobra invade a los hombres cuando contemplan sus miembros viriles después del esfuerzo deportivo, del agua fría de la natación o en estados de tristeza y desgana. Sus dimensiones han cambiado.

Cada vez que tengo la fortuna de visitar el Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas, me sobrecoge la sonrisa pilla del llamado JINETE RAMPIN. Este muchacho, perteneciente a la jeunesse dorée ateniense pre-democrática, es un atleta vencedor, bello y elegante.

A diferencia de aquellos jóvenes que lucharon contra el Terror tras la Revolución Francesa, no exhibe ropajes elegantes y sofisticados perfumes para reprobar a los terribles jacobinos.

La fresca belleza de su cuerpo desnudo que va a iniciar una carrera a caballo resume toda la nostalgia del momento feliz y efímero de la juventud, ese instante entre la niñez y la madurez que solo dura un suspiro.

Foto Nuevo Museo de la Acrópolis (Atenas)

Sonríe con el mohín de insatisfacción de un adolescente, sonríe porque está lleno de Χάρις, porque es consciente de su destino, porque está seguro de su ἀρετή y comunica un extraño bienestar.

Es joven, inteligente, perspicaz, con tiempo para sí mismo. Por eso tiene un esclavo que le peina los cabellos en bucles.

Su sonrisa lo distancia del común de los mortales, de los quehaceres de lo cotidiano, del aburrimiento del que trabaja.

Bendecido con el aliento de los dioses, está vivo, en armonía.

Foto

Cerca del Caballero Rampín está el tierno EFEBO DE CRITIOS, crucial en la historia de la estatuaria, según dicen los historiadores del arte.

Sin embargo, parece que su pene diminuto no combina nada bien con el esplendor de sus músculos, con su magnífica cresta ilíaca y sus asentados hombros.

Es un maniquí viril, lleno de sofrosine platónica, de templanza ática, equilibrio y proporción, si no fuera por su miembro viril.

Foto Nuevo Museo de la Acrópolis (Atenas)

Los efebos de los museos han competido, han ganado en el ἀγών deportivo, han sido coronados de olivo y su victoria significa transmitir su éxito personal a la comunidad.

Así lo expresó Aristóteles:

τῆς μὲν γὰρ ἀρετῆς καὶ τῆς εὐεργεσίας ἡ τιμὴ γέρας
(Ét. Nic. 1163b)

El honor es el trofeo de la virtud y del bien hacer.

Discóbolo. Palazzo Massimo alle Terme, Roma. (Foto Javier Rodríguez 2015)

Para estos varones, la ἀρετή, la excelencia moral, no se concibe sin el reconocimiento, conseguido en ese ensemble que es el ἀγών : religión, sacrificio, juego, comunidad, sociedad, honor, trascendencia.

Los atletas, efebos y κουροῖ griegos, así como todos los bellos varones europeos que pueblan desnudos los museos, se diferencian de los bárbaros que los rodean.

Los griegos se distinguen de los persas, para quienes la desnudez es vergonzosa.

Son esos persas que se inclinan sumisos ante su todopoderoso soberano en rigurosa fila india en Persépolis.

Apadana del palacio de Darío en Persépolis.

Por el contrario, los jóvenes atenienses de Fidias cabalgan desnudos, charlan entre ellos, se agolpan en la procesión de las Panateneas, llenos de vida y de desenfado.

Su cuerpo expresa valores colectivos.

Museo Británico

Muchos turistas orientales, ocultos tras el ojo polifémico de su cámara, fotografían al bello HERMES DE PRAXÍTELES en Olimpia con ansiedad, pero a duras penas pueden mirarle cara a cara y recorrer su cuerpo sin defectos sin sentir un punto de vergüenza.

Es la estrella del museo y disfruta de una estancia para él solo estupendamente iluminada, una sala para caminar o sentarse en el suelo y gozar del espectáculo. Muy pocos de esos visitantes dan la vuelta por detrás para admirar sus nalgas perfectas y su sugerente contrapposto. Creo que al ver su carne tan resplandeciente, los invade cierta incomodidad.

Uno de los hombres más bellos de la Historia del Arte es este atleta que se ciñe la diadema. Sus copias pueblan los museos europeos. El DIADÚMENOS de POLICLETO ha buscado el honor, no como meta, sino como camino para convencerse de su propio valor.

