EL CONFINAMIENTO DE THAIS

EL CONFINAMIENTO DE THAIS

Henry Hathaway, Legend of the Lost (1957)

Según se lee en las Vidas de los Padres, la meretriz Thais era tan hermosa, que por su culpa muchos llegaron a vender todos sus bienes y acabaron en la pobreza más extrema. Sus amantes a menudo se enzarzaban en peleas por causa de los celos y las puertas de la casa de esta mujer quedaban regadas con la sangre de los jóvenes.

          Al enterarse de esto el padre Pafnucio, se vistió de seglar, cogió un sólido de oro, se fue a visitarla a la ciudad de Egipto donde vivía y le entregó la moneda como si fuese el pago por el pecado. Ella aceptó el dinero y le dijo:

       – ¡Vayamos a mi cuarto!

         Lo condujo a la estancia y lo invitó a meterse en su cama cubierta de rica lencería.

Sir Frank Dicksee, Leila (1892)

       Entonces él le dijo:

      – Si hay una habitación más íntima, vayamos a ella.

      Thais lo llevó por muchos cuartos, pero él siempre decía que tenía miedo de que lo viesen. A lo que ella dijo:

      -Hay una cámara donde nadie entra, pero si temes a Dios, no hay ningún lugar que se le pueda ocultar a la divinidad.

      Al oír esto, el anciano le dijo:

      -Y tú, ¿sabes que Dios existe?

      Ella le respondió que sabía que Dios existía, así como también el Reino de los Cielos y los tormentos para los pecadores. Pafnucio le dijo:

      – Pues si lo sabes, ¿por qué has llevado a la perdición a tantas almas?. Serás condenada y habrás de rendir cuentas no solo por ti, sino también por ellos.

      Cuando Thais oyó esto, se postró a los pies del padre Pafnucio suplicándole con estas palabras:

       – Padre, sé que existe la penitencia y confío en alcanzar el perdón por mis pecados con ayuda de tus oraciones. Solo te pido una tregua de tres horas. Después iré a donde ordenes y haré todo lo que dispongas.

       Ella recogió sus todas sus cosas y lo que había ganado con su pecado. Lo reunió todo en el medio de la ciudad en presencia de la gente y, mientras le prendía fuego, gritaba:

      – ¡Venid todos los que habéis pecado conmigo y ved cómo voy a quemar lo que me disteis!

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      El valor de sus pertencias ascendía a cuatrocientas libras de oro. Después de que quemó todo, Thais se dirigió al lugar que había dispuesto el padre Pafnucio: había encontrado un monasterio de monjas para ella.

Allí la recluyó en una pequeña celda, selló su puerta con plomo y le dejó abierta una angosta ventana a través de la que pudieran llevarle una ración de comida escasa: ordenó que las monjas le sirvieran cada día un poco de pan y un poco de agua.

Qumran (Israel)

     Cuando el anciano estaba a punto de marcharse, Thais le preguntó:

   – ¿Dónde ordenas, padre, que eche mis orines?

Pafnucio le respondió:

  – En la celda, que es lo que mereces.

A continuación le preguntó cómo debía adorar a Dios. Él respondió:

    – No eres digna de pronunciar el nombre de Dios, ni de que tus labios invoquen a la Santísima Trinidad, ni de extender tus manos al cielo, porque tus labios están llenos de maldad y tus manos contaminadas de inmundicia. Limítate a postrarte hacia el Oriente repitiendo muchas veces esta frase: “Tú que me creaste, ten piedad de mí”.

     Después de haber permanecido tres años encerrada, el padre Pafnucio se compadeció de ella. Se presentó ante el padre Antonio para preguntarle si Dios habría perdonado los pecados de Thais.

Antonio, una vez que Pafnucio le contó los hechos, convocó a sus discípulos y les ordenó que aquella noche permanecieran despiertos en oración cada uno en su celda, ya que sin duda Dios revelaría a alguno de ellos la respuesta por la que había venido el padre Pafnucio.

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Así pues, después de haber pasado la noche rezando sin cesar, el padre Pablo, el mayor de los discípulos de Antonio, vio de repente en el cielo una cama adornada con rica lencería, custodiada por tres doncellas de rostro brillante.

Esas tres doncellas representaban lo siguiente: una, el temor al castigo futuro, que la había apartado del mal; otra, la vergüenza por el pecado cometido, que le concedió el perdón; y la tercera, el amor a la justicia, que la condujo al cielo.

Simone Martini, Maestà (detalle). Palazzo Pubblico, Siena.

Al decirles Pablo que aquella gracia tan grande era para Antonio, una voz divina respondió:

         – No es para el padre Antonio, sino para la meretriz Thais.

