Se había desterrado de Atenas por el crimen contra su sobrino Pérdix.
Por eso recaló en el reino de Minos.
Dita von Teese
Dicen que TALOS, el gigante de bronce guardián de Creta, fue creado en el taller del industrioso Dédalo, hábil en estas cosas de fabricar seres que imitaban a la Naturaleza. Una sola vena le irrigaba todo el cuerpo. Medea consiguió seducirlo con la promesa de la inmortalidad y le quitó el clavo que detenía el flujo vital.
Mucho antes de ser arquitecto, DÉDALO fue ESCULTOR.
Paolo Monti (1975)
Inventó
ἀγάλματα
Sus AGÁLMATA eran muñecas articuladas, de madera, terracota o marfil, verdaderos EXVOTOS para la divinidad. Y tenían los ojos muy abiertos.
A estas creaciones de Dédalo las llamaron
δαίδαλα
NOTA ETIMOLÓGICA: δαιδάλλω, «trabajar con arte», de la misma raíz que el inglés to till, «labrar, cultivar» , el holandés telen, o el alemán zielen, con el sentido de esforzarse y luchar.
Los DAIDALA de Dédalo hacen que la MATERIA INANIMADA cobre vida.
Igual que la Galatea de Pigmalión, las muñecas divinas de nuestro escultor van más allá de la mera representación:
REPRODUCEN LA VIDA
Museo Arqueológico de Tebas (Foto Maite 2023)
Estas lindas MUÑECAS aparecieron en tumbas y templos de toda Grecia.
Muñeca corintia s. V. a.C. (MET Museum NY)
Quizá se trataba solo de OFRENDAS a Ártemis de las jóvenes novias: dejaban el círculo de la diosa libre e indómita que retoza en los montes armada de carcaj y flechas, para meterse en los dominios de Hera y de Hestia, en el hogar, en el encierro.
A partir de ahora, se entregarían al hogar y a las tareas de la vida adulta, como hilar y
tener muchos niños.
Conducción de la novia. Museo de la Acrópolis (Foto Maite 2023)
Por eso algunos afirman que las muñecas griegas son más bien ÍDOLOS, representaciones, iconos, deseos de FERTILIDAD.
Porque ÍDOLO es ειδωλον, de la raíz de VER, pero no solo se trata de ver con los ojos, sino con la mente y el corazón.
NOTA ETIMOLÓGICA: ÍDOLO procede de la raíz ϝιδ-, del verbo ὁράω, que significa «ver» que no es simplemente contemplar con la vista, sino ser capaz de «saber» los MISTERIOS de la divinidad. Solo el iniciado, el μύστης , participa del misterio. El místico entonces, el que entorna los ojos, μυέω, es capaz de «ver»con ellos cerrados.
Buda reclinado en el Templo Nanzoi, en Sasaguri (Fukuoka)
Esto es una CONEXIÓN CTÓNICA, con las entrañas de la tierra, con sus fuerzas telúricas, de donde procede la energía de la vida. Por eso la TERRACOTA es el material elegido para los ídolos.
Ídolos micénicos. Museo Arqueológico de Tebas (Foto Maite Jiménez 2013)
Pero las MUÑECAS de DÉDALO también tienen poderes APOTROPAICOS, y propician rituales para atraer el bien o alejar el mal.
En marzo de 2022, coincidiendo con el centenario de la publicación del Ulyssesde James Joyce, me decidí por fin a leer este «monstruo» de la narrativa del siglo XX.
He tardado un año, porque he alternado el Ulises con otras cosas. Por ejemplo:
Los capítulos de la novela han ido salpicando los meses. Creo que ha sido una buena manera de leerlo, para no «empacharme» de este texto difícil donde los haya.
Ahora puedo presumir de haberme sumergido en una de las creaciones más delirantes de la narrativa de todos los tiempos.
Siempre me ha llamado la atención que los intelectuales y escritores citen a Joyce alegremente, aunque siempre repitan frases hechas y topicazos. Debe de ser que no lo han leído, pero quedarían fatal si lo confesaran.
