GOLIARDOS

GOLIARDOS

Salterio Evesham (s. XIII) BL Add MS 44874 (f.7v.)

INVITACIÓN Á AMIGA

1 Vén xa, miña doce amiga,
a quen coma o meu corazón amo.
Entra no meu cuarto
de todos os enfeites adobiado.
2 Alí están cadeiras acolchadas,
a casa cos tapices engalanada,
tamén flores por ela estradas
con herbas fragantes mesturadas.
3 Está alí a mesa aparellada
de toda clase de viandas cargada,
viño soberbio é alí abundante,
todo o que, miña querida, che aprace.
4 Alí soan doces tonadas
e as frautas de notas altas inchadas,
alí o doncel e a douta doncela
fermosas cantigas che cantan.
5 El co plectro tangue a cítara,
ela ca lira entoa unha melodía,
portan cálices os criados
cheos de vinos especiados.
6 Eu soa na foresta habitei,
os lugares afastados amei,
moi a miúdo a confusión esquivei
e da caterva da xente me escapei.
7 ……
…..que silente…..
…………………o tumulto
……moita xente.
7Ms. P
Xa a neve e o xeo se derreten,
as follas e a herba reverdecen,
canta xa no alto Filomela
na cova do corazón Amor alumea.
7Ms. V
Queridísima, non deas en tardar;
que facer o amor sexa o noso afán!
sen ti non poderei vivir:
convén co amor cumprir.
8 Non me aprace tanto a mesa
coma unha doce conversa,
nin de tantas cousas a abundancia
coma a sincera confianza.
9 De que serve, querida, delongar
o que así e todo logo se fará!
Fai axiña o que vaias facer,
por min atraso non has ter.
10 Vén xa agora, irmá amada,
e de todos……..estimada,
dos meus ollos luz clara
parte máis grande da miña alma.

Carmen XXVII

Inuitatio amicae

1.Iam dulcis amica uenito,
quam sicut cor meum diligo
<intra in cubiculum m>eum
ornamen<tis cunctisorna>tum.
2. Ibi sunt sedilia strata
atque uelis domus parata
floresque in domo sparguntur
herbeque flagrantes miscentur.
3. Est ibi mensa apposita,
uniuersis cibis honusta;
ibi clarum uinum habundat
et quidquid <te>, cara, delectat.
4. Ibi sonant dulces simphonie
inflantur et altius tibie,
ibi puer et docta puella
canunt <tibi> cantica pulchra.
5. H<ic cum> plectro cith<aram tan>git,
illa melos cum lira pangit,
portantque ministri pateras
pigmentatis p<oc>ulis plenas.
6. Ego fui sola in silua
et dilexi loca / secreta
fugique frequentius turbam
atque . . . . . plebis cateruam.
7. . s.p.l . . . . . . . . . . .
. . . que silenti . . . . . . .
. . . . . . . . . <t>umul<tum>
. . . . . . . populum <mu>ltum.
7 Ms. P
Iam nix glaciesque liquescit,
folium et herba uirescit,
philomela iam cantat in alto,
ardet amor cordis in antro.
7 Ms. V
Karissima, noli tardare;
studeamus nos nunc amare!
sine te non potero uiuere:
iam decet amorem perficere.
8. Non <me iuuat tantum con>uiuium
qu<antum predulce c>olloquium,
<nec rerum tantarum uber>tas
<ut>cara fam<iliaritas.>
9. Quid <iuuat differre, e>lecta,
que sunt <tamen post facienda?>
Fa<c cita,> quod eris <factura,>
<in me non est aliqua> mora.
10. <Iam nunc ueni, soror electa>
ac om . . . . . . . d<ilecta,>
lux mee clara pupille
<parsque maior anime mee.>
Textus:
The Cambridge Songs (Carmina Cantabrigiensia) Edited and translated by Jan M. Ziolkowski. Medieval & Renaissance Texts & Studies. Tempe, Arizona 1998.
Reconstrución de 7 Ms. P e 7 Ms. V de Peter DRONKE, falecido o 23 de abril de 2020.