A la mañana siguiente, después de que el padre Pablo contó esto, el padre Pafnucio, conocedor de la voluntad de Dios, se marchó muy contento y enseguida se dirigió al monasterio para abrir la puerta de la celda de Thais. Sin embargo, ella pedía poder permanecer todavía más tiempo encerrada allí.

Pafnucio le dijo:

       – ¡Sal!, pues Dios te ha perdonado tus pecados.

  Ella le respondió:

        – A Dios pongo por testigo de que, desde entré aquí, hice con mis pecados como un fardo y los puse ante mis ojos, y de la misma manera que no he dejado de respirar, así no se apartaron mis pecados de mis ojos, sino que he llorado sin parar al pensar en ellos.

El padre Pafnucio dijo:

         – Dios no te ha perdonado tus pecados debido a tu penitencia, sino porque siempre tuviste siempre en tu alma temor de Él.

Después de sacarla de allí, sobrevivió quince días y luego descansó en paz.

Caravaggio, La muerte de la Virgen (detalle: María Magdalena)
También el padre Efrén quiso convertir a otra meretriz de igual modo. La mujer había seducido a san Efrén de modo impúdico para que pecara con ella. Él le dijo:
        – ¡Sígueme!
Ella lo siguió y cuando llegó a un lugar donde estaba una multitud de personas, le dijo:
      – Acuéstate aquí, para que yo pueda fornicar contigo.
 Y ella objetó
      – ¿Cómo voy a hacer semejante cosa delante de tanta gente?
A lo que contestó san Efrén:
    – Si tienes vergüenza de la gente, ¿no deberías tener más vergüenza de tu Creador, que revela los secretos de las tinieblas?
Ella, llena de confusión, se marchó de allí.

GRAESSE,Th.(ed.), Jacobi a Voragine legenda aurea. Vulgo historia lombardica dicta. Leipzig 1845.

( “De sancta Thaisi meretrice”, cap. CLII, pp. 677-679)

TRADUCCIÓN: Maite Jiménez (mayo 2020)

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DISTANCIA SOCIAL

DISTANCIA SOCIAL

Casino de Constanza (ant. Tomis, Rumanía)

Los céfiros ya mitigan los fríos y, con el año acabado,

el invierno en la Meótide me ha parecido más largo que los de antes;

y el carnero que no supo sostener bien a Hele en su grupa,

hace iguales las horas del día y de la noche.

Frixo y Hele (Pompeya, MAN Napoles)

Los muchachos y las muchachas alegres ya recogen violetas,

que nacen silvestres, sin que nadie las siembre.

Los prados se cubren de flores multicolores

y las aves canoras empiezan con sus espontáneos gorjeos.

Sir Lawrence Alma-Tadema, Collige, virgo, rosas.

Y para borrar su culpa de mala madre, la golondrina

hace su nido y su humilde morada bajo las vigas.

Henri Cartier-Bresson

Y la hierba que se escondía cubierta por los surcos de Ceres,

sale a la luz y extiende sus blandos vástagos por tierra;

donde hay una vid, las yemas brotan del sarmiento,

pues está la vid lejos de las playas de los getas;

Yema de la vid (Foto Javier Rodríguez 2012)

donde hay un árbol, las ramas se hinchan en él,

pues está el árbol lejos de las fronteras de los getas.

Foto María Teresa Pérez (marzo 2020)

Ahora ahí en Roma es fiesta, y las guerras de charlas del foro

lleno de palabras dejan paso a la sucesión de juegos del calendario:

hay juegos ecuestres, juegos con armas ligeras,

juegos de pelota y el juego del aro que se mueve en rápidos giros.

Púgil, s.I a.C. (Palazzo Massimo alle Terme-Roma) Foto Javier Rodríguez, diciembre 2013

Ahora es cuando los jóvenes se untan de resbaladizo aceite,

y bañan sus exhaustos cuerpos en el Acqua Vergine.

Parco degli Acquedotti-Roma (imagen)

La escena está en su apogeo y el aplauso se aviva en pasiones muy diferentes,

y en vez de tres foros resuenan tres teatros.

Teatro de Marcelo (Foto Javier Rodríguez 2013)

¡Oh, cuatro veces feliz, tantas veces feliz que no pueden contarse

es quien puede disfrutar de la Ciudad no prohibida!

Ara Pacis Augustae (Foto Javier Rodríguez 2015)

En cambio, yo contemplo la nieve derretida por el sol de primavera,

y las duras aguas que no pueden sacarse del lago.

El mar ya no está congelado por el frío, ni el boyero sármata

guía como antes su rechinante carro a través del Istro.

Delta del Danubio (Wikipedia)

Pero comenzarán a aproar aquí algunas naves,

y habrá barcos extranjeros en la playa del Ponto.