Respeto a los lectores que se han declarado incapaces de leérselo entero. La literatura no puede ser nunca sufrimiento. La lectura debería estar alentada por el deseo de saber, por el ansia de experimentar cosas nuevas, por vivir un mundo diferente, por salir de nuestra zona de confort, para evadirnos, sentirnos distintos, imaginar cosas nuevas o llegar a oír la música de las esferas. Todas las motivaciones son valiosas.
Frédéric Boissonnas, Cabo Sounion.
No obstante, yo he descubierto algo fascinante. A lo largo de mi vida lectora he leído textos audaces y rompedores, técnicamente novedosos, supuestamente modernos, y siempre creí que era mérito de ese autor el incorporar a su novela estas valentías. No sabía que había sido Joyce el primero que se atrevió.
Joyce en 1931. Foto: Cordon Press.
Desde que he leído el Ulysses, me muevo con más precaución entre las «novedades» literarias que me asaltan en Instagram: ya me fío menos.
Simone Martini, Anunciación (detalle) Uffizi
Creo que el autor de esta novela única fue presa de un rapto divino, de una energía desbordante, que en los que no son genios como él solo podría provenir de alguna sustancia psicotrópica.
Joyce es un ἐνεργούμενος, un ser lleno de acción, de potencia y de energía.
Daniel Meunier
James Joyce fue presa de eso que los griegos llamaron ἐνθουσιασμός, la posesión y el furor de una fuerza mucho más grande que nosotros, divina, celestial, olímpica, la inspiración que traspasa los límites humanos y conduce al delirio, la picadura del aguijón, el stimulum, el οἶστρος, que no es otro que el pomposo estro.
Y HOMERO…
Homero es la arquitectura, los cimientos sobre los que se construye este texto enorme. Así lo he leído yo, con los ojos de los amantes del vate ciego, el más grande poeta de todos los tiempos.
Leopold Bloom como Ulises, Stephen Dedalus como Telémaco, ambos como Joyce, quizás.
Molly es nuestra nueva Penélope, o Nora, asediada por pretendientes, menos casta y más humana que la reina de Ítaca.
En Dublín está HOMERO:
Proteo envuelto en la marea verde.
Calipso hermosa retrasando el camino a Ítaca.
Lotófagos despistados y olvidadizos.
El Hades donde habitan incorpóreos los que se han ido.
Eolo que trabaja en las rotativas.
Voraces lestrigones de restaurante, que se lo comen todo.
Escila y Caribdis, monstruos que acechan al pensador en el estrecho.
Las calles como Simplégades, que se abren y cierran, laberinto de la mente.
Camareras que cantan hechiceras como las sirenas.
El Cíclope inmenso en su taberna.
Linda Nausícaa en la playa.
Los bueyes del Sol que no se debían comer.
La maga Circe vende su cuerpo en el burdel.
El porquero Eumeo habla de naufragios.
Siempre Ítaca, donde espera Penélope, o Molly de ligas violeta, que piensa sin puntos ni comas.
James Joyce y su editora Sylvia Beach en la librería Shakespeare & Company de París
El traductor del Ulises para la editorial Lumen (1976) fue este gigante:
Me he abandonado, me he rendido al chorro léxico de esta novela. No he analizado, no he consultado bibliografía. Solo me he dejado llevar sin oponer resistencia. He querido ser como una lectora de los tiempos de Joyce.
Solo he atendido al esquema Linati que construyó el propio autor. Ha sido mi guía homérica por esta excentricidad de la vanguardia del pasado siglo.
A MEDEA no le gusta mucho Corinto. Echa de menos las aguas de la Cólquide, los frondosos bosques donde habitan monstruos que guardaban pieles doradas de carnero, los fértiles campos que parían guerreros de dientes de dragón, el aroma del mar que se llevó a su hermano en pedazos, a su anciano padre que siempre le permitió hacer lo que le venía en gana.
John William Waterhouse
Pero, con todo, se considera feliz. Se ha casado, tiene hijos. Ha cumplido.