CANCIONEIROS DOS GOLIARDOS

Cancioneiro de Cambridge

Cancioneiro de Arundel

Cancioneiro de Ripoll

Tradución, introdución e notas de Maite Jiménez Pérez

Rinoceronte editora 2020

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SHELLEY EN POMPEYA

SHELLEY EN POMPEYA

Basílica (Pompeya 1934)
I stood within the City disinterred;
And heard the autumnal leaves like light footfalls
Of spirits passing through the streets (…)
 Shelley, Ode to Naples

Percy Bysshe Shelley

Nápoles, 26 de enero de 1819

A Thomas Love Peacock

QUERIDO PEACOCK:

(…) Hemos estado viendo Pompeya, y ahora estamos esperando el retorno del tiempo primaveral para visitar primero Paestum y luego las islas. Después regresaremos a Roma.

Me he quedado impresionado con los restos de esta ciudad. No tengo conocimiento de que nada tan perfecto siga aún en pie. Mi idea de cómo fue destruída es la siguiente: primero, un terremoto la sacudió, arrancó la techumbre a casi todos sus templos y quebró sus columnas.; luego, cayó una lluvia de pequeños fragmentos livianos de piedra pómez; a continuación, un torrente de agua hirviendo mezclada con cenizas rellenó todas las grietas.

Sebastian Pether, La erupción del Vesuvio de 1825

Un amplio y achatado altozano, a partir del que la ciudad fue excavada, se halla ahora cubierto por tupidos bosques, y se pueden ver las tumbas, los teatros, los templos y las casas, rodeados por un inhóspito yermo.

Joseph Severn, Retrato póstumo de Shelley escribiendo «Prometeo liberado» (1845)

Entramos en la ciudad desde el lado que da al mar, y lo primero que vimos fueron dos teatros.

Porta Marina (años 20)

Uno es más grandioso que el otro, y está cubierto por las ruinas del mármol blanco que dio forma a sus asientos y cornisas, unas piezas robustas esculpidas con audacia. En el proscenio, entre el escenario y los asientos, está el espacio circular a veces ocupado por el coro. El escenario es muy estrecho, aunque largo, y separado de esta parte por un añadido en paralelo, supongo que para la orquesta. A cada lado están las tribunas de los cónsules. En el teatro de Herculano fueron encontrados debajo de estos asientos dos estatuas ecuestres de una calidad excepcional, que ocupaban el mismo espacio que las grandes lámparas de bronce del Teatro Real de Drury Lane.

Fotografía de Giorgio Sommer, Teatro trágico

Dicen que el teatro más pequeño era para las comedias, aunque tengo mis dudas. Sentado en sus asientos, se divisa un panorama de una belleza espectacular.

Giorgio Sommer

Luego, caminas por las viejas calles, muy estrechas, con casas bastante pequeñas, aunque todas construidas con un diseño excelente, muy apropiado para este clima.

Via Stabia (Giorgio Sommer 1868)

Las habitaciones dan a un patio, o a veces a dos, dependiendo de las dimensiones de la casa. En el medio hay una fuente, a veces rodeada por un pórtico de columnas estriadas de estuco blanco.

Casa del Fauno (Giorgio Sommer)

El pavimento está decorado con mosaicos. Algunos imitan hojas de vid, otros representan pintorescas figuras, más o menos bonitos dependiendo del rango de su propietario. Las casas tenían todas pinturas al fresco, pero la mayoría de ellas fueron arrancadas para decorar el Museo Real.

Memento mori (Museo Archeologico Nazionale di Napoli)

Aún quedan figurillas aladas y pequeños ornamentos de una elegancia exquisita. Hay una vida idílica en las formas de esas pinturas de un encanto inigualable, si bien la mayoría de ellas son evidentemente obra de artistas de talla muy inferior. Parece como si, en esta atmósfera de belleza ideal que los rodeaba, cada ser humano pudiera captar un esplendor que no le pertenecía.

Victoria alada (Casa dei Triclini)

En una de las casas puede verse cómo estaban decoradas las habitaciones: un pequeño diván de obra donde se colocaban los cojines.