Su gesto parece decir: el juego debe terminar.

Ha terminado la adolescencia, he crecido, soy un hombre.

Diadúmenos. Museo Arqueológico de Atenas (Foto Maite Jiménez 2019)

Cuerpos desnudos, divinas proporciones, penes pequeños.

Los bellos efebos no muestran su glande, aunque no cubren sus cuerpos, porque hablan de tú a tú con la divinidad, mostrándole abierta y libremente lo perecedero del cuerpo.

Están seguros de que los dioses son como ellos.

Auriga de Delfos (detalle) Foto Maite Jiménez 2019

Lejos, en las cumbres de las montañas, en lugares prohibidos, una vez al año y en secreto, se rompe la idealización del cuerpo humano y también la proporción.

Son los RITUALES DEL INSTINTO, donde sátiros, faunos y seres dionisíacos sin control muestran con orgullo salvaje sus enormes penes erectos y sus violentas pasiones.

Estas figurillas también están en los museos, pero no ocupan los espacios centrales, sino que se han recogido en populosas vitrinas, al lado de los objetos cotidianos, donde vive la artesanía: lucernas, espejos, juguetes, estatuillas votivas y demás enseres domésticos.

Son las pasiones secretas de los seres que han dado rienda suelta a los excesos más inconfesables y por ello carecen de contención, de mesura, templanza y virtud.

Sátiro del pintor Epicteto procedente de Vulci, s. VI a.C. (BNF, Gabinete de las medallas)

Inevitablemente, cuando vemos el cuerpo hecho mármol de dioses y  hombres, pensamos, igual que Nietzsche, en Apolo, en la mesura y en el arte de la música, el alma de las cosas.

Koré del Peplo (Nuevo Museo de la Acrópolis, Atenas)

Frente a él se encuentra Dionisos, desmelenado y excesivo, todo instinto y naturaleza salvaje, la pulsión de la generación y también la vida en todo su esplendor.

Dionisos en el frontón este del Partenón (Museo Británico)

Parece ser que el sabio de los Siete Sabios Quilón de Esparta escribió en el templo de Apolo en Delfos esta máxima:

μηδὲν ἄγαν

NADA EN EXCESO

Esto lo cuentan Critias y Aristóteles. Otros se la atribuyen a Solón de Atenas.

Apolo del Templo de Zeus en Olimpia (Foto Maite Jiménez 2019)

Al parecer, para un griego la medida era lo mejor. No sin motivo Tales de Mileto medía la sombra de las pirámides.

En cualquier caso, todas aquellas palabras escritas en el pórtico de Delfos tienen mucho valor, según dijo el viajero Pausanias.

ἐν δὲ τῷ προνάῳ τῷ ἐν Δελφοῖς γεγραμμένα ἐστὶν ὠφελήματα ἀνθρώποις ἐς βίον (…) οὗτοι οὖν οἱ ἄνδρες ἀφικόμενοι ἐς Δελφοὺς ἀνέθεσαν τῷ Ἀπόλλωνι τὰ ᾀδόμενα Γνῶθι σαυτὸν καὶ Μηδὲν ἄγαν.

(Pausanias, X, 24)

En la pronaos de Delfos están escritas unas frases útiles para la vida de los hombres (…). En efecto, estos sabios, al llegar a Delfos, dedicaron a Apolo estas máximas:

CONÓCETE A TI MISMO

y

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Acerca de Maite Jiménez Pérez

Profesora de Latín y Griego de Secundaria. Traductora. Me gusta viajar. Adoro la música. SOLVITUR AMBULANDO
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2 respuestas a NADA EN EXCESO

  1. cccouto dijo:

    Pues mira, me parece que este es un post particularmente serio, penes incluidos. Nos recuerda que avergonzarse del cuerpo, de los cuerpos, es propio de los bárbaros, porque significa fomentar el sentimiento de inferioridad y prepararnos para aceptar vivir sometidos…Las conclusiones salen solas al leer, como al darse un paseo por esos museos. La luz, los cuerpos, la dignidad del hombre y la razón. Yo sigo creyendo en esas cosas. Vamos, es que no creo en ninguna otra. Y enfrente, los “persas” ( Hoy diríamos, quizá: la corrección política).

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  2. Pingback: COMO EL AGUA QUE FLUYE | Grand Tour

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