Anselm Feuerbach
Ella es maga. Las magas, hechiceras, brujas, sibilas y pitonisas son libres, libérrimas. Todos las tachan de locas, de excéntricas o de rebeldes. Eso les permite no casarse, no sucumbir al dominio de los hombres.
Ya va para diez años que no hace ningún hechizo, y menos aún maleficios.
Maria Callas, protagonista de Medea, de Luigi Cherubini, en el Covent Garden de Londres (1959)
Las leyendas pónticas decían que si una maga se entregaba a las leyes de los hombres en el matrimonio, perdía sus poderes.
Cuando era tan solo una niñita de piel tostada como las aceitunas en invierno, se juró a sí misma que jamás obedecería a ningún hombre, que siempre permanecería fiel a su esencia y que jamás dejaría que el vapor que sale de las grietas de la tierra se esfumara para ella.
Aspiraría los efluvios de las hierbas que cocía, se inspiraría con las visiones fantasmales que se le aparecían en aquellos dulces instantes de trance, cuando todo, absolutamente todo, estaba a su merced, bajo su poder.
Evelyn De Morgan
Pero un día llegó el extranjero de porte majestuoso y rizos imposibles. Medea sospecha aún hoy que su padre hizo un pacto secreto con el príncipe griego, que lo único que quería era la venganza y el trono de su abuelo. Pasó de ser princesa a ser sierva, de hechicera libre a esposa fiel.
Giuseppe Gentile (Jasón)
En la cueva de Corfú, donde se entregó a Jasón, sintió por primera vez la mano que le apretaba las entrañas y que le arrancaba el poder de las visiones, la fuerza de su magia. A cambio, se derritió su corazón en el abrazo de piel pecosa del extranjero que le había robado lo que fue.
Por buscar reinos extranjeros, abandoné los míos.
Medea, 478
Brassaï
Obedeció a Jasón y fue la actriz del engaño de las hijas de Pelias, pobrecillas.
No tenían culpa, pero había que hacerlo.
Ella y Jasón llevan ya diez años en Corinto, donde los dos mares griegos se abrazan, unidos por una lengua de tierra.
A veces cree que el Istmo es la metáfora de su matrimonio.
Las olas del Jónico se baten contra la espuma del Egeo, el padre del Ponto. Ellos dos se arrebatan igual, tantas veces. Pero un pedazo de tierra firme contiene su unión. Por lo menos hasta ahora era así.
Medea se mira en el espejo y observa su cuerpo.
Descubre que el interior de sus muslos se ha juntado, que sus caderas se han redondeado de la noche a la mañana y que una curva abulta su vientre. Desde que tuvo al segundo niño, nada fue lo mismo. Además, al levantar los brazos por encima de su cabeza, unas alas de murciélago penden a cada lado de su torso. Le parecen espantosas. El pecho, que hasta hace muy poco se erguía desafiante, empieza a mirar hacia abajo, tristes los senos que alimentaron a los hijos de Jasón.
Es el paso del tiempo, que con las mujeres es realmente cruel.
Mientras, Jasón luce una barbita canosa y unas sienes plateadas que lo hacen si cabe más atractivo. Las chicas dicen que es un madurito cañón. Sus amigas opinan que es por la testosterona, que huye de las mujeres y permanece en los varones en la edad madura. La hormona masculina es la responsable de que Jasón aún luzca sus músculos vigorosos y su piel esté bastante tersa para su edad.
T. R. Pescod
Medea no se rinde. Quiere hacer magia contra el tiempo.
La fortuna teme a los valientes, oprime a los cobardes.
Medea, 159
Gustav Klimt, Higía.
Le han dicho que hay un espacio donde las mujeres ponen su cuerpo en forma. Los ejercicios que hacen allí son al estilo espartano, durísimos. Algo sabía de las gimnopedias lacedemonias, de cómo las mujeres de Esparta se entrenaban como los hombres, al menos hasta que les tocaba engendrar hijos. Por eso vivían más saludables y lograban detener un poco el tiempo irreparable.