Triclinio (Casa del Moralista)

Decoran la estancia dos frescos: uno que representa a Diana y Endimión,

Fresco de Selene y Endimión (Casa de los Dióscuros) MAN Napoli.

y el otro a Venus y Marte.

Casa de Marte y Venus

También hay un pequeño nicho, que alberga la estatua del dios del hogar.

Lararium (Giorgio Sommer)

El suelo está decorado con un rico mosaico de los mármoles más excepcionales, ágata, jade y pórfiro;  da a la fuente de mármol y a las columnas blancas como la nieve, cuyo entablamento cubre el suelo del pórtico que lo sustentaba.

Casa della Fontana Grande

Las casas tienen solo una altura, y los pisos, a pesar de que no son muy espaciosos, sí son muy altos. Esto tiene sus ventajas, absolutamente desconocidas en nuestras ciudades. Los edificios públicos, cuyas ruinas son ahora como un bosque de blancas columnas estriadas, y que soportaron en otro tiempo los entablamentos cargados de esculturas, se veían al completo desde los tejados de las casas. Esta era la excelencia de los antiguos. Sus gastos privados eran comparativamente moderados. Por ejemplo, la vivienda de uno de los principales senadores de Pompeya es verdaderamente elegante, y está adornada con las más hermosas piezas de arte, pero es pequeña.

Giorgio Sommer, Casa de Marco Lucrecio

Sin embargo, sus edificios públicos, de un diseño audaz y grandioso, se caracterizaron siempre por un derroche de fasto. Es maravilloso ver el número y la grandiosidad de los edificios públicos en la pequeña ciudad de Pompeya (tenía aproximadamente 20.000 habitantes).

Filippo Palizzi, Gli scavi di Pompei

Otra ventaja añadida es que, en este caso, no se aislaron del espectacular paisaje que los rodeaba, y que, a diferencia de los habitantes de las gargantas cimerias de las ciudades modernas, los antiguos pompeyanos podían contemplar las nubes y las luces del cielo, ver la luna alzarse por detrás del Vesuvio,  y ponerse el sol en el mar, trémulo en una atmósfera de vapor dorado, entre Inarime y Miseno.

El Golfo de Nápoles desde la Certosa di San Martino (Foto Maite Jiménez 2011)

Después vimos los templos.

Del Templo de Esculapio no queda nada excepto un altar de piedra negra adornado con una cornisa que imita las escamas de una serpiente. Se encontró su estatua de terracota en la cela.

Templo de Asclepio

El Templo de Isis está más logrado. Está rodeado por un pórtico de columnas estriadas, y en el espacio circundante hay dos altares, muchos pedestales de estatuas y una pequeña capilla de estuco blanco tan duro como la piedra y de proporciones exquisitas.

Templo de Isis (Giorgio Sommer)

Sus paneles están adornados con bajorrelieves poco visibles, pero de la factura más delicada y perfecta que se pueda concebir. Son de tema egipcio, ejecutadas por un artista griego, que armonizó todas las extravagancias antinaturales de la idea original con el sobrenatural encanto de su genio nativo. Apenas tocan el suelo con sus pies, y sus túnicas levantadas al viento parecen alas.

Afrodita anadiomene (Templo de Isis) MAN Napoli

El templo que está en el medio se levantaba sobre una plataforma alta, accesible gracias a unos escalones, y estaba decorado con exquisitos frescos. Algunos de ellos los vimos en el Museo de Portici. Es pequeño, de los mismos materiales que la capilla, con pavimento de mosaico y columnas jónicas estriadas de estuco, tan blancas que cuando las miras te deslumbran.

El descubrimiento del Templo de Isis (Pietro Fabris 1776)

Desde allí, a través de otros pórticos y laberintos de muros y columnas (no puedo detallarte todo), llegamos al Foro.

Curzando la Basílica hacia el Foro (2 de febrero de 1924)

Consiste en una amplia plaza rodeada por prominentes pórticos de columnas estriadas, algunas rotas, otras enteras, cuyos entablamentos están esparcidos a sus pies.

El templo de Júpiter, el de Venus, otro templo más, el Tribunal y el Palacio de Justicia con su bosque de espigadas columnas lo rodean.

