―Ahora conozco a Amor, dios terrible, de leona fue el pecho que mamó y en agreste bosque lo crió su madre. Él me quema poco a poco y me hiere hasta la médula de los huesos
(Teócrito, Idilio III,15-18)
Piet Mondrian, Amaryllis
En la campiña de Mantua los pastores Títiro y Melibeo comparten sus inquietudes. Romavive inquieta los tiempos complicados que siguieron a lasGuerras Civiles.
Títirose estira indolente en el prado bajo la sombra ancha de un haya.
Melibeotiene que partir de esta personalArcadiahacia un destino muy duro:
el exilio.
Ms. Virgilio Romano, con la página del inicio de la Égloga I. (Biblioteca Vaticana, Cod. Vat. lat. 3867)
Meliboeus Tityre, tu patulae recubans sub tegmine fagi silvestrem tenui Musam meditaris avena; nos patriae fines et dulcia linquimus arva: nos patriam fugimus; tu, Tityre, lentus in umbra formosam resonare doces Amaryllida silvas.
MELIBEO
¡Títiro!, tú, recostado a la sombra de esa frondosa haya, meditas pastoriles cantos al son del blando caramillo; yo abandono los confines patrios y sus dulces campos; yo huyo de mi patria, mientras que tú, ¡oh Títiro!, tendido a la sombra,enseñas a los bosques a resonar con el nombre de la hermosa Amarilis.
Edición de las Églogas de 1469, Ms. 493 Bibliotheque Municipale, Dijon.
Las confiscaciones se habían generalizado, los veteranos de la Guerra merecían también su reposo, y Melibeo es uno de los muchos que perderán sus tierras en favor de los licenciados del ejército.
El propio Virgilio fue víctima de estas confiscaciones, pero la intercesión de Asinio Polión y de Cornelio Galo, amigos de Octaviano, lo libró de perderlo todo.
Por ello, diez años antes del final de las Guerras Civiles, Virgilio es por vez primera PROFETA, y vaticina en esta Égloga la gloria y la deificación de Augusto emperador.
Markó Károly, Arcadia.
El OTIUM del que goza Títirole permite dejar sueltas sus ovejas y ensayar en su flauta de Pan.
Pero no siempre fue así.
Cuando Títiro tenía el amor de la bellísima GALATEA, su voluntad estaba secuestrada. Ella era todo pasión, vitalidad y alegría.
Gozaba tanto de su cuerpo que era esclavo también por esto.
Ella quería que la disfrutase, que la agotase.
Títirono se sentía libre, ella lo exprimía sin piedad. No podía atender a sus menesteres, y también de eso se quejaba GALATEA. Decía que no le hacía suficiente caso.
Ella fue siempre caprichosa, siempre infiel, celosa, inestable, pero arrebatadora, irresistible y adictiva.
Su amor era un yugo.
Ahora las avellanas han podido ser por fin recogidas.
Cuando amaba a Galatea, los frutos se quedaban en los árboles.
A ella no le gustaba el campo.
Foto Maite Jiménez (septiembre 2017)
Ahora Títiro vive en el amor de AMARILIS, a la que llama en griego ‘Αμαρύλλις, porque su rostro es centelleante, su mirada tiene el brillo del sol y es dulce como la miel de sus colmenas.
AMARILIS es la libertad, la generosidad y la confianza. Se han acabado los celos. El amor de ella es maduro, tierno y sin sobresaltos.
Es una chica de campo
La imagen de Amarilisreside en el corazón de Títirolo mismo que la imagen de ese diosque le permitió abandonar los peligros de quedarse sin tierras, sin nada.
Adriaen van Nieulandt, Amarilis coronando a Mirtilo
Tityrus Hic tamen hanc mecum poteras requiescere noctem fronde super viridi: sunt nobis mitia poma, castaneae molles, et pressi copia lactis; et iam summa procul villarum culmina fumant, maioresque cadunt altis de montibus umbrae.
TÍTIRO
Bien pudieras no obstante, descansar aquí conmigo esta noche sobre el verde follaje; tenemos dulces manzanas, castañas cocidas y queso abundante. Ya humean a lo lejos los mas altos tejados de las granjas y van cayendo las sombras, cada vez mayores, desde los altos montes.
Sir James Dromgole Linton
Pero una leyenda espuria cuenta que el amor de Amarilis por Títirose apagó.
Ella aún era joven y tenía sueños de pasión.
René Groebli
El pastor Alteoamaba las flores, pero desoía los requiebros de las jóvenes que lo perseguían.
Como todos los insensatos, AMARILIS consultó a la Pitia en Delfos. Siguiendo sus indicaciones llamó a la puerta de Alteo vestida de blanco, pero él la rechazó.
Durante 30 NOCHES llamó a la puerta de su amado que era fuerte como Hércules, bello como Apolo.
Cada vez que él la rechazaba ella se clavaba una flecha de oro en su cuerpo.
La noche número 30, con su túnica blanca manchada de carmesí y exhausta por la sangre que había perdido, llamó de nuevo.
Alteo encontró a su puerta esta bonita flor a la que puso el nombre de
"...y, claro, todo eso serán interrupciones si logro reanudar el trabajo. Pues me saldrá como siempre un trabajo tartamudo. Bueno, qué le vamos a hacer." Gonzalo Torrente Ballester