Yo ansioso iré al encuentro de los marineros, los saludaré

y les preguntaré por qué vienen, quiénes son y de dónde.

Sería sorprendente que viniesen, a no ser de un país próximo,

y hubiesen surcado seguros las aguas, a no ser cercanas.

Buque-Escuela «Galatea» en los años 50

También podría ser que alguno con las velas hinchadas por un Noto constante

haya llegado aquí desde la boca del estrecho y desde el oleaje de la larga Propóntide.

Es raro el navegante que cruza tanta mar desde Italia,

es raro el que viene a estas costas huérfanas de puertos.

Pero si sabe hablar el griego o el latín,

-ciertamente el latín será más agradable-

quienquiera que sea él, podrá traer nuevas con su voz memoriosa,

y ser él a su vez el que comparta y transmita otras noticias. 

Herbert List, Cícladas (1932)

Ruego que él pueda contarme los triunfos de César

que oyó y los votos ofrecidos a Júpiter, dios del Lacio,

y que finalmente tú, Germania rebelde, has agachado

triste la cabeza a los pies de ese gran caudillo. 

Ara Pacis Augustae (Foto Javier Rodríguez 2015)

Quien me cuente estas cosas que me dolerá no haber visto,

pasará a ser de inmediato huesped en mi casa.

¡Ay de mí! ¿Es que acaso está ahora la casa de Ovidio en Escitia?

¿Es que ahora mi castigo ofrece este lugar como mis Lares?

Dioses, haced que no quiera César que aquí estén los Penates de mi hogar,

sino solo un hospedaje pasajero para mi condena.

OVIDIO, Tristia III, 12

TRADUCCIÓN Maite Jiménez (abril 2020)

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ESTABAN EN EL AJO

ESTABAN EN EL AJO

Foto Javier Rodríguez (abril 2020)

Si alguno con impía mano ha cortado

la garganta senil de su padre,

que coma ajo, más dañino que la cicuta.

¡Oh, qué duras son las tripas de los segadores!.

¿Qué veneno es este que rabia en mis entretelas?

¿Acaso sangre de víbora cocida con hierbas

sin que yo me enterara? ¿O es que la bruja

Canidia preparó este asqueroso festín?

Cuando Medea quedó prendada de entre todos

los Argonautas de su espléndido jefe,

untó con él a Jasón para que les pusiese

a los toros el yugo que no conocían;

para vengarse de su rival, le empapó con él

el regalo y huyó de allí en un dragón alado. 

Nunca de las estrellas un calor tan ardiente

se posó en la sedienta Apulia,

ni regalo más abrasador incendió

los hombros del poderoso Hércules.

Pero si alguna vez, burlón Mecenas,

tuvieses ganas de algo así,

que tu chica rechace con su mano tus besos,

y se acueste en la otra punta de la cama.

(Horacio, Épodo III)

Traducción Maite Jiménez (abril 2020)

Fotografía de Giacomo Cosua, NurPhoto/Getty

El Carnaval de Venecia recrea las máscaras de los médicos de la peste negra, la pandemia más terrible de todos los tiempos.

Las máscaras tenían por objeto proteger del μίασμα, la contaminación de la tierra y de las aguas, causa de muchas enfermedades.

Cuenta la leyenda que, durante una epidemia de peste bubónica en Marsella, un grupo de ladrones, aprovechando la desgraciada coyuntura, empezaron a robar cadáveres y a desvalijar las casas de fallecidos y enfermos, pero curiosamente los bandidos no contraían la enfermedad.

La clave de su inmunidad parecía estar en sus mascarillas, en las que habían metido una esponja empapada en vinagre y AJO.

El AJO actúa como repelente de muchos insectos, porque camufla muchos olores corporales de los humanos, además de ser un potente antibacteriano.

Muy probablemente las pulgas que transmitían la peste no se acercaron a los saqueadores debido a su «hedor».

Plantas de ajo dentro de una inicial A en el Régime du Corps de Aldobrandino da Siena.

Así lo explicó Plinio, que recoge 61 remedios atribuídos al AJO. Lo declara antídoto contra las picaduras de las musarañas, las mordeduras de los perros y de las serpientes, y lo que es muy interesante: es un antídoto contra ciertos venenos.

El ajo tiene un gran poder y es muy útil para los cambios de aguas y de residencia. Espanta a las serpientes y a los escorpiones con su olor y, como muchos nos han transmitido, a todos los animales.

NH, 20, 50

El médico HIPÓCRATES indica sus beneficios y perjuicios:

El ajo produce gases, calor alrededor del tórax, pesadez en la cabeza y náuseas, y si hubiese algún otro dolor habitual lo agudizaría. En cambio, es diurético, y esto es bueno. Es excelente tomarlo si se va a salir a beber o si se está ya borracho.