Templo de Apolo (1939)

Dos pedestales o altares de un tamaño enorme (el guía no supo decir si sustentaban estatuas ecuestres o eran los altares del Templo de Venus ante el cual se sitúan) ocupan el extremo inferior del Foro.

Templo de Venus (Giorgio Sommer)

En el extremo superior, construido sobre una plataforma, se alza el Templo de Júpiter.

Templo de Júpiter (Giorgio Sommer)

Nos sentamos debajo de la columnata de su pórtico, sacamos naranjas, higos, pan y nísperos (¡Cuánto lo siento! –dirás tú) y descansamos para comer. Fue un magnífico espectáculo. Por encima y a través de los numerosos ejes de las columnas se veía el mar, que reflejaba el cielo color púrpura del mediodía y sobre su silueta, por así decirlo, las altas y oscuras montañas de Sorrento, de un infefable azul oscuro, teñidas en las cumbres de vetas de nieve recién caída. En el medio, una pequeña isla verde; a la derecha, Capri, Inarime, Prócida y Miseno. Detrás estaba la única cumbre del Vesuvio, que arrojaba una gran cantidad de espeso humo blanco, como una columna de espuma que a veces hería el claroscuro del cielo y caía deshecha en pequeñas estrías al viento. Entre el Vesubio y las montañas más cercanas, como a través de un abismo, se veía por el este la línea principal de los Apeninos más altos. El día era radiante y cálido. De vez en cuando oíamos el estruendo subterráneo del Vesuvio. Sus lejanos y profundos redobles parecían sacudir el propio aire y la luz del día, penetrando en nuestros cuerpos con su sonido lúgubre y terrible. Esta escena fue la que vieron los griegos (Pompeya, como sabes, era una ciudad griega). Vivían en armonía con la naturaleza, y los instersticios de sus incomparables columnas eran portales, por así decirlo, que recibían el espíritu de la belleza que animó a los que, inspirados por ella, fueron a visitar este glorioso universo.

Nápoles (Giorgio Sommer)

Si Pompeya es así, ¿qué era Atenas?¿Qué panorama se veía desde la Acrópolis, desde el Partenón y desde los templos de Hércules, de Teseo y de los Vientos? ¿Las islas y el Mar Egeo, las montañas de la Argólida, las cumbres del Pindo y el Olimpo entreveradas con la oscuridad de los bosques de Beocia?

Turistas en el Partenón (ca. 1860)

Desde el Foro fuimos a otro sitio, a un pórtico triangular, que medio cerraba las ruínas de un enorme templo construído en los acantilados de una colina que da al mar. En el vértice del triángulo se alzan un altar y una fuente, y delante del altar una vez estuvo la estatua del constructor del pórtico. Aquí dimos la vuelta y recorriendo la Via Consularis llegamos a la Puerta Este de la ciudad.

Firmin Eugène Le Dien (ca. 1950)

Las murallas son muy robustas y miden tres millas. Traspasando la Puerta, a cada lado de la vía están las tumbas. ¡Qué diferentes a las nuestras!. Parecen no tanto escondites para lo que ha de perecer, sino lujosas cámaras para espíritus inmortales. Son de un mármol blanco brillante y hay dos especialmente hermosas, que están repletas de bajorrelieves exquisitos. En la pared de estuco que las encierra, hay unas emblemáticas figurillas en relieve hundido de animales muertos o en trance de muerte, de geniecillos alados, y grupos de mujeres que se inclinan para algún rito fúnebre. De los altorrelieves, uno representa una escena marina y el otro una Bacanal. Dentro de la cela están las urnas funerarias, a veces solo una, otras veces más. Dicen que se encontraron frescos en su interior, que, como todo lo que se puede extraer en Pompeya, se ha retirado y desperdigado por los Museos Reales.