Edgard Degàs, Jóvenes espartanos.
Medea no lo piensa más. Se apuntará al deporte. Logrará que Jasón vuelva a mirarla como antes, cuando sus pupilas se hacían grandes y brillantes siempre que ella se le acercaba, ardientes de deseo.
Robert Doisneau, Amoureux aux Poireaux (París, 1950)
Se ha comprado vestimentas adecuadas para los ejercicios. Son un poco descocadas, pero le sientan bien. Cada día por la mañana muy temprano, coge su bolsa con la ropa de fitness, el calzado deportivo, su neceser con el gel, el champú, el acondicionador, el secador, las planchas del pelo, el body-milk y el maquillaje, y se dirige al entrenamiento.
A su clase de CROSSFIT van sobre todo chicas jóvenes. ¡Hay que ver qué resistencia tienen! ¡Y cómo se mueven! Le ganan en todo. Medea intenta imitarlas, pero resopla por el esfuerzo. No se rendirá, dará lo mejor de sí misma.
Hay una chica pelirroja que le ha llamado la atención desde que se apuntó a esta gimnasia despiadada. Se llama Glauce. Tiene los ojos azul Egeo. Es muy hermosa e insultantemente joven.
En el vestuario la mira por el rabillo del ojo, a hurtadillas, y se recrea en sus curvas perfectas, en su piel tersa, tostada como la miel del Taigeto. ¡Qué bien hace todos los ejercicios! Hasta sudada está guapa. En cambio, ella acaba con unos pelos de loca y el jumpsuit más ajustado que nunca, marcando irremediablemente sus imperfectas sinuosidades. Una pena.
Fotos: Philippe Halsman (Hollywood 1952)
Medea tiene miedo, tiene miedo del deseo de Jasón.
Conoce su ira, su furor oriental. Sabe que por celos, por sentirse destronada, es capaz de cualquier cosa, incluso de hacer atrocidades contra el amor de su vida.
Glauce recibe la túnica envenenada por Medea.
Por lo de pronto, ha descubierto unas mascarillas de ácido hialurónico y unas infiltraciones de vitaminas que pone un dermatólogo de mucha fama y que obran prodigios en la piel. También le han hablado de una toxina llamada BÓTOX.
La Esfinge le advierte de que EL TIEMPO NOS DEVORA.
Ella devora a las que luchan por mantener la efímera juventud.
Esfinge de Naxos, ca. 560 a.C. (Museo Arqueológico de Delfos)
Medea sabe que el tiempo se ha comido su lozanía y la tersura de su piel.
Luchará con él y lo vencerá.
VA A COMPETIR CON EL TIEMPO.
Competirá en el gimnasio y si hace falta en la sala de operaciones.
Pugnará por no ser barrida de su propia casa.
No consentirá que otra se haga cargo de sus hijos, por mucho que Creonte diga que hacen falta más vástagos para perpetuar la dinastía.
Peleará con sus artes, sus maleficios, su ciencia, su magia y todos los poderes de su abuelo Helios.
No la detendrán ni sus propios hijos, ni Jasón, ni mucho menos esa muchachita.
Jasón estará ridículo, lo confundirán con el abuelo de sus propios hijos.
¿Tanto ama a sus hijos?
Está bien, está atrapado, está claro dónde lo heriré.
Medea 549-550
Pero, ¡ay! ¡La vanidad! ¡La hombría!
Pensará en algo, aunque sea terrible.
Ahora soy Medea. Mi magia ha crecido con mis crímenes.
Medea 910
Corazón, ¿por qué vacilas? ¿Por qué bañan las lágrimas mis mejillas
y, voluble, me invaden a la vez por una parte la ira
y por otra el amor? Un doble ardor me devora, llena de dudas.
"...y, claro, todo eso serán interrupciones si logro reanudar el trabajo. Pues me saldrá como siempre un trabajo tartamudo. Bueno, qué le vamos a hacer." Gonzalo Torrente Ballester