(Sobre la dieta, ap. 45)
Foto Javier Rodríguez (abril 2020)

Los romanos consideraban el AJO más un medicamento que un condimento.

Apicio solo recoge tres recetas con ajo, incluyéndolo en las ostras hervidas, para cocinar el hígado, y en el pescado al vino.

Puede que el gastrónomo romano registre en su De re coquinaria el primer alioli, su célebre ALLIATUM:

Una salsa reina romana que tiene como protagonista al ajo es el conocido MORETUM, salsa de ajo enriquecida con hierbas aromáticas, con aceite de oliva, queso, vinagre y sal, que como su propio nombre indica, ha de hacerse en el mortero, según se cuenta el Appendix Vergiliana, y forma parte del desayuno del bucólico habitante de la Arcadia.

San Isidoro de Sevilla dice que se llama ALIUM porque huele:

Alium dictum quod oleat.

 (Etym. XVII, 10, 14)

Cosechando ajos (Tacuinum sanitatis, s.XV) BNF Lat. 9333, fol. 23.

En los llamados Trucos de Demócrito (Paignia), se recogen recetas fáciles para solucionar problemas comunes. Sobre el olor del ajo, dice:

Si quieres comer ajo y no oler, cuece raíces de remolacha y cómetelas.

Papiro 121 (The British Library)

Se dice que en la Tumba de Tutankamon se encontraron seis cabezas de ajos enteras, probablemente para ahuyentar los malos espíritus.

Cuando el historiador viajero HERÓDOTO visitó la Gran Pirámide de Keops, le contaron lo siguiente:

Y está indicado en la pirámide, en escritura egipcia, lo que se gastó en rábanos, cebollas y ajos para los trabajadores; y si no recuerdo mal lo que dijo el intérprete que me leía la inscripción, la suma se eleva a mil seiscientos talentos de plata.

(Hist. II, 125, 6-10)

Han sido las mujeres las grandes conocedoras de la agricultura, de los frutos, de cómo cocinarlos, de sus propiedades sanadoras, porque su papel fue el de procrear, alimentar y cuidar. Por eso las grandes hechiceras, magas o brujas fueron féminas.

Como dice el tío Ben a Peter Parker-Spiderman:

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Puede que el AJO esté muy cerca de ser la TRIACA, casi la PANACEA

Si es verdad que el AJO tiene propiedades mágicas y que ahuyenta no solo los miasmas, sino también es capaz de neutralizar los hechizos, puede ser verosímil que la HIERBA MOLY, que regaló Hermes a Odiseo para que Circe no hiciera con él lo que con el resto de sus compañeros, fuese un AJO.

Cuando así hubo dicho, el Argicida me dió el remedio, arrancando una planta cuya naturaleza me enseñó. Tenía negra la raíz y era blanca como la leche su flor, llámanla moly los dioses, y es muy difícil de arrancar para un mortal; pero las deidades lo pueden todo.

(Odisea, X, 302ss. Traducción Luis Segalá)
John William Waterhouse

Si hablamos de hechicerías, una de las magas más sobresalientes de todos los tiempos fue MEDEA.

Al parecer, untó a Jasón con ajo para que consiguiese uncir a los toros de Eetes de pezuñas de bronce y aliento de fuego.

Edwin Alverio (2011)

Pero MEDEA siempre tiene una cara oscura. Todos esos poderes suyos también los utilizó para deshacerse de su rival Creúsa. Con el mismo filtro mágico de AJOS con el que ayudó a Jasón, empapó un manto para la princesa corintia, igual que Deyanira con Hércules en aquel incidente de la túnica de Neso.

Después de perpetrar esta fechoría, se marchó volando en un carro de serpientes aladas, o puede que en un DRAGÓN, como nos ha contado Horacio.

En estos días de confinamiento y de distancia social, y puesto que no vamos a ser marginados por nuestro mal olor, qué mejor manera de empezar el día que con el

DESAYUNO DEL PASTOR

Tostadas con ajo y aceite de oliva

-Pedro, bien te quiero,

maguera vaquero.

Has tan bien baylado,

corrido y luchado,

que m’ has namorado,

y de amores muero.

-Alafé, nuestr’ama,

ya suena mi fama,

y aún pues, en la cama

soy muy más artero.

-No sé qué te diga.

Tu amor me fatiga;

tenme por amiga,

sé mi compañero.

-Soy en todo presto,

mañoso y dispuesto,

y en ver vuestro gesto

mucho más me esmero.

-Quiero que me quieras,

pues por mí te esmeras.

Tengamos de veras

amor verdadero.

-Nuestr’ama señora,

yo nací en buen ora.

Ya soy desde agora

vuestro por entero.

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