Giorgio Sommer

De todo lo que vimos, lo que más nos impresionó fueron estas tumbas. Bosques agrestes las rodean por ambos lados, y a lo largo de las anchas losas de las vías pavimentadas que las separan, se oyen temblar y susurrar las últimas hojas del otoño arremolinadas por ráfagas de viento intermitentes, como si fuesen pasos de fantasmas. El brillo y la magnificencia de estas moradas de los muertos, la cándida frescura del mármol recién esculpido y la vida apasionada o extravagante de las figuras que las adornan contrastan curiosamente con la simplicidad de las casas de quienes estaban con vida cuando el Vesuvio los aniquiló.

Necrópolis de la Puerta del Vesuvio

He olvidado el anfiteatro, que es de grandes dimensiones, aunque mucho más pequeño que el Coliseo.

Giorgio Sommer

Ahora entiendo por qué los griegos fueron unos poetas tan grandes y sobre todo me parece que puedo explicar la armonía, la unidad, la perfección y la excelencia homogénea de todas sus obras de arte. Vivieron en un intercambio constante con la naturaleza circundante y se nutrieron del espíritu de sus formas. Todos sus teatros se abrían a las montañas y al cielo. Sus columnas, modelos ideales de un bosque sagrado, con su techumbre de entretejida tracería, recibían la luz y el viento. El aroma y la frescura del campo penetraba en sus ciudades. La mayoría de sus templos eran hipetros, y las nubes errantes, las estrellas o el cielo profundo se veían encima. ¡Ay! Si no fuera por ese rosario de miserables guerras que finalizaron con la conquista del mundo por Roma; si no fuera por la religión cristiana, que dio el golpe de gracia al mundo antiguo; si no fuera por aquellos cambios que llevaron a Atenas a la ruina, ¡a qué cotas habría llegado la Humanidad!.

Traducción Maite Jiménez (junio 2020)

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NADA EN EXCESO

NADA EN EXCESO

Herbert List
πολλὰ τὰ δεινὰ κοὐδὲν ἀνθρώπου δεινότερον πέλει (…)
καὶ φθέγμα καὶ ἀνεμόεν φρόνημα καὶ ἀστυνόμους
ὀργὰς ἐδιδάξατο (…)
παντοπόρος: ἄπορος ἐπ᾽ οὐδὲν ἔρχεται
τὸ μέλλον: Ἅιδα μόνον φεῦξιν οὐκ ἐπάξεται:
νόσων δ᾽ ἀμηχάνων φυγὰς ξυμπέφρασται.
(Sófocles, Antígona 332ss)
Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna más portentosa que el hombre (…)
Y por sí mismo ha aprendido la palabra y el pensamiento, rápido como el viento,
y las formas que ordenan la vida en común (…)
Recursos tiene para todo. Sin recursos en nada se aventura
al porvenir. Solo de la muerte no podrá escapar:
pero sí ha discurrido cómo huir de las inevitables enfermedades.
Auriga de Delfos (detalle) Foto Maite Jiménez 2019

Hace algunos años publiqué en este mismo sitio una entrada titulada CUERPOS HERMOSOS, PENES PEQUEÑOS. Desde entonces, cada vez que entraba en la página como administradora del blog, contemplaba atónita las palabras que se habían usado para la búsqueda y el número escandaloso de comentarios spam allí registrados, todos ellos de contenido extraño, desde pederastia a viagra. Estoy segura de que mi blog fue con frecuencia el destino de búsquedas de contactos y páginas porno a cuenta de este título. ¡Qué decepción habrán sufrido tantos visitantes, ávidos de encontrar a efebos con penes pequeños!.

Decidida otra vez a hablar del tema, he eliminado el post anterior y he cambiado su título. También el contenido ha sido actualizado, producto de una renovada reflexión.

Herbert List

En los muchos años que llevo enseñando lenguas clásicas, no ha habido clase que no me haya hecho la misma pregunta:

“Profe, ¿por qué las estatuas griegas tienen los penes tan pequeños?”.

Esta pregunta no es producto de la tormenta hormonal de mis estudiantes, sino de su agudeza. No es una cuestión baladí la que plantean mis pupilos año tras año.

Sí lo es esta otra:

“¿Por qué las estatuas griegas no tienen brazos?”, una sandez que ellos no formulan, porque son bastante más avispados que los cenutrios que se preguntan si la pobre Venus de Milo fue concebida así.

Dice la internet que entre los varones europeos avanza el llamado síndrome del vestuario. Los hombres que deben desnudarse en compañía de otros piensan siempre que su pene es más pequeño que el de los demás, y por eso no cesan de compararse con los ejemplares de su mismo sexo.

Culturalmente la virilidad se ha asociado al tamaño del pene. Los expertos aseguran que esta idea no tiene fundamento funcional. En el proceloso mar del placer sexual el tamaño no importa…o sí.

La zozobra invade a los hombres cuando contemplan sus miembros viriles después del esfuerzo deportivo, del agua fría de la natación o en estados de tristeza y desgana. Sus dimensiones han cambiado.

Cada vez que tengo la fortuna de visitar el Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas, me sobrecoge la sonrisa pilla del llamado JINETE RAMPIN. Este muchacho, perteneciente a la jeunesse dorée ateniense pre-democrática, es un atleta vencedor, bello y elegante.

A diferencia de aquellos jóvenes que lucharon contra el Terror tras la Revolución Francesa, no exhibe ropajes elegantes y sofisticados perfumes para reprobar a los terribles jacobinos.

La fresca belleza de su cuerpo desnudo que va a iniciar una carrera a caballo resume toda la nostalgia del momento feliz y efímero de la juventud, ese instante entre la niñez y la madurez que solo dura un suspiro.

Foto Nuevo Museo de la Acrópolis (Atenas)

Sonríe con el mohín de insatisfacción de un adolescente, sonríe porque está lleno de Χάρις, porque es consciente de su destino, porque está seguro de su ἀρετή y comunica un extraño bienestar.

Es joven, inteligente, perspicaz, con tiempo para sí mismo. Por eso tiene un esclavo que le peina los cabellos en bucles.

Su sonrisa lo distancia del común de los mortales, de los quehaceres de lo cotidiano, del aburrimiento del que trabaja.

Bendecido con el aliento de los dioses, está vivo, en armonía.

Foto

Cerca del Caballero Rampín está el tierno EFEBO DE CRITIOS, crucial en la historia de la estatuaria, según dicen los historiadores del arte.

Sin embargo, parece que su pene diminuto no combina nada bien con el esplendor de sus músculos, con su magnífica cresta ilíaca y sus asentados hombros.

Es un maniquí viril, lleno de sofrosine platónica, de templanza ática, equilibrio y proporción, si no fuera por su miembro viril.

Foto Nuevo Museo de la Acrópolis (Atenas)

Los efebos de los museos han competido, han ganado en el ἀγών deportivo, han sido coronados de olivo y su victoria significa transmitir su éxito personal a la comunidad.

Así lo expresó Aristóteles:

τῆς μὲν γὰρ ἀρετῆς καὶ τῆς εὐεργεσίας ἡ τιμὴ γέρας
(Ét. Nic. 1163b)

El honor es el trofeo de la virtud y del bien hacer.

Discóbolo. Palazzo Massimo alle Terme, Roma. (Foto Javier Rodríguez 2015)

Para estos varones, la ἀρετή, la excelencia moral, no se concibe sin el reconocimiento, conseguido en ese ensemble que es el ἀγών : religión, sacrificio, juego, comunidad, sociedad, honor, trascendencia.

Los atletas, efebos y κουροῖ griegos, así como todos los bellos varones europeos que pueblan desnudos los museos, se diferencian de los bárbaros que los rodean.

Los griegos se distinguen de los persas, para quienes la desnudez es vergonzosa.

Son esos persas que se inclinan sumisos ante su todopoderoso soberano en rigurosa fila india en Persépolis.

Apadana del palacio de Darío en Persépolis.

Por el contrario, los jóvenes atenienses de Fidias cabalgan desnudos, charlan entre ellos, se agolpan en la procesión de las Panateneas, llenos de vida y de desenfado.

Su cuerpo expresa valores colectivos.

Museo Británico

Muchos turistas orientales, ocultos tras el ojo polifémico de su cámara, fotografían al bello HERMES DE PRAXÍTELES en Olimpia con ansiedad, pero a duras penas pueden mirarle cara a cara y recorrer su cuerpo sin defectos sin sentir un punto de vergüenza.

Es la estrella del museo y disfruta de una estancia para él solo estupendamente iluminada, una sala para caminar o sentarse en el suelo y gozar del espectáculo. Muy pocos de esos visitantes dan la vuelta por detrás para admirar sus nalgas perfectas y su sugerente contrapposto. Creo que al ver su carne tan resplandeciente, los invade cierta incomodidad.

Uno de los hombres más bellos de la Historia del Arte es este atleta que se ciñe la diadema. Sus copias pueblan los museos europeos. El DIADÚMENOS de POLICLETO ha buscado el honor, no como meta, sino como camino para convencerse de su propio valor.

Su gesto parece decir: el juego debe terminar.

Ha terminado la adolescencia, he crecido, soy un hombre.

Diadúmenos. Museo Arqueológico de Atenas (Foto Maite Jiménez 2019)

Cuerpos desnudos, divinas proporciones, penes pequeños.

Los bellos efebos no muestran su glande, aunque no cubren sus cuerpos, porque hablan de tú a tú con la divinidad, mostrándole abierta y libremente lo perecedero del cuerpo.

Están seguros de que los dioses son como ellos.

Auriga de Delfos (detalle) Foto Maite Jiménez 2019

Lejos, en las cumbres de las montañas, en lugares prohibidos, una vez al año y en secreto, se rompe la idealización del cuerpo humano y también la proporción.

Son los RITUALES DEL INSTINTO, donde sátiros, faunos y seres dionisíacos sin control muestran con orgullo salvaje sus enormes penes erectos y sus violentas pasiones.

Estas figurillas también están en los museos, pero no ocupan los espacios centrales, sino que se han recogido en populosas vitrinas, al lado de los objetos cotidianos, donde vive la artesanía: lucernas, espejos, juguetes, estatuillas votivas y demás enseres domésticos.

Son las pasiones secretas de los seres que han dado rienda suelta a los excesos más inconfesables y por ello carecen de contención, de mesura, templanza y virtud.

Sátiro del pintor Epicteto procedente de Vulci, s. VI a.C. (BNF, Gabinete de las medallas)

Inevitablemente, cuando vemos el cuerpo hecho mármol de dioses y  hombres, pensamos, igual que Nietzsche, en Apolo, en la mesura y en el arte de la música, el alma de las cosas.

Koré del Peplo (Nuevo Museo de la Acrópolis, Atenas)

Frente a él se encuentra Dionisos, desmelenado y excesivo, todo instinto y naturaleza salvaje, la pulsión de la generación y también la vida en todo su esplendor.

Dionisos en el frontón este del Partenón (Museo Británico)

Parece ser que el sabio de los Siete Sabios Quilón de Esparta escribió en el templo de Apolo en Delfos esta máxima:

μηδὲν ἄγαν

NADA EN EXCESO

Esto lo cuentan Critias y Aristóteles. Otros se la atribuyen a Solón de Atenas.

Apolo del Templo de Zeus en Olimpia (Foto Maite Jiménez 2019)

Al parecer, para un griego la medida era lo mejor. No sin motivo Tales de Mileto medía la sombra de las pirámides.

En cualquier caso, todas aquellas palabras escritas en el pórtico de Delfos tienen mucho valor, según dijo el viajero Pausanias.

ἐν δὲ τῷ προνάῳ τῷ ἐν Δελφοῖς γεγραμμένα ἐστὶν ὠφελήματα ἀνθρώποις ἐς βίον (…) οὗτοι οὖν οἱ ἄνδρες ἀφικόμενοι ἐς Δελφοὺς ἀνέθεσαν τῷ Ἀπόλλωνι τὰ ᾀδόμενα Γνῶθι σαυτὸν καὶ Μηδὲν ἄγαν.

(Pausanias, X, 24)

En la pronaos de Delfos están escritas unas frases útiles para la vida de los hombres (…). En efecto, estos sabios, al llegar a Delfos, dedicaron a Apolo estas máximas:

CONÓCETE A TI MISMO

y

NADA EN EXCESO

Herbert List